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Relato breve.

25/07/2014

La Sombra Humana

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El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido

 

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara, en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara decidió tomarse un café bien cargado esa mañana, iba a ser duro su trabajo. Había decidido estudiar psicología porque le encantaba escuchar y estar en contacto con la gente. De pequeña observaba a las personas y veía en ellas cosas que otros no eran capaz de descubrir.

Había dejado los informes en el despacho de su jefe la noche anterior, y por la mañana más bien entrar vio la lista de los despidos en su mesa.

Clara había trabajado en una consulta propia, pero el alquiler del local era bastante caro para lo que ella ganaba con sus pacientes así que tuvo que dejarlo, en casa no podía llevar gente ya que allí se encontraban sus padres y sus dos hijos pequeños. Estaba separada de su marido, y la crisis la había obligado a acudir a casa de sus padres, la vida estaba siendo dura, pero debía sacar a su familia adelante, sus padres mayores, cobraban una pensión que no les llegaba para mucho.

Muchas veces Clara se encontraba sola y triste, abandonada y acosada por las obligaciones y la responsabilidad.
Consiguió trabajo en una empresa de telecomunicaciones, primero la asignaron en la selección de personal, luego pasó a la administración de expedientes y diferentes formaciones. Más tarde llegó lo que tanto se temía, una reestructuración de la empresa que obligaba a desarrollar un plan de despidos. Le asignaron la tarea de informes de personal con el consecutivo despido. No podía creerlo, decirle a la gente que se quedaba sin trabajo y que pasarían a formar parte de la cola de desempleo era algo muy desagradable y sobre todo cuando no estaba de acuerdo con la política de la empresa.

-¿Susana Liendo?-

– Soy yo- contestó una voz tímida.

-Ven conmigo al despacho, ¿por favor?-

Susana dejó los papeles sobre su box, colgó el teléfono, y se dirigió al despacho de recursos humanos, sabía lo que le esperaba, lo presentía. Al entrar sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo, los vellos de su brazo se pusieron de punta.

-Siéntate por favor, hemos estado evaluando tu rendimiento a lo largo de este último semestre y cómo se ha notificado la empresa esta reestructurándose…
Sin dejarla acabar Susana rompió a llorar. Se tapó el rostro con la mano, no quería mirarla a los ojos.

-Soy el único sustento en mi familia sabe. Con mi sueldo comemos cinco personas, y un bebé. ¿Qué voy a hacer ahora?, ¿cómo le explico a mis hijos que no desayunarán o no cenarán porque no puedo alimentarlos?

-Lo siento mucho, sé a lo que se refiere, yo mantengo una familia también, pero no son decisiones mías, es política de la empresa.

-Puedo mejorar, puedo vender más, puedo intentarlo, por favor necesito este trabajo- Rogaba mientras sollozaba.

-Lo siento Susana, no son órdenes mías, es de arriba de dónde me indican el personal con el que debo hablar-

Clara intentaba excusarse, sabía que ella no tenía la culpa pero se sentía mal, porque conocía la situación, lo vivía en carne propia. Ella simplemente era una superviviente más en este mundo.

Susana salió del despacho con un clínex en la mano, estaba triste y abrumada, con la indemnización le alcanzaría para pasar un par de meses, debía encontrar algo rápido. Decidió no contarlo a su familia, no quería preocuparlos. Miró a sus compañeros y al sentarse en su silla, escucho a Clara decir:

-¿Sergio Gómez?, lo buscó con la mirada, tal vez intentando transmitirle compasión y fuerza, él agachó la cabeza y se dirigió al despacho.

La mañana fue muy dura, estaba destrozada, se encontraba descompuesta, inestable, al subir las escaleras hacia el segundo piso tubo que sujetarse de la barandilla porque las piernas le temblaban.

–       Hola mamá, te estábamos esperando, la abuela hizo macarrones con tomate y tengo mucha hambre. Luis era muy cariñosos con su madre, nada más llegar la abrazaba y la llenaba de besos.

–       Bueno, entonces antes de qué mueras de hambre, me refresco y nos sentamos a la mesa.

Clara a penas probó bocado, decidió que se recostaría un rato para intentar descansar, despejarse y olvidar un poco la situación. Más tarde debía ir a realizar los informes para el día siguiente.

Se acostó y mirando hacia el techo pensó en Susana. Cerró los ojos y lentamente fue conciliando el sueño.

Al bajar del coche en el aparcamiento notó que tenía una raya nueva, o al menos ella no se había percatado de ello, le paso la mano intentando borrarla pero fue imposible. Pensó que en algún momento lo habría rozado con algo sin darse cuenta.

Subió al despacho y buscó los expedientes que le habían asignado desde recursos humanos para ese día, debía analizarlos y realizar un informe con los parámetros de ventas anuales, antigüedad, rendimiento, entre otros. No se sentía concentrada, el primer día de notificación al personal la había dejado en shock, ella sabía controlar sus sentimientos, pero estaba conmocionada, en el fondo se sentía culpable.

Miró el reloj de pared en la oficina, marcaba las nueve, le faltaba cerrar unos últimos datos e imprimir los informes.

El personal ya había abandonado la central, su despacho era el único con luz encendida. Dejó los informes a su jefe y bajó las escaleras con prisa. Se había hecho demasiado tarde. El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido, miró hacia los lados y no había nadie, con cada paso giraba su cabeza tratando de abarcar el máximo de espacio posible, no se veía nada ni a nadie.

Cuando de repente sintió un fuerte golpe en la cabeza, cayó desplomada al suelo, su cabeza vibraba y su vista era borrosa. Alcanzó a notar una figura humana frente a ella, tenía la cara cubierta, iba vestido de negro.

-¿Qué es lo que quiere? No tengo dinero.

– Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya.

– No sé de lo que me habla- Clara intentaba recomponerse sentándose. El miedo y la incertidumbre se habían apoderado de ella.

– La sombra humana sacó un arma y dispuesto a disparar le dijo: -lo siento-

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso, podía moverse lentamente, se tocó el hombro y vio cómo brotaba sangre, intentó taparlo presionando, el dolor la hizo gemir.

Necesitaba ayuda, estaba asustada pero a la vez viva, ahora lo entendía, ¿era una venganza o una advertencia?

Pudo caminar débilmente hacia la salida, la ayuda no tardó en venir.

La bala se introdujo en el hombro, no afectó ningún órgano vital, cuando se recuperó presentó su dimisión y fundó una asociación para ayudar a víctimas de la reestructuración laboral. Conoció el amor y se volcó en su trabajo como psicóloga de manera voluntaria en zonas precarias.

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

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