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Relato breve.

29/12/2014

La Torre

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Alma negra llena de Dolor

La torre

La torre

El corazón se me desgarró en el instante en que escuché su voz, era inconfundible, ronca áspera, en tono grave, siempre imponiendo autoridad, no podía enfrentarlo, le temía, el miedo inundaba mi pecho llenándolo de un dolor intenso, un nerviosismo que se mezclaba con un temblequeo en el cuerpo que en ocasiones parecía que me iba a desvanecer frente a la puerta.

El Castillo era grande, siempre le habían gustado los lujos, así que se compró un castillo, estaba alejado de todo, en las afueras de la ciudad, el parque que lo rodeaba era inmenso y espectacular, con un pequeño lago rodeado de árboles que a su alrededor tenía bancos para tomar el sol de primavera. Los miraba desde la ventana en lo alto de la torre, el sol reflejaba sus rayos en el césped verde que volvía su color aún más intenso.

Las habitaciones eran grandes y espaciosas, lujosas, con mucho estilo y arte, los mejores diseñadores habían cruzado esas paredes improvisando, moldeando y creando grandes diseños dignos de observación y encanto. Un Picasso, un Dalí, las obras de arte magnificas que rodeaban el salón volvían irresistible el cruzar sus pasillos.

Entre tanto encanto, cultura y derroche de estilo se ocultaba una puerta oscura, estaba segura que era la del infierno, tal vez había muerto y mi lugar era allí, o tal vez estaba viva, y mi vida era un infierno, era graciosos pensarlo, últimamente la realidad ya no formaba parte de mi entorno, todo era irreal y aterrador.

El pánico había marcado mis huesos, encorvada y con los puños cerrados mi cuerpo no era el de antes, los años habían pasado y casi no me reconocía. Una vez me escapé, tomé mucho valor para hacerlo, pude llegar hasta una de las habitaciones de la primera planta, era de color rosado tenía un espejo grande enfrente de la cama, camine hasta ponerme frente a él con los ojos entreabiertos, cuando miré aquel rostro envejecido, triste y demacrado no pude ver a Carla, esa adolescente, con el pelo rizado y los ojos verdes, sonriente y entusiasta. El impacto fue grande, más grande fue el castigo cuando me hallaron inmóvil, tratando de hablar con esa desconocida.

No debía desobedecer, se pagaba caro, con el tiempo te acostumbras, las pesadillas cesan, y la fuerza de voluntad también, las ganas de luchar desaparece y sólo queda el miedo a que llegue la noche.

Se podían ver hermosos amaneceres desde la torre, ésta no estaba decorada con grandes pinturas ni espectaculares libros, no estaba pintada de rosa y tampoco tenía enormes espejos. Era mi torre, creo que después de treinta años aquí, podía decir que era mía, digo treinta años pero es un cálculo aproximado, no se en que año estamos, ni qué día, ni la hora, sólo sé, cuando amanece y cuando se oculta el sol.

Al principio intentaba controlar el tiempo, llevar un cálculo, pero fue inútil, no pude hacerlo. Sofía me dio un libro una vez, lo leí tantas veces que puedo recordarlo casi de memoria, sentía que los personajes de aquella historia formaban parte de mi vida, los podía adoptar como familia. En escondidas lo leía una y otra vez, era una historia de batallas y los que ganaban eran los más fuertes, los que nunca bajaban los brazos, ese libro me dio fuerzas para luchar los primeros años, pero luego lentamente fue perdiendo su efecto.

En un descuido de Sofía, una tarde en la que estaba agobiada e indispuesta, saqué de su maleta papel y un bolígrafo, lo guardé como un tesoro, no podía desaprovechar ni un centímetro de hoja y ni una gota de tinta, tenía tanto para decir, al principio me costó intentar escribir, había perdido la práctica, intentaba copiar las letras de aquel libro.

Comencé a escribir contra la puerta, de espaldas, encorvada en el suelo, si se acercaban a la ventana no podrían verme, ya tengo el oído agudo y escucho perfectamente los pasos, hasta el aliento cuando se acercan a unos metros de la puerta. Por fin tenía algo mío, algo que me pertenecía, una palabra, un dialogo, un signo.

Y comencé a escribir como pude y cuando pude, a veces el dolor en el cuerpo no me permitía colocarme en una posición evitando ser descubierta, otras veces el amanecer era cálido y me daba fuerzas para intentarlo.

Alma negra, llena de dolor,

cargada de llanto, sin consolación.

Testigo de pena y de rencor,

aborrecida de la vida y de su esplendor.

Sonrisa apagada, morado era su color,

Ojos tristes sin resplandor.

Desde una torre podía ver el sol,

pero nunca sentirlo en su corazón.

Alma negra llena de dolor,

alcanza las nubes en su elevación,

sobre una estrella posar fue su intensión.

Aquella noche la aflicción se despidió,

para en un nuevo día volver a ver salir el sol.

Sus pasos al caminar eran característicos como su voz, mi corazón palpitaba sin parar, la puerta se abrió, su rostro oscuro y envejecido se posó a mi lado, ya sabía lo que pasaría pero no podía parar de temblar, de repente el día se volvió oscuro, se llenó el cielo de nubes, una fuerte tormenta se desató.

La torre

La torre

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