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Relato breve.

29/12/2014

La Torre

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Alma negra llena de Dolor

La torre

La torre

El corazón se me desgarró en el instante en que escuché su voz, era inconfundible, ronca áspera, en tono grave, siempre imponiendo autoridad, no podía enfrentarlo, le temía, el miedo inundaba mi pecho llenándolo de un dolor intenso, un nerviosismo que se mezclaba con un temblequeo en el cuerpo que en ocasiones parecía que me iba a desvanecer frente a la puerta.

El Castillo era grande, siempre le habían gustado los lujos, así que se compró un castillo, estaba alejado de todo, en las afueras de la ciudad, el parque que lo rodeaba era inmenso y espectacular, con un pequeño lago rodeado de árboles que a su alrededor tenía bancos para tomar el sol de primavera. Los miraba desde la ventana en lo alto de la torre, el sol reflejaba sus rayos en el césped verde que volvía su color aún más intenso.

Las habitaciones eran grandes y espaciosas, lujosas, con mucho estilo y arte, los mejores diseñadores habían cruzado esas paredes improvisando, moldeando y creando grandes diseños dignos de observación y encanto. Un Picasso, un Dalí, las obras de arte magnificas que rodeaban el salón volvían irresistible el cruzar sus pasillos.

Entre tanto encanto, cultura y derroche de estilo se ocultaba una puerta oscura, estaba segura que era la del infierno, tal vez había muerto y mi lugar era allí, o tal vez estaba viva, y mi vida era un infierno, era graciosos pensarlo, últimamente la realidad ya no formaba parte de mi entorno, todo era irreal y aterrador.

El pánico había marcado mis huesos, encorvada y con los puños cerrados mi cuerpo no era el de antes, los años habían pasado y casi no me reconocía. Una vez me escapé, tomé mucho valor para hacerlo, pude llegar hasta una de las habitaciones de la primera planta, era de color rosado tenía un espejo grande enfrente de la cama, camine hasta ponerme frente a él con los ojos entreabiertos, cuando miré aquel rostro envejecido, triste y demacrado no pude ver a Carla, esa adolescente, con el pelo rizado y los ojos verdes, sonriente y entusiasta. El impacto fue grande, más grande fue el castigo cuando me hallaron inmóvil, tratando de hablar con esa desconocida.

No debía desobedecer, se pagaba caro, con el tiempo te acostumbras, las pesadillas cesan, y la fuerza de voluntad también, las ganas de luchar desaparece y sólo queda el miedo a que llegue la noche.

Se podían ver hermosos amaneceres desde la torre, ésta no estaba decorada con grandes pinturas ni espectaculares libros, no estaba pintada de rosa y tampoco tenía enormes espejos. Era mi torre, creo que después de treinta años aquí, podía decir que era mía, digo treinta años pero es un cálculo aproximado, no se en que año estamos, ni qué día, ni la hora, sólo sé, cuando amanece y cuando se oculta el sol.

Al principio intentaba controlar el tiempo, llevar un cálculo, pero fue inútil, no pude hacerlo. Sofía me dio un libro una vez, lo leí tantas veces que puedo recordarlo casi de memoria, sentía que los personajes de aquella historia formaban parte de mi vida, los podía adoptar como familia. En escondidas lo leía una y otra vez, era una historia de batallas y los que ganaban eran los más fuertes, los que nunca bajaban los brazos, ese libro me dio fuerzas para luchar los primeros años, pero luego lentamente fue perdiendo su efecto.

En un descuido de Sofía, una tarde en la que estaba agobiada e indispuesta, saqué de su maleta papel y un bolígrafo, lo guardé como un tesoro, no podía desaprovechar ni un centímetro de hoja y ni una gota de tinta, tenía tanto para decir, al principio me costó intentar escribir, había perdido la práctica, intentaba copiar las letras de aquel libro.

Comencé a escribir contra la puerta, de espaldas, encorvada en el suelo, si se acercaban a la ventana no podrían verme, ya tengo el oído agudo y escucho perfectamente los pasos, hasta el aliento cuando se acercan a unos metros de la puerta. Por fin tenía algo mío, algo que me pertenecía, una palabra, un dialogo, un signo.

Y comencé a escribir como pude y cuando pude, a veces el dolor en el cuerpo no me permitía colocarme en una posición evitando ser descubierta, otras veces el amanecer era cálido y me daba fuerzas para intentarlo.

Alma negra, llena de dolor,

cargada de llanto, sin consolación.

Testigo de pena y de rencor,

aborrecida de la vida y de su esplendor.

Sonrisa apagada, morado era su color,

Ojos tristes sin resplandor.

Desde una torre podía ver el sol,

pero nunca sentirlo en su corazón.

Alma negra llena de dolor,

alcanza las nubes en su elevación,

sobre una estrella posar fue su intensión.

Aquella noche la aflicción se despidió,

para en un nuevo día volver a ver salir el sol.

Sus pasos al caminar eran característicos como su voz, mi corazón palpitaba sin parar, la puerta se abrió, su rostro oscuro y envejecido se posó a mi lado, ya sabía lo que pasaría pero no podía parar de temblar, de repente el día se volvió oscuro, se llenó el cielo de nubes, una fuerte tormenta se desató.

La torre

La torre

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Relato breve.

10/07/2014

Tormenta de Nieve

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Abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

La familia López siempre iban unidos a todos los sitios, era parte de su rutina para los fines de semanas, a Marcos lo habían criado así, y él había hecho lo mismo con sus hijos. Adoraba cuando estaban todos juntos cenando, comentando que tal había ido el día, ¿cómo se habían levantado, Trini y Lucas?, ¿qué habían hecho en el  colegio? y si necesitaban ayuda con algún ejercicio de matemáticas. Siempre pendiente de sus hijos y de su mujer, Marcos, dedicaba su vida a trabajar y a buscar la forma de hacer una vida divertida y feliz en familia.

Todo iba bien hasta que sonó el timbre de la casa.

-¿Esperamos a alguien y no me has dicho nada Cristina?- dijo Marcos al levantarse y caminar hacia la puerta.

-Yo no espero a nadie- pregunta quién es antes de abrir-

Trini y Lucas entre miradas cómplices, se reían y hasta en un descuido de Cristina se arrojaban migas de pan a la cara.

-¿Quién es? – Con vozarrón grave, preguntó Marcos, tratando de mostrar su hombría a través del sonido cerrado que emitían sus cuerdas vocales que hacían imaginar un hombre fuerte, musculoso, con espalda ancha, manos grandes y pecho bien formado debido al ejercicio diario, pero esa era una realidad que él mismo creaba en su mente, su cuerpo era más bien, delgado, con ojos hundidos, algo encorvado, piernas largas y delgadas, nariz recta y poco pelo, pese a sus tratamientos contra la alopecia en su cabello las entradas de su frente y la calvicie asomaban sin remedio.

-La policía Señor López, abra la puerta, necesitamos hablar con usted un momento- se escuchó del otro lado de la puerta, su voz en la imaginación de Marcos hizo pensar en alguien gordo, bajito, arrogante y de esas personas que llegan a la hora de la cena sin avisar y se sientan a comer así sin más.

La cara de incógnita de Marcos se reflejaba en las arrugas de su frente y la mueca que hacía con sus labios.

– Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

A los dos segundos de desbloquear la puerta sin apenas haber girado el manillar, marcos cayó al suelo del empujón que le dieron al entrar, alcanzó a perder el conocimiento unos segundos, no entendía que estaba pasando quiénes eran, qué querían, se llenó de preguntas que no salían de su boca, solo estaban en su cabeza, y ni si quiera se había dado cuenta. Miró a Cristina rápidamente, los ojos de ella pedían auxilio a la vez de que trataba de observar todo para maniobrar.

Cristina siempre había sido muy inteligente, y si bien no era su mayor virtud, era manipuladora, sabía dar vuelta la tortilla para salir beneficiada y que la culpa siempre cayera en el otro, era su forma de ser, hasta en ocasiones lo hacía sin darse cuenta.

-Todos quietos y callados y no les pasará nada- dijo una voz grave, este cuerpo si era como se imaginaba Marcos a sí mismo, fuerte y corpulento.

-No tenemos dinero, no tenemos nada – Dijo Marcos disgustado y temeroso de que ocurriera lo peor.

-Por favor señor haremos lo que usted nos diga pero por favor deje ir a los niños, que ellos no vean esto por favor se lo pido- casi suplicando y con gestos de amabilidad decía Cristina, que en la situación en la que se encontraban era la más sensata, la que estaba pensando.

Trini y Lucas estaban inmóviles, aturdidos por todo lo que estaba pasando se desprendían de sus ojos lagrimas que rozaban su piel. Sin quejidos porque les habían hecho seña con el dedo índice sobre la boca para que permanezcan callados estaban paralizados. No dudaron en hacerlo, tenían miedo, nunca habían hablado de cómo reaccionar en un caso de este tipo, así que estaban desorientados.

No habían pasado ni cinco minutos desde que sonó el timbre y ya estaban todos sentados en el sofá, con las manos hacia atrás, una cinta color gris enroscada en sus manos evitaba que se movieran, Lucas y Trini fueron  encerrados en el baño.

La agonía del corazón de Marcos en el momento que se llevaban a sus hijos le provocó varias puntadas en el pecho y un fuerte calambre en el estomago.

-¿Qué van a hacer con ellos?, por favor no les hagan daño- alcanzó a decir hasta que un golpe en su cabeza lo hizo callar al instante.

Cristina se retorcía de la impotencia, y se quejaba zarandeándose de un lado a otro.

Nacho había sido precavido y la había atado de manos y pies, y había colocado un pañuelo sobre su boca para que no hablara.

-Las mujeres siempre dan problemas, así que va a ser mejor así, que la señora de la casa esté tranquilita en el sofá ¿verdad Marcos?- preguntó con tono irónico.

Marcos asintió con la cabeza, por miedo a que le zurraran en la cabeza de nuevo, de alguna manera compartía ese pensamiento, sabía que Cristina intentaría hacer algo y tal vez sin darse cuenta los pondría en peligro.

–          Te voy a explicar un par de cosas Marquito, Si haces lo que te ordene, no pones  resistencia y colaboras con Nacho nada pasará a tu familia, ¿lo entiendes?-

–          Sí, lo que usted me diga, yo hago lo que usted necesite pero por favor no le haga nada a mis hijos- dijo Marcos casi al borde del llanto.

Los ojos de Nacho eran grandes y redondos, de color negro intenso, profundos, al mirarlos demostraban maldad y seguridad a la vez, se nota que no es la primera vez que lo hace, pensó Marcos entre sí, sorprendido por el frío de sus ojos, el vacío que proyectaban.

–          Yo y mi equipo estamos necesitando asilo momentáneo, serán sólo una noche hasta que pase la tormenta y las aguas se calmen, necesitamos comida y descansar, como si estas fuesen unas vacaciones, y tú nos invitas a pasarlas en tu casa, ¿qué dices?, ¿me invitas a tu casa a vacacionar unos días, todos juntitos como en familia? -Rompió a reír Nacho, su ironía era característico de él.

Marcos bajó la mirada, esquivaba los ojos de Nacho, lo intimidaban, y dijo:

–          Podéis usar  todo lo que quieran de la casa, ropa, comida, cobijo, lo que necesiten, pero a cambio deja ir a los niños, por favor- casi suplicando dijo Marcos.

–          Deja ya de decirme eso tío, ya es la quinta vez que lo dices y estas poniéndome nervioso, no le haré nada a tus hijos, ni a tu mujer si colaboran todos, por eso hablo contigo porque eres el jefe de la casa ¿o no?, o ¿en tu casa manda tu mujer?- el tono arrogante y a la vez sincero de la pregunta dejó casi blanco a Marcos.

No podía reconocerlo ahí a la vista, pero en su casa mandaba Cristina, o era como ella quería y decía o el ambiente se podía transformar en un infierno; Marcos era pasivo, calmado, siempre trataba de llegar a un acuerdo y terminaba cediendo, ya estaba acostumbrado y los 15 años que llevaban juntos lo demostraba.

Nacho mediante señas con la mirada y un gesto con la cabeza, dio a entender a su compañero que le ate un pañuelo alrededor de la boca a Marcos.

–          Bueno, señor Marcos nos vamos a poner cómodos y a organizarnos, los dejaré aquí tumbados en el sofá tan ricamente, al lado de la hoguera, no quiero problemas señor López, ¿entendido?- preguntó mirando fijamente a Marcos y a la vez desviando la mirada hacia Cristina.

–          Marcos asintió con la cabeza porque con el pañuelo ya no podía hablar, las manos continuaban atadas, y sus pies también.

Nacho no fue muy lejos, se dirigió a la cocina que estaba pegada al salón, y desde allí observaba a Marcos y a su mujer.

Reunió a su equipo para organizarse y planear bien la noche, había dejado claro que no quería problemas, y que debían seguir las instrucciones y todo saldría bien.

Nacho siempre había tenido instinto de líder, sabía dirigir, sabía mandar, y sobre todo sabía hacer que se le respete. Las ordenes que daba debían cumplirse a rajatabla, sin fallos y a conciencia, a la vez que dirigía a su equipo lo formaba, lo capacitaba según las necesidades, los hacía consecuentes, y responsables. No era un malhechor de segunda calaña, él era respetado, admirado por su prolijidad y sobre todo porque no dejaba víctimas, se hacía con el control de la situación y terminaban colaborando todos para que nadie resultase herido, y él sin problemas extras.

–          Bueno chicos este es el plan, vamos a pasar la noche aquí, a ver si la nevada cesa y podemos llegar a las montañas, a la familia Simpsons  si la tratamos bien, y dejamos todo claro no serán un problema, necesito que estén vigilados pero a la vez que nosotros descansemos tranquilamente, vamos a necesitar fuerzas para mañana.

–          Piti dame información sobre la casa.

Piti desplegando un trozo de papel sobre la mesa, y señalando el esquema que había hecho dijo, son cuatro habitaciones la de la derecha es la matrimonial, al lado sobre el pasillo la de los críos, que duermen juntos, un baño grande sobre la izquierda, siguiendo el pasillo desembocamos en otra habitación, parece como de invitados, esto da a un lavadero cerrado, pero con una pequeña ventana de vidrio, no cabe ningún cuerpo por allí. Volvemos al eje central el salón, al lado la cocina, sobre el otro extremo otra habitación, parece como el cuarto de la plancha, o trastero, está llena de cosas de por medio, al lado otro baño pequeño.

–          Muy bien, amplio me gusta, dijo Nacho con sarcasmo.

–          ¿Cuántas ventanas hay  en toda la casa?

–          Siete ventanas, una en cada habitación, otra en la cocina, el lavadero y el ventanal del comedor que deriva en un patio, este es compartido con la ventana de la habitación de matrimonio.

–          Roque, dime indumentaria y mobiliario cocina.

–          Sí señor, he quitado todos los cuchillos y tijeras, he revisado la casa aparentemente no hay armas, ni caja fuerte, ni dinero escondido. Herramientas, jarrones, móviles, y aparatos electrónicos están fuera.

–          ¿Hay alarma de seguridad?, ¿vecinos cerca?

–          No, sin alarmas. Los vecinos están a 1 kilómetro el más próximo, probablemente no estén en casa; este pueblo la mayoría de las casas son segunda residencia, sólo las utilizan para el verano.

–          Pasaremos la noche aquí, mañana estaremos atentos a las noticias y decidiremos como continuar.

–          Atentos, distribución y turnos, Roque estarás de guardia hasta las 3 luego te suplantará Mario hasta las siete, pueden comer y tomar lo que quieran, respetando un orden. A la familia Simpson los acomodaremos en el salón, si es necesario traeremos un colchón de las habitaciones y los pondremos sobre el suelo, los quiero a los 4 aquí. ¿Entendido?

–          Sí, señor, contestaron Roque y Mario. Eran un equipo, sabían acatar órdenes y sabían ejecutar un buen plan.

Afuera había comenzado a nevar con más intensidad, y eso complicaba el viaje, habían quedado parados en Montag, un pueblo perdido entre las montañas de los Pirineos, justo al límite entre Francia y España.

Nacho miraba de reojo hacia al salón observando los movimientos de Marcos y Cristina, por si tenía que realizarles alguna advertencia, pero no veía motivo alguno, aparentemente se estaban portando bien.

Encendió el televisor para ver las noticias, evaluar el estado del tiempo y tantear la situación, en el canal local del pueblo no paraban de repetir las malas condiciones del tiempo que azotaba la región, y lo peor de todo es que anunciaban que el pueblo estaba incomunicado debido a la acumulación de nieve que sobrepasa el metro y medio de altura. Haciendo zapping y dando un recorrido general quedó inmutado al escuchar:  “La policía ha sido alertada de un importante robo en el banco caixa city, las identidades de los fugitivos están en poder de las autoridades pero no han sido reveladas a la prensa, se busca en la zona de Pirineos como posible lugar de refugio de la banda”.

–          Pero quién ha sido el chivato, es imposible que tengan esa información- pensaba mientras buscaba respuestas y trataba de elaborar un plan rápidamente.

La banda de Nacho se dedicaba al robo de bancos, lo hacían de una manera muy cuidadosa en los detalles y nunca les habían seguido la pista. Los primeros motines sirvieron para la compra de indumentaria tecnológica, para la realización del trabajo, este motín era bastante bueno, los retiraría un tiempo, para eso debían llegar a la cabaña en dónde se ocultarían un par de semanas para luego cruzar la frontera hacia Francia. Todo estaba planificado y bien calculado, la tormenta de nieve lo había complicado pero lo que él se preguntaba es cómo habían descubierto sus identidades y el destino al que se dirigían.

Cristina no aguantaba más, le dolían los brazos y las muñecas, estaba atemorizada pero a la vez rabiosa, quería liberar a su familia, proteger a sus hijos de estos vándalos. Había pensado formas de escapar pero todas eran riesgosas, por lo menos para sus hijos, tenía que ser cauta y elaborar un plan.

Comenzó a moverse y a balancearse sobre el sofá gimiendo lo más que pudo ya que llevaba un pañuelo en la boca. Su marido la miró fulminantemente, temía por ella, por sus hijos y por él, sabía que Cristina tenía agallas para dar guerra.

Nacho se acercó al salón.

–          ¿Qué pasa con usted señora?, ¿quiere tener problemas tan pronto?- le explicó haciendo un gesto con la mano para que deje de balancearse.

–          Le desató el pañuelo y con una mirada fija le dijo- No ponga en peligro a su familia-

–          Necesito ir al baño por favor, es que me voy a hacer encima aquí mismo, por favor necesito ir, sus ojos demostraban súplica.

–          Muy bien, pero iremos juntos, ¿espero no le importe que la ayude?, dijo con sarcasmo.

No era parte del plan que fuera con ella, pero ya había pensado en ello.

–          Necesito ir urgente, no importa con quién sea.

La levantó del brazo y fueron los dos al baño, Marcos estaba nervioso les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

Cristina era una mujer atractiva, a penas rondaba los cuarenta años y físicamente se mantenía en forma, con carácter fuerte, siempre tomaba las decisiones en casa, y prácticamente se hacía lo que ella decía.

En el baño tenía guardado sedante en capsulas, lo tenía escondidos, porque Marcos no lo sabía, pero de vez en cuando necesitaba ayuda para dormir y para relajarse. Otra de las cosas que le ocultaba a su marido era la asistencia a ayuda psicológica, había comenzado a asistir porque no se encontraba bien, sentía ansiedad y necesitaba hablar con alguien y descargarse bajo la percepción de una mirada objetiva.

Una vez en el baño Nacho pensó en desatarla y dejarla que se refresque un poco, no creía que fuera a causar problemas estando sus hijos en peligro, le dijo que la desataría pero que dejarían la puerta entre abierta y el estaría esperándola.

–          Tiene cinco minutos, así que dese prisa-

Ella asintió con la cabeza y entró en el baño.

Al salir, Nacho le sujeto las manos de nuevo y se dirigieron al salón, en el camino intentando ser tímida dijo:

–          Hace frío, no para de nevar, si queréis os hago algo caliente de cenar- bajó la mirada en espera de la respuesta o incluso de algún golpe por entrometerse.

–          No me parece mala idea, siempre y cuando tenga cuchillos de plástico, porque nos hemos desecho de ellos- sonrió.

–          Bueno hay ingredientes que no debo cortarlo, puedo hacer un puchero caliente, puedo apañarme. Quiero agradecer que me hayas dejado venir al baño y que no hayas tocado a mis hijos, sólo eso.

Al verlos aparecer por el pasillo Marcos se tranquilizó, pensaba que volvería a sentarse a su lado y esperarían que pase esa amarga noche. Pero no fue así, se dirigieron a la cocina, él no hacía otra cosa más que mirar, no podía hablar incluso temía moverse, sus hijos estaban a la derecha, se habían quedado dormidos.

Sin dejar de echar ojo a Cristina y después de varias advertencias de muerte, la dejó con las mano libres para que cocinara algo caliente y rico, le apetecía recuperar fuerzas. Reunió a su equipo y les dijo que aparte de cenar algo caliente, estaban en apuros, les contó lo que había escuchado en las noticias.

Se relajó un instante mientras bebía una cerveza y observaba a Cristina cocinar, le parecía guapa. Tal vez sentía envidia de Marcos, por tener una familia casi de cuento. Él no tenía a nadie que lo esperara para cenar, alguien que se preocupara por su salud, por su estado de ánimo, o simplemente alguien que lo amara.

Muchas veces se encontraba vacío y solo. Alejó de sí esos pensamientos y se concentró en el nuevo plan, si lo estaban buscando muy cerca sería bueno que emprendieran viaje pronto.

Cristina se puso manos a la obra, en una cacerola comenzó a echar los ingredientes, para algunas verduras sacó un pelador el cuál antes de usarlo le solicitó autorización a Nacho, quién no vio peligro y asintió. Comenzaba a confiar en ella, o al menos eso deseaba.

-En una hora estará listo- dijo.

Los potajes como ella le llamaba le salían muy bien, sobre todo los de garbanzos con chorizo y verduras, no tardó mucho en comenzar a salir olor agradable de la cocina.

Nacho la sentó nuevamente en el sofá, casi pidiéndole disculpas la ató de nuevo las manos y tapó su boca con un pañuelo.

Ya tenía decidido el plan, reunió al grupo y les comentó que pasarían la noche, descansarían, cogerían provisiones y partirían por la mañana pese a la tormenta, era arriesgado quedarse allí más tiempo.

El grupo lo escuchaba con atención mientras sus tripas se revolvían del hambre presos del aroma que desprendía la cacerola.

Se sentaron los cuatro en la mesa, Nacho antes de empezar se acercó al sofá ofreciéndoles a los dueños de la casa, pero ambos negaron con la cabeza.

Comieron hasta saciarse enteros, hacía tiempo que no disfrutaban de comida casera, la felicitaron haciéndoles gestos con la mano, levantando el dedo pulgar y riéndose.

–          Lo siento señora pero no nos quedaremos a limpiar la cocina- Le dijeron entre carcajadas.

Nacho indicó a su grupo cómo se organizarían y el plan previsto, primero le tocaría a Roque, y luego suplantaría Mario, no había mucho que vigilar ya que la familia López se estaba portando bien, no estaba causando problemas.

Se relajaron, comenzaron a bostezar, no negaban que estaban cansados, había sido un día largo y necesitaban descansar, el primero en encontrarse mal fue Piti, se sentía mareado e inestable. No entendía lo que le pasaba, tenía la mirada perdida hasta que cayó desplomado en el suelo.

Marcos al verlo caer, lo primero que hizo fue mirar a Cristina, sabía que algo no andaba bien.

Roque se acercó a ver que le pasaba, pero no podía levantarlo, no sentía fuerza, Piti era delgado y alto, no pesaba muchos kilos y más bien su cuerpo era manejable. Roque robusto y grande no podía creer que no sintiera la suficiente fuerza.

Nacho se tensó comenzó a ver la situación y lo primero que hizo fue meterse los dedos en la boca para vomitar.

–          Maldita hija de puta, ¿qué has puesto en la comida?- gritó lleno de furia pero a la vez sintiéndose débil.

Cristina abrió los ojos y negaba con la cabeza, desesperada rogando que haga efecto antes que apuntase con su pistola hacia ellos.

Roque y Marío también habían caído, él se acercó hacía su maletín para agarrar su pistola, esto no iba a terminar así, no se dejaría derrotar por una mujer maliciosa.

Cogió el arma, estaba mareado, se sentía inestable, intentó apuntar mientras Cristina y Marcos gemían incluso ella se puso de pié, ya que no los tenía atados. Tratando de despertar a sus hijos  e intentar protegerlos.

Marcos estaba desesperado, veía el arma, veía a Nacho apuntando y veía el odio en sus ojos, mientras se entrecerraban.

Apuntó como pudo y comenzó a disparar, los niños atemorizados se arrastraban hacia atrás del sofá para protegerse mientras Cristina los empujaba con los pies.

El primer disparo impactó en la pared, siguió intentándolo una y otra vez hasta que se desplomó sin más.

Cristina no lo podía creer, sentía miedo e impotencia pero a la vez se sentía triunfadora, sus hijos estaba bien y eso era lo que más le importaba.

Al girarse para ver a Marcos lo encontró tumbado sobre el sofá, las manos  y los pies atados, y un hilo rojo se desprendía de su cabeza manchando todo de rojo.

Esa noche Marcos se marchó para no volver nunca más, Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

disparo

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

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Relato breve.

04/07/2014

Secuestradas

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No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

 

No entendía a donde estaba, me encontraba aturdida, perdida, me sentía inestable, las piernas me temblaban, el corazón me latía muy rápido.

Mire a mi alrededor y estaba todo casi oscuro, podía distinguir unas  vigas de madera que eran como columnas, tenían aspecto viejo y antiguo. Tardé varios segundos en reaccionar y darme cuenta que estaba con las manos y los pies atados, lo que recorrían mis muñecas eran trozos de cuerda de tendederos de ropa.

¡Oh dios!, ¿qué hago aquí?, ¿qué me pasó?- me pregunté una y otra vez.

Me dolía mucho la cabeza, sentía miedo de gritar, hasta de preguntar algo en voz baja por si se encontraba alguien allí,  observándome.

No había mucho por reconocer a mi alrededor, estaba sentada en una cama pequeña, sobre una manta que olía a humedad y a guardado, más bien todo el lugar olía a rancio.

Por lo menos estoy vestida, quiere decir que no me han violado, o al menos eso intento creer.

Vamos , trata de  recordar ¿qué estabas haciendo, cómo has terminado aquí?, me lo ordenaba a mi cerebro pero estaba tan confundida que no había respuesta, los ojos se me llenaron de lágrimas ante la impotencia, sentía miedo, y aunque en ese momento no lo hubiese reconocido estaba intrigada.

Traté de tranquilizarme y observar el máximo de cosas que pudiera, lo que sea, guardarlo en mi memoria y luego usarlo en contra del enfermo que me ha hecho esto, esto puede ayudarme a sobrevivir, esta historia ya la conozco, la he visto millones de veces en programas de televisión, leído en periódicos, y  novelas detectivescas, de secuestros y muertes. Claro, que no es lo mismo vivirlo en persona, en las películas siempre atrapan al malo y salvan a la chica. Ojalá fuera un mal sueño, hasta lo dejaría pasar si fuese  una broma.  Pero es real, tan real como la agonía de la incertidumbre y el miedo de saber más.

A mi lado hay una mesilla, parece de madera, en ella, hay un vaso grande  de plástico apoyado, es de CoKa Cola, alcanzo a ver sus letras blancas  grandes.

El silencio de la habitación me desespera, me pone nerviosa, me deja aún mas muda, mis cuerdas vocales están tensas casi que ni puedo tragar saliva.

 

-Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir-

Me quedé helada del pánico, el corazón me latía a mil por horas, y un calambre en mi estómago se desparramó por todo mi cuerpo. Ví una sombra acercarse, escuche unos pasos delicados, lentos, tenebrosos.

-¿Qué quieres de mí, qué me vas a hacer?- Alcancé a decir con un hilo de voz.

Soy Lina, me recuerdas a mí el día que llegué, estaba tan confundida y asustada.

-Déjame ir por favor, haré lo que me pidas-

-Yo no te traje aquí, hace tanto que no hablo con nadie-

¿A ti también te tienen secuestrada? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Quién nos tiene encerradas?

Tranquila, te desataré así estas más cómoda, ¿puedo?- me preguntó mientras se acercaba a mí.

Me tomó las manos con suavidad y comenzó a desatar el nudo que las rodeaba, las tenía doloridas, de tanto forcejear con ellas para desatarme sola.

No sé, si confiar en lo que me dice, ¿y si es ella quién me tiene encerrada? Al fin y al cabo no recuerdo nada de cómo llegué aquí, me siento como en una de esas noches de borrachera, que bebes sin parar y ni recuerdas cómo llegaste a casa al otro día, presa del malestar estomacal y anímico.

Me desató los pies con la misma suavidad, tenía un aspecto gélido, estaba delgada, desarreglada, más bien olía a sudor, su cabello era rubio y lleno de risos, entremezclados con suciedad, se notaba que esa melena llevaba tiempo sin pasar por una limpieza.

 

-No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas,  ni noches, es como estar en tiempo muerto, sólo sé, que me llamo Lina, ¿y tú?-

-Me llamo Pandora, estoy muy mareada-

Los ojos se me cerraban de a ratos y todo me daba vueltas.

-Será mejor que descanses ya tendremos tiempo de hablar, si aquí lo que sobra es tiempo-

Sus brazos me taparon con la manta que había en la cama y su mano me acarició la cara, me sentía incómoda pero no podía reaccionar, estaba débil, sin fuerza, tal vez drogada porque no podía ni pestañar, caí en un sueño profundo con la esperanza de despertar en casa, en mi sofá color rojo…

 

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

 

 

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