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Relato breve.

03/02/2015

La Bodega

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Movió la copa y deslizaba su contenido de un lado a otro meneándola con delicadeza, su nariz ya podía sentir el aroma

Movió la copa y deslizaba su contenido de un lado a otro meneándola con delicadeza, su nariz ya podía sentir el aroma

El amor de una familia puede lograr lo imposible

Movió la copa y deslizaba su contenido de un lado a otro meneándola con delicadeza, su nariz ya podía sentir el aroma,  flores  y vegetales, tal vez trufa, seta, manzanilla. La degustación era intensa, mantener el sorbo en su boca, sentir el gusto junto con el aroma deslizándose sobre su garganta, amaba el vino, su delicadeza, su espesor, el color intenso, y el pálido, la vida y fuerza que proyectaba.

Hugo catador de vinos, decidió convertirse en un emprendedor,  desarrollar su potencial, su madurez y habilidad para montar su propia bodega. Había sido una decisión difícil y la familia no estaba del todo de acuerdo, pero logró convencerlos. La inversión era grande, quería producir su propio vino, elegir la tierra, cultivar las viñas eligiendo el tipo de uva especial para la creación de una obra maestra.  Necesitaba ayuda, inversores, algún socio, asesoramiento. Fue un proceso largo pero estaba dando sus frutos.

Invirtió todo lo que tenía y más, hipotecó su casa con un crédito que a regañadientes el banco le dio, y se asoció con Roberto Linares, un grande de los negocios, reconocido en la ciudad, en todo en lo que invertía sacaba ganancia, eso sí, él no era hombre de un solo negocio, le gustaba invertir, reflotar y luego vender, se aburría y volvía a empezar. Había estudiado finanzas en la universidad, un hombre de mundo, había viajado por varios países y muchas veces manejaba más de un negocio a la vez. Delgado y alto ya casi sin pelo, el siempre decía cada pelo que se me cae es una buena transacción hecha y ya casi estoy pelado así que imagina el resto. No era entendido del área del vino pero veía en el proyecto de Hugo futuro y fundiendo los dos cerebros podía salir algo muy bueno y ganancial.

Martina no estaba del todo convencida de que su marido se involucrara en semejante proyecto, lo amaba y quería apoyarlo, pero también pensaba en sus hijos en su futuro.

Aceptó el trato, y amenazó en más de una vez a Hugo si todo salía mal, pero ella sabía que aunque todo se fuera al garete seguirían estando los cuatro juntos.  Carlos y Tamara eran mellizos y estaban en la etapa más difícil para un padre, la a adolescencia. Los medios de comunicación y la tecnología no ayudaban mucho, los mantenían distraídos y ya ni les hacían caso. Hugo estaba inmerso en su proyecto que avanzaba cada vez más, ya tenían la uva recogida y pronto empezarían lo más importante. La creación del famoso vino.

Ella no sabía tanto como Hugo, pece que él había intentado enseñarle la sensación placentera al tomarlo, ella tomaba, si le sabía bueno repetía hasta que sentía él primer mareo y cuando su lengua no paraba de hablar, cortaba el grifo porque sabía que la cosa terminaría mal. Al contrario pasaba si le sabía malo, tomaba solo una copa, pero al ser Hugo un especialista sólo compraba vinos buenos y sentía que los desperdiciaba al no saborearlos, y más de una vez se sentía arrepentida de haberlo vomitado después de una gran noche.

Hugo disfrutaba de la vida, del trabajo y del vino, todo iba sobre ruedas, y se sentía feliz, sus hijos le daban algún que otro problema, pero nada que no se pudiera solucionar. Esa tarde marchó temprano a la bodega quería tramitar cierta documentación y dejar todo listo para poder disfrutar el fin de semana en casa con su familia.

La bodega estaba alejada del pueblo, la habían construido al lado del viñedo para tener todo mejor controlado, tenía varios trabajadores a su cargo.

Entró a su despacho y se sentó en su amplio sillón de piel, era cómodo y confortable, su escritorio ya no estaba lleno de papeles, la informática se había apoderado de él y todo estaba digitalizado, su ordenador, su tableta, su Smartphone  eran todo lo que necesitaba.

Al encender el ordenador  una carpeta en particular situada en el extremo derecho llamó su atención. En ese Instante se sintió fatigado, un dolor intenso le entró en el pecho,  se debilitó y casi no podía respirar, se desplomó sobre el suelo.

Al despertar miró su brazo y tenía cables conectados por todos lados, una mascarilla le administraba oxigeno, miró a su alrededor y vio a Martina dormida en un sofá, se encontraba distinta, o al menos eso veía, su pelo había cambiado, su cara parecía demacrada y claramente estaba más delgada, estaba amaneciendo y los rayos de sol empezaban a entrar por la habitación. Se preguntaba ¿Qué había pasado?, ¿Cómo es que estaba allí?, no recordaba bien lo que había hecho el día anterior. Se esforzaba pero no podía. Escucho unos pasos y la puerta de la habitación se abrió.

-Te has despertado, me alegro mucho, vamos a llamar al médico enseguida. Dijo la enfermera.

-¿Dónde estoy?, ¿Qué ha pasado?

Martina al escucharlo hablar pegó un salto del sillón, su cara se llenó de alegría y sus ojos empezaron a soltar pequeñas gotas de agua.

-No llores, tranquila, estoy bien ¿qué hago aquí?, preguntó despacio y con esfuerzo, le costaba hablar.

-No hables mi amor, te quiero tanto, me hace muy feliz saber que estas mejor. Ahora quédate tranquilo que vendrá el médico a verte.

Al entrar el médico pidió un informe detallado a la enfermera de las últimas veinticuatro horas, lo inspeccionó y dijo:

-Salgan un momento fuera por favor, hablaré con el paciente a solas.

Martina salió resignada, quería saber lo que hablaban, lo que le contaría, si le diría la verdad.  Intentó llamar a Carlos pero le salía el contestador, dejó un mensaje, y llamó a Támara.

-Hola mamá, estoy conduciendo

-Tu padre ha despertado, el médico está con él ahora mismo, cuando puedas vente la hospital.

-Voy ahora mismo, en el trabajo no habrá problemas, en unos minutos llego.

Tamara trabajaba en el Ayuntamiento, era secretaria de la sección de cultura y deporte, iba por las mañanas pero cuando realizaban diferentes eventos asistía por la tarde. Conmocionada condujo al hospital lo más rápido que pudo, sus sentimientos eran una mezcla de alivio, felicidad e incertidumbre.

El Doctor Oliver, se sentó al lado de la cama, con su informe en la mano lo miró fijamente y dijo:

-Me alegra que haya despertado, si le soy sincero ya no tenía muchas esperanzas, esto es un milagro y debe dar gracias, sus síntomas son totalmente estables, débiles pero estables. Le voy hacer unas preguntas y usted en la medida en que pueda me irá contestando. ¿Recuerda cómo se llama??

-Sí, me llamo Hugo, ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha pasado?,

-Tranquilo, vamos de a poco.

-Recuerda ¿dónde vive? , ¿Si tiene familia?

-Claro que sí, mi mujer o al menos es creo acaba de salir, tengo dos hijos adolescentes, ¿están todos bien? ¿Qué pasó?

-Están todos bien, no se preocupe, ha sufrido un infarto, y ha estado un tiempo en coma, inconsciente, ahora ha vuelto en sí y necesito saber ¿qué es lo último que recuerda?

-No los sé, estoy confundido. ¿Cómo un infarto? ¿Cuándo?

– Veo que se está poniendo nervioso, vamos a dejar esta conversación para más tarde ahora descanse, luego le haremos una pruebas y responderemos a todo lo que desea saber. Miguel López le inyectó un relajante y que lo hizo desvanecerse y sumergirse otra vez en un profundo sueño.

Al salir por la puerta Támara y Martina se abalanzaron sobre él para preguntar si estaba bien, si había mejorado.

– Tranquilas, dejen que Hugo descanse son muchas preguntas y respuestas de golpe y su cerebro debe reaccionar de a poco, es mucho tiempo el que lleva en coma, y va a necesitar tiempo para recordarlo todo, no es conveniente que sufra emociones fuerte y mucho menos disgustos, Esta tarde lo visitará un neurólogo, haremos unas pruebas y las mantendremos al tanto. Ahora es preferible que descanse.

– Pero ¿está bien? ¿se va a mejorar?, Martina lloraba sin parar, eran demasiadas emociones juntas y había explotado, abrazada a Tamara que intentaba calmarla, le dijo

– confío en usted doctor, siempre lo hice.

Cuando había pasado la exaltación,  llegó Carlos, con su uniforme de guardia civil.

– He recibido el mensaje, ¿qué ha pasado? ¿Está bien?

– Sí tranquilo, se abrazó a su madre como nunca antes lo había hecho.

– Se ha despertado y ha cobrado el conocimiento, solamente tenemos que esperar para que dé a poco se vaya enterando de las cosas, tiene que descansar y no hay que confundirlo.

– Había pensado en que ustedes de momento no entraran a verlo.

– ¿Pero por qué? – Preguntó protestando Carlos.

– Porque es mucho tiempo el que ha pasado y hasta que no se oriente no conviene que los vea así.

Carlos aceptó pero no estaba de acuerdo, quería ver a su padre, lo echaba tanto de menos, se había perdido muchos momentos junto a él, muchas preguntas que hacerle de hombre a hombre, cosas que hasta con su madre le daba vergüenza, pero la vida lo había llevado a sufrir esta etapa y ahora estaba feliz, muy feliz de que las cosas empezaran a salir bien.

Tamara era más callada, su procesión la llevaba por dentro, se había vuelto introvertida, preocupada sólo por el bienestar de su madre y su padre, y se había olvidado de ella misma, no salía con las amigas, ni iba de compras, ni tenía novio. Sólo trabajaba y se iba a casa, ella se ocupaba de todo lo que su madre no podía hacer estando en el hospital, aunque era inútil estar allí, el mayor deseo de Martina era que cuando despertara Hugo, ella estuviera esperándole con los brazos abiertos.

La camilla se movía de una lado hacía otro, sentía que iba a velocidad, no era mucha pero pudo sentir un leve aire fresco en el rostro, le gustó sentirlo quiso acariciarlo pero rápido lo subieron a la ambulancia, el estudio que iban a hacerle era en otro hospital así que había que trasladarlo, Martina iba sentada al lado del conductor, la observaba intentaba hablar pero le costaba un poco, estaba sedado y se sentía todo el tiempo drogado y mareado incapaz de pronunciar palabra alguna.

– ¿Cómo ha salido todo?- preguntó Martina al ver salir al médico del consultorio.

– Muy bien, el caso de su marido es sorprendente, nunca habíamos visto una recuperación casi total de las funciones cerebrales y motoras después de un coma de tanto tiempo. Le vamos a ir quitando la sedación y podrá hablar con él,  lo que pasó hay que contárselo poco a poco, dejarlo que recuerde las cosas por sí mismo, contara con la ayuda de un especialista en la materia.

– Estoy feliz de que esté bien, pero tengo miedo que no acepte la realidad que vivimos hoy, cuándo sepa la verdad. Martina estaba preocupada y tensa.

– Para eso va haber tiempo, no es conveniente que sepa todo de golpe.

Martina había hablado con sus hijos y ya estaban en el hospital nuevamente, el médico le había dicho que si todo salía bien, pronto estaría en casa. Su preocupación se notaba en su cara, sus ojos brillaban pero su expresión denotaba miedo e incertidumbre.

– ¿Cómo te sientes?

– Confuso, estoy un poco mareado. ¿Y los chicos porqué no vienen a verme?

– El doctor ha dicho que las visitas de a poco, no debes tener fuertes emociones

– ¿Pero qué pasa? Siento como si todos me engañaran

– ¿Qué es lo último que recuerdas? Dijo esquivando la respuesta

– No empieces como el doctor, dime ¿qué pasó, qué día es hoy, cuándo nos vamos de aquí, y el negocio, te ocupas tu del negocio?

– Vale, vale son muchas preguntas de golpe.

Martina le sostuvo la mano y le dijo

-te quiero y estas de nuevo con nosotros eso es lo que importa-

– Tuviste un infarto que derivó en un coma, has estado un tiempo descansando cariño, y nosotros, hemos estado aquí cuidándote.-

– ¿Pero cuantos días he estado así?

– Unos cuantos, hoy hablaremos con un especialista y podremos despejar todas tus dudas, ahora descansa.

Hugo cerró los ojos lentamente y se durmió.

Era martes del año 2018, tenía fuerzas para levantarse, comía solo y poco a poco recuperaba fuerzas, el psicólogo había tenido varias sesiones con él, habían hablado de sus recuerdos, de lo que había hecho él en su vida, de sus ambiciones, de lo que quería hacer al salir  de allí. Había llegado el momento de decir la verdad.

– Llevamos hablando un buen rato, y nadie me dice lo que realmente pregunto.

– Hugo, tuviste un infarto muy grave, caíste en coma profundo y pensamos que no despertarías, es normal que nos tomemos un tiempo para ir asimilando las cosas.

– ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo? – Dijo con sarcasmo, mientras fruncía el ceño.

– Cuatro años

– ¿qué? – Dijo sorprendido, conmocionado, sus ojos se abrieron como dos platos.

– ¿Me está diciendo que he perdido cuatro años de mi vida durmiendo?, no lo puedo creer. Quiero ver a mi familia, quiero saber que ha pasado este tiempo, ¿mis hijos, van a la universidad?

– Estamos en el año 2018, sus hijos hoy mismo estarán aquí.

– Ahora creo ha sido suficiente información por hoy, usted descanse y mañana continuaremos.

Hugo se sentía confuso, no podía creer que cuatro años de su vida estaban tirados a la basura, en ese momento se vino a la mente la bodega, el negocio, el golpe. Se nubló su vista y tuvo que respirar pausadamente ya que sus pulsaciones habían aumentado.

Lo recordaba todo, recordaba su proyecto, recordaba su amor por su trabajo, su vida entera pasó frente a sus ojos en escasos minutos.  Había encontrado los documentos en dónde decía que ya nada le pertenecía, en dónde lo había perdido todo, ya no tenía nada.

Cuando el vino estaba por salir a distribución Roberto había realizado unas transacciones financieras que no habían salido bien, cómo máximo inversor tenía acceso a documentación y firma legal de la empresa, todo había salido mal y estaban en banca rota, no había dinero para los empleados, ni para la distribución, venta. Marketing y demás cosas de las cuáles Roberto se encargaría, Hugo solamente tenía que ocuparse de que el vino fuera excelente.

Recordó el momento en que leyó la documentación, se quedó estupefacto, se vinieron a su mente la hipoteca de la casa, sus hijos, Martina, su vida entera se desmoronaba.

Se desplomó como un saco de patatas, desvanecido no intentó pedir auxilio, deseaba morir, antes que ver a su familia en la calle.

– ¿Permiso se puede? Preguntó Martina al entrar en la habitación

Con los ojos llorosos y un nudo en la garganta, Hugo dijo:

– Lo recuerdo todo Martina, ¿qué hice? Arruiné tu vida y la de los chicos.

– No es verdad, estamos bien y feliz de que estés de nuevo con nosotros, ¿están afuera, les digo que pasen?

– Sí por favor, la cara de Hugo expresaba una combinación de resentimiento, culpabilidad, emoción, lloraba, reía, no sabía que decir.

Al verles entrar, suspiró, estaban irreconocibles, Carlos alto y fuerte, moreno como él, con los ojos tristes y sinceros. Tamara era toda una mujer, parecía que habían pasado mil años. Se abrazaron los tres tan fuerte como pudieron hasta que crujieron sus huesos, se besaron y se miraron con afecto y consolación.

– Lo siento, lo siento repetía Hugo mientras rompía a llorar

– No pasa nada dijo Carlos, estás vivo y eso hay que celebrarlo, vamos hacer una juerga de bienvenida que vas a flipar.

– No lo abrumes con fiestas ni nada, se apresuro a decir Támara, ahora lo queremos para nosotros y no vamos a compartirlo con nadie-

Se pasaron un buen rato hablando de anécdotas y recuerdos de pequeños, Hugo pudo sonreír  al fin. Poco a poco se fue enterando de la verdad, sus hijos trabajaban y su mujer se encargaba de una vecina mayor, doña Concha, vivían en un piso de alquiler un poco apretados pero felices; leyó en las noticias que Roberto estaba detenido por estafa e imputado por diferentes delitos fiscales, se alegró que pagara de alguna forma todo lo que su familia había sufrido por su culpa.

Volver a empezar es difícil, pero si te acompaña el amor de tu familia se puede hacer hasta lo imposible, sobreviví gracias a ellos y hoy estoy aquí, recuperado, listo para seguir luchando, vida hay una sola y yo ya perdí demasiado tiempo.

Volver a empezar es difícil, pero si te acompaña el amor de tu familia se puede hacer hasta lo imposible

Volver a empezar es difícil, pero si te acompaña el amor de tu familia se puede hacer hasta lo imposible

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