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Relato breve.

29/06/2015

Amar a la persona equivocada

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Ella bailaba sin cesar, era su pasión.

Ella bailaba sin cesar, era su pasión.

Un amor tan grande como el que yo siento no entiende de reglas y normas, sigue su curso, improvisa.

Apretó su dedo en el botón play, la música empezó a sonar, sus pies comenzaron a danzar, envolvían y acompañaban el ritmo de la canción, sus caderas se tambaleaban de un extremo hacia otro, sensual y provocativamente, sus pechos presos de la euforia y el derroche de energía se encontraban tiesos y turgentes, sus hombros los acompañaban en el movimiento.

Era un baile sincronizado, todo su cuerpo iba al compás del sonido, su melena castaño oscura se desplegaba por los aires en cada giro, tapaba su rostro de vez en cuando pero aún así era simplemente hermosa, tan sexy que hacía que un calor frenético recorriera mi entrepierna, una sensación de bienestar y pensamientos lujuriosos que danzaban junto a ella.

Era inevitable sentirme atraído por ella, todo el pueblo lo estaba, hasta las mujeres se giraban al verla pasar, la envidia tal vez, o la preocupación de no poder controlar lo que pensaban sus maridos a verla caminar.

Rocío apenas tenía dieciocho años, había nacido en Barcelona, pero los infortunios de la vida la llevaron  a vivir en San Jorge junto a su tía, quien se hizo cargo de ella después de aquel terrible accidente que marcó su vida e hizo que tomara otro rumbo.

Su hermosura la había heredado de su madre, morena como ella, con rasgos latinos despertó pasiones en los hombres, los celos, furia y  la venganza hicieron predecir que no tendría un destino agraciado.

Había averiguado todo sobre ella, la había investigado, observado y deseado por las noches cuando por mi habitual insomnio no lograba conciliar el sueño. Creo que estoy empezando a amarla en silencio y a la distancia, porque mi cobardía y prejuicios me frenan a decirle la verdad.

A veces pienso de qué serviría que supiera que este amor que inunda mi corazón es puro y sincero, que la llenaría de besos y abrazos todo el tiempo y le daría mi vida si fuese necesario. Palabras absurdas y ocultas tras esta careta de vecino agradable, de hombre caballeroso que podría querer algún día tan solo como amigo, mentor o peor, como si fuera su padre.

Sus bailes me cautivan, me calman y a la vez me excitan, observo sentado,  tranquilo, sin emular gestos, ni expresiones mientras mi cuerpo se rinde ante el mas fogoso de las sensaciones, el deseo de lo prohibido, de lo lejano aviva aún más este fuego interior.

Al salir de la taberna me meto en la ducha, mi cuerpo sudoroso necesita refrescarse, cierro los ojos y calmo la hoguera que yace entre mis piernas hasta quedar saciado. Me estiró en la cama y solo puedo pensar en ella, en sus ojos verdes, en su sonrisa, en su rostro perfecto. Maldigo una y otra vez no haberla conocido en otra vida, en otro mundo, en otro año.

Cierro mis ojos y me dejo llevar por el cansancio, me adentro en un mar de sueños y navego por él de su mano, de la mano de Rocío.

El sol entra en mi ventana cada día, despierta mi mente y mi cuerpo, mi corazón quiere seguir soñando pero la realidad me trae de inmediato a mi vida, a mi casa y a mi habitación.

Cada mañana salgo a comprar el periódico, mi excusa para pasar por el bar tomar un café y con suerte saber algo de ella, tal vez verla y cruzar alguna palabra, no soy matemático pero de diez intentos solo obtengo un uno por ciento de acierto, no me sale rentable pero lo sigo haciendo.

-Hola Julio, buenos días, ¿le pongo lo mismo de siempre?

-Claro, para que vamos a cambiar, a esta altura uno ya tiene marcado los hábitos.

-Habla usted como si fuera un abuelo, todavía se pueden romper las reglas, cambiar el rumbo de las cosas, deshacerse de los costumbrismos y la rutina- Dijo Juan alegre como cada mañana.

-Carmen y yo vamos a ir a la feria del pueblo esta noche, vengase con nosotros,  la niña actúa en un espectáculo, está muy contenta, se comenta que viene un productor muy bueno de la capital en busca de talentos, y creo que esta es su oportunidad para que cumpla su sueño-

Mi corazón empezó a latir con fuerza, solté la taza de café y como un milagro no fue a parar al suelo, siempre me acercaba en busca de noticias frescas, pero esa no era la mejor para empezar el día. Me aterró la idea de pensar que Rocío podía marcharse de manos de un vendedor de promesas falsas buscando solo un acercamiento carnal. No lo podía permitir.

-Claro que iré, y ¿cómo se llama ese productor que dice Juan?

-Ernesto Saavedra, fue representante de algunos artistas importantes en la capital, eso nos ha contado Rocío, esta muy emocionada.

-Y Carmen ¿está contenta?, no permitirá que Rocío se vaya a conocer mundo sola siendo tan joven. Tengo que reconocer que fui sarcástico y atrevido, pero el nerviosismo hacía que ya no midiera las palabras.

-Carmen quiere que la niña sea feliz, que tenga lo que nosotros encerrados en el pueblo no pudimos hacer, vivir, soñar, luchar por lo que queremos. Nosotros tuvimos que conformarnos con trabajar y sobrevivir, es algo que le prometió a su a hermana que en paz descanse- Juan hizo un gesto con la mano simbolizando la cruz de cristo, se besó el pulgar y miró hacia atrás en donde había un recuadro con una foto de su mujer junto a Lidia.

-Bueno, luego nos vemos, voy a intentar trabajar un poco. Levanté la mano para saludar y esbocé una sonrisa falsa, estaba enojado, cabreado y lo peor es que sentía el miedo recorrer mi cuerpo.

Me senté en mi despacho, como era de costumbre no sentía inspiración para trabajar, estaba gastando lentamente mis ahorros y si no terminaba el libro la editorial me demandaría por estar fuera del plazo de entrega. Me habían encargado un ensayo sobre comunicación y las nuevas tecnologías, entusiasmado empecé el proyecto pero todo se truncó cuando mis sentimientos comenzaron a aflorar y a ocupar todos mis pensamientos.

El desencadenante de esta locura enfermiza que me atormenta fue la noche de navidad, su mirada dulce, su abrazo al saludarme, sus labios al rozarme la mejilla con un beso para felicitarme despertó en mí todo lo que había estado negándome.

La había visto crecer y no podía creer que pensara en ella como mujer, pero así era y no voy a dejar que nadie me la arrebate, sé que no es de mi propiedad y que mi amor es secreto, pero no puedo controlar lo que siento, la cordura ha desaparecido y el que manda es el corazón.

Rocío deseaba triunfar en el mundo de la música, bailar era su especialidad, como si hubiese nacido para ello. Había practicado para que el espectáculo fuese especial, innovador y llamativo, que era lo que buscaban los productores. Tenía la certeza de que sería elegida, que podría desarrollar una carrera profesional fuera de aquel pueblo.

Había dejado su vida personal para dedicarse sólo al baile, sus amigas salían, conocían chicos mientras que Rocío bailaba sin cesar. Amaba la música más que a nada en el mundo, era su escapatoria de la desgracia que la sacudió al morir su madre en manos de su padre.

Las circunstancias la habían hecho madurar de golpe y tenía claro sus prioridades y sueños y no iba a desaprovechar esta oportunidad, era su noche, era feliz, era Rocío Castro.

Preso de mi pánico empecé a tener ideas macabras y desagradables, movía mis dedos sin parar, caminaba por el salón, por la habitación y no hallaba respuestas, nada calmaba mi ansiedad. Decidí buscar su nombre en internet, ver su rostro y su curriculum tan prestigioso como lo describía Juan.

Al aparecer su fotografía en pantalla mi alma se desvaneció en un solo suspiro, era guapo, verdaderamente guapo, atractivo, fibroso, con ojos que encandilan, con una sonrisa que encajaba a la perfección con las facciones de su cara.

Cómo iba a competir yo con ese guaperas, me cuestionaba, pregunta irónica si recordaba que tenía cuarenta y ocho años. Mi barriga marcaba cierta distancia con el escritorio en mi despacho, mi pelo ya estaba casi un cincuenta porciento de color blanco y mi cara tenía líneas de expresión, que marcaban los signos de mi edad, de que el tiempo pasaba y era inútil enamorarse de algo imposible.

Tenía que evitar que conociera ese productor y no se me ocurrió mejor idea que intentar ponerme en contacto con él, ofrecerle mi casa para que descansase y disfrutara de la feria.

Soy conocido en la ciudad, mis libros se han vendido por todo el país e incluso dos novelas se tradujeron en tres idiomas. La fama nunca me gustó y busqué asilo en este pueblo, alejado de todo, con gente humilde y especial.

El reloj marca las diecisiete de la tarde, el timbre suena en mi puerta, camino hacia la entrada, con los pensamientos revueltos, sólo improvisaré, me dejaré llevar por lo que surja, jamás lo había hecho y era hora de intentarlo.

-Hola, bienvenido a San Jorge, esta es mi casa y durante estos días será la suya también- Saludé lo mas cordial que pude, disimulando los pensamientos oscuros que se cruzaban por mi cabeza.

-Me alegro de que el prestigioso escritor Julio River me reciba aquí. ¿esta es su guarida?.

-Sí, este es mi pequeño mundo, aquí surgen mis personajes, es más, estaba elaborando un personaje nuevo para una historia que tengo entre manos.

Mientras entraba en la trampa y dejaba su maleta en el salón preguntaba y observaba la casa, visto en persona era aún más atractivo de lo que había visto por la web.

-No quiero molestarle en su trabajo, si prefiere puedo ir a un hostal.

-Me ofende que piense así, no me interrumpe, me agrada hablar con gente que sabe identificar el talento en otras personas, ¿porqué ha venido a eso verdad?

-He venido a disfrutar de la feria, (dijo entre risas); me han dicho que hay una jovencita que tiene mucho desparpajo bailando y creo tener una oportunidad para ella, siempre y cuando logre cautivarme.

Cuando se refirió a Rocío mis manos se tensaron, mi respiración comenzó acelerarse y mis ojos no querían parpadear, sólo querían mirarlo fijamente, tal vez tratando de intimidarlo, hacerlo recular hacia atrás.

Mis intentos fueron fallidos, ni se percató de mi angustia y agresividad, se sentó en el sofá y sacó su móvil, comenzó a escribir unos párrafos. Inmediatamente se lo arrebaté sin pensarlo y en respuesta a su impulso por preguntar qué demonios estaba haciendo, me atajé contestando que esta experiencia era para vivirla relajadamente, sin interferencias tecnológicas, algo tranquilo, tradicional, como en los antiguos tiempos. Mi discurso sonó convincente, y más viniendo de un viejo solitario como yo.

Lo dejé en un cajón en mi despacho, toqué su hombro y sonreí- tranquilo hombre que le aseguro yo que se puede estar desconectado un día del móvil.

Lo invité a conocer la casa, y a tomar una copa, y dejé para el broche final mi rincón preferido, un cuarto en donde me solía encerrar para recuperar mi concentración cuando aturdido no lograba entrelazar mis ideas, tenía un sofá color granate, una pequeña biblioteca con mis obras preferidas y una pequeña lámpara, era una habitación creada en la parte trasera de la casa, sin ventana ni conexión con el exterior.

Al entrar allí cerré la puerta con fuerza, Ernesto se sobresaltó y al girarse le atisbé un  palo en la cabeza que lo dejó inconsciente tendido en el suelo, un hilo de sangre formaba un charco alrededor de su cabeza. No era lo que había planeado, simplemente improvisé.

El amor tiene estas cosas, uno se deja llevar por impulsos, es preso de deseos incontrolables que se adueñan de tu mente, de tu corazón. Yo no hice nada malo, solo amar a la persona equivocada. Mentiría si digiera ahora encerrado en estas cuatro paredes que lo siento por que no es así, he defendido mi amor y he roto las reglas de la vida, pero un amor tan grande como el que yo siento no entiende de reglas y normas, sigue su curso, improvisa.

encerrado en estas cuatro paredes no me arrepiento de amar.

encerrado en estas cuatro paredes no me arrepiento de amar.

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Relato breve.

23/02/2015

Relato La Transformación

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Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara.

Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara.

 

Soñaba con una vida distinta en donde no existían las mentiras ni los engaños, dónde cada uno es lo que es y nadie juzga a nadie, donde todos se aman sin importar condición física, ni sexual, ni espiritual.

 

Sentada enfrente del espejo se iba desmaquillando poco a poco, las pestañas postizas eran guardadas con cuidado para poder usarlas nuevamente, los labios color rojo intenso volvían a ser pálidos. Los ojos ya no brillaban, los parpados no reflejaban luz, y el tono e piel había vuelto a su normalidad, donde se dejaban ver los poros abiertos de la abundante depilación con algunas rojeces.

Parecía una piel totalmente diferente, una cara distinta pero unos mismos ojos observando ambas facetas. El vestido ya se lo había quitado y estaba colgado en el armario, las medias que cubrían las piernas sostenidas con un portaligas color negro, se deslizaba lentamente hacia abajo, en un lento movimiento que la masajeaba y acariciaba a la vez. Las plataformas en el costado de la cama esperaban ser sustituidas por los zapatos color marrón número  cuarenta y uno que posaban a su lado.

Carla era  muy femenina con movimientos sexys culminaba su rutina de transformación,  le gustaba más la primera parte, en dónde se convierte en princesa, que la última cuando vuelve a la realidad en plena medianoche.

Con unos jeans puestos, una camiseta color azul y sus zapatos color marrón,  subió las escaleras que daban a la calle, a la salida del club Half.

– He Carlos, no te olvides que mañana cambiamos turno, tienes que estar aquí a las seis, no me falles- gritó desde la puerta Lorenzo mientras le guiñaba un ojo.

-No te preocupes guapa, aquí estaré, hasta mañana- Saludó levantando su mano y moviendo sus dedos delicadamente.

La noche estaba fresca, se arrepintió de no haberse llevado una chaqueta, lo último que quería era resfriarse en ese momento en donde su carrera estaba despegando.

Carlos había conseguido un papel en una revista teatral, protagonizaba un papel secundario pero muy influenciado por los personajes principales, por lo tanto salía en gran parte de la obra. También trabaja en un club de noche, con un show streeptis , por las mañanas aprovechaba para ensayar la obra.

El paso ligero hasta la parada del metro lo hizo entrar en calor, ya no sentía escalofríos, miró su reloj y vio que el metro no tardaría en llegar, en media hora estaría en casa.

Entró sigilosamente, tal vez intentando no hacer ruido, sin encender la luz dio los primeros pasos en plena oscuridad hasta que sus pupilas se acostumbraron y empezó a definir las figuras de los muebles del salón, su mente ya sabía el recorrido, la cantidad de pasos que debía dar, dónde girar, y encontrar así la puerta del dormitorio, eran varios años haciendo lo mismo, la práctica se había adueñado de su rutina convirtiéndola en algo perfecto, jamás topaba con nada, y el silencio permanecía constante en la casa.

Al entrar en la cama sintió el calor entre las sábanas, le sabía tan rico después del frío de la noche, al taparse y girarse hacia el lado derecho su postura favorita y más cómoda, un brazo cálido y cariñoso rodeó su cuerpo, un beso en la nuca lo hizo estremecer.

-Cariño que bueno que ya hayas llegado, que descases mi vida. Su voz era suave y fina, estaba entre dormida pero le gustaba aferrarse a su cuerpo, sentir su olor y su respiración.

-Que descanses tú también Bárbara.

Cerró sus ojos y se imaginó otra vida, la que siempre había soñado, en donde no existían las mentiras ni los engaños, dónde cada uno es lo que es y nadie juzga a nadie, donde todos se aman sin importar condición física, ni sexual, ni espiritual. Pero al despertarse se daba cuenta que ese mundo no era real.

-Buenos días, levanta cariño que llegarás tarde al trabajo, te hice el almuerzo lo tienes en una bolsa sobre la mesa. El desayuno ya está listo también.- Le dio un beso en la mejilla y acarició su rostro, su mirada era tierna y llena de amor.

-Enseguida me levanto- dijo girándose hacia el otro lado de la cama- luego nos vemos.

-Me voy a llevar a los niños a la escuela, luego haré la compra y pasaré por la tienda para ver si necesitan ayuda.

-Perfecto, nos vemos luego.-Aún no era capaz de abrir los ojos.

El horario de Carlos era variado, por las mañanas se levantaba en torno las ocho treinta y se marchaba hacia la casa de Roberto un amigo que le prestaba el piso para sus ensayos y para prepararse para el club, luego volvía a casa sobre las dos, comía con Barbará y volvía al club en torno a las seis o a las ocho depende del turno. Laboralmente estaba bien, ganaba lo suficiente para sacar adelante a su familia y vivir dignamente.

La vida de Carla era totalmente reducida, se limitaba al horario de seis de la tarde a pasadas las doce de la medianoche,  intentaba robar parte de la vida de Carlos, tal vez más tiempo siendo Carla, pero a veces era imposible, se sentía frustrada, quería ser libre, tener  más tiempo, disfrutar de la vida y no solo del club.

Al llegar a casa Bárbara preparó la comida, recogió la casa, y ansiosa esperó a Carlos a que entrara por la puerta, quería mimarlo y consentirlo después de tanto trabajo que tenía por la mañana en una obra de peón, y por la noche de seguridad en un solar apartado de la ciudad.

Sabía que Carlos trabaja duro para que ella y los mellizos fueran felices y no les faltara de nada, por lo tanto ella intentaría hacer lo mismo con él, cuidarlo y consentirlo todo lo que pudiera. Los niños comían en el cole, por eso la comida era su horario favorito en dónde podían estar juntos y tener cierta intimidad.

Al llegar a casa Carlos se dio una ducha y fue hacia la cocina, se sentó en la mesa.

-¿Cómo ha estado tu día hoy?

-Bien, un poco cansado, pero bien, ya tenemos la obra casi terminada.

-¡Qué bueno!, en la tienda de mi madre todo normal, he pasado por allí pero no había gente así que me he vuelto pronto a casa.

-Esta tarde me voy más pronto, necesitan en la empresa de seguridad que entre antes así que descansaré un poco y me marcho.

Carlos a penas probaba bocado, se sentía incómodo, era mucho tiempo fingiendo una vida de mentiras, que aunque quisiera decir la verdad no sabría por dónde empezar. Su rostro emanaba tristeza y resignación, mientras veía la luz que desprendía  Bárbara al mirarle.

Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara. Él la quería, habían sido novios de pequeños, creía que se había enamorado, pero un día se dio cuenta de que en realidad no estaba enamorado de ella,  sino más bien quería ser como ella, se había quedado encantado con su forma de andar, sus gestos, sus movimientos, su sensualidad, la admiraba, quería transformarse en ella. Luego llegaron los mellizos, Álvaro y Agustín que cambiaron su vida para siempre, lo ataron más a una vida que no quería tener.

-¿Estás bien?, te noto algo callado.

-No, tranquila solo que estoy cansado, intentaré dormir un rato antes de irme.

Se recostó en la cama, cerró los ojos y escucho los pasos sensuales de Bárbara al entrar en la habitación, iba sólo en ropa interior, se acercó y comenzó a acariciarlo y besarle, Carlos se dejó llevar pero en su mente estaba Carla, la verdad, las mentiras, la vida fingida, el trabajo inventado. No pudo continuar.

-¿Qué pasa?, ¿no te apetece?, llevamos tiempo sin estar juntos, sólo quería relajarte.

-No pasa nada, no me encuentro bien- comenzó a vestirse sin mirar a Bárbara a los ojos- tengo que marchar, luego nos vemos por la noche- la besó en la frente y salió de la habitación dejando un camino de aroma a su piel mezclado con perfume hasta llegar a la puerta donde se esfumaba todo rastro.

Bárbara no lo entendía, hacía tiempo lo notaba lejos, frío, comenzó a pensar e imaginar lo peor. – ¿Y si me está engañando?, ¿tal vez tenga otra mujer?, o sólo está cansado. Su cabeza comenzó a dar vueltas, buscando respuestas, inventando preguntas, encontrando escusas.

Revisó su armario, registró su ropa, sus cajones, su correo electrónico, pero no encontró nada, era una mezcla de alivio y preocupación porque no lograba averiguar porque Carlos ya no era el de antes, ya no sonreía, ya no era feliz.

Una mañana decidió seguirlo a la obra, su rostro quedó pálido al verlo entrar en una casa, que no era precisamente una obra en construcción, su corazón palpitaba sin parar, y sus ojos se llenaban de lágrimas, -lo sabía, tiene otra familia, otra mujer- pensó.

Caminó despacio hasta la entrada de la casa, quiso asomarse por la ventana pero temía que la vieran, rodeo el jardín lentamente agachada y sin perder de vista la puerta principal. Cuando encontró un lugar cómodo fuera del alcance de cualquier observador  que la sorprendiera, escuchó voces, eran en forma de versos, tal vez diálogos, no entendía muy bien lo que se decía pero era la voz de Carlos, podía reconocerlo. Sus lágrimas caían por sus mejillas y una impotencia y rabia se adueñó de ella, quería saberlo todo, estaba dispuesta a enfrentarlo cuando al asomarse por la ventana  su corazón dio un vuelco, se quedó sin respiración, la vista se nublaba y sentía desvanecerse, se sostuvo de los barrotes de la ventana y lo único que pudo decir fue -¿Carlos eres tú? -Cayó al suelo semiinconsciente, intentando imaginar que estaba en un sueño, que no era verdad lo que había visto.

Carlos al verla desplomarse salió corriendo de la casa y la sostuvo en sus brazos, la purpurina reflejaba los rayos de sol en su cara, su rostro maquilado a la perfección y con cierta exageración se enmudeció, la miraba, la acariciaba, no se atrevía a decir su nombre. Arrodillada y con Bárbara entre sus brazos, Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

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Relato breve.

11/09/2014

Amor entre Llamas

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Estaba deslumbrada ante tanta belleza, no esperaba a nadie y ahí estaba él, parado frente a ella, con cara de felicidad

 

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse,  podía sentir el olor a humo, y  un calor intenso.

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse, podía sentir el olor a humo, y un calor intenso.

 

Estaba sentada en el sofá de la casa leyendo un libro cuando sitió la explosión, los cristales de la ventana estallaron, en segundos sentía el ardor de esos diminutos pedazos de cristal incrustados en su piel.

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse,  podía sentir el olor a humo, y  un calor intenso. Había fuego en la casa, las llamas todavía no habían llegado al salón pero su intensidad se hacía notar. Tenía que ser rápida, moverse y pedir auxilio.  Se arrastraba por el suelo intentando levantarse, cuando lo consiguió se dio cuenta que sus piernas estaban débiles, apenas podía dar pequeños pasos.

El ventanal del salón había quedado destruido,  estaba en el piso número seis, la posibilidad de saltar era nula.

Ya comenzaba a sentir un pitido en sus oídos y a lo lejos podía descifrar una  sirena, sabía que venía ayuda, pero tenía que hacer algo, para alejarse de las llamas o para salir de allí.

Tosiendo sin parar trató de acercarse al baño, todavía allí no había llegado el fuego, encendió todos los grifos que pudo y colocó tapones para que el agua se acumulara. Mojó todo su cuerpo, el fuego avanzaba rápidamente, ya no tenía ideas, el temor se había apoderado de ella.

No era la primera misión de David, estaba formado y capacitado, llevaba 10 años formando parte del real cuerpo de bomberos.

El edificio estaba desalojado aparentemente no había víctimas, con excepción de Paula que atemorizada y casi sin fuerzas estaba escondida en el baño.

David ya había planeado el rescate, subirían con la escalera de la autoescala para ingresar por la ventana del salón, era riesgoso utilizar el ascensor o las escaleras interiores de edificio. El fuego se iba expandiendo de manera rápida.

La manzana había sido acordonada y cerrada, los vecinos de Paula que no eran muchos, ya estaban a salvo.

El humo se acercaba cada vez más, en cualquier momento podía quedar inconsciente. Ya casi no quedaba oxigeno.

El baño tenía una pequeña ventana circular, casi como del tamaño de la cabeza de una persona, estaba cerrada y el tiempo había hecho que se oxidara su estructura y era difícil de abrir, lo intentó en varias ocasiones sin resultados beneficiosos. Era el momento de abrirla o moriría asfixiada, la ayuda ya estaba en el edificio pero apenas podía respirar, se estaba desvaneciendo y  cerrando los ojos.

Se subió al bidé con escasa fuerza y empezó a golpear la ventana intentando abrirla, daba a un patio interior que ningún vecino utilizaba y que no estaba demasiado cuidado ni higiénico. Era su última esperanza. El intento fue fallido, no pudo abrirla, sentada en el baño, rodeada de agua, un sueño dulce y suave se apoderó de ella, la llevó a otra parte, lejos del miedo, del calor, y de la desesperación por no poder respirar.

Una luz intensa la deslumbró al abrir los ojos, sólo podía ver el techo color blanco y esa luz que no le permitía seguir explorando. Intentó moverse, entender lo que pasaba pero todo era confuso, miles de preguntas vinieron a su cabeza. Estaba cansada, adormecida, por momentos pensaba que estaba soñando, que ese lugar no era real. No se podía mover mucho, respiraba con dificultad.

-Buenos Días, señorita  Aguirre, ¿Cómo se encuentra?- era una voz dulce y pausada. Paula intentaba ver su rostro, relacionarlo con alguien o algo pero fue inútil.

-¿Quién es usted?, ¿Dónde estoy?

-Tranquila, vamos despacio, todavía está bajo los efectos de la medicación, tardará un rato en volver en sí, lo importante es que se ha despertado. Soy el doctor Carbajal, es un placer verla despierta, poco a poco iremos dando más detalles, ahora debe descansar, ya habrá tiempo para preguntas y respuestas- Se marchó despacio, vestía una bata blanca, y llevaba un accesorio de médico en el cuello.

Paula insistía en no volver a dormir y atar cabos sueltos, que hacía ella allí, qué había pasado, cuánto tiempo había pasado. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la luz del techo, podía ver a su lado izquierdo una maquina que marcaba varias cosas, números y rayas desiguales, algunas encorvadas. En el frente un ramo de flores  blancas, que daban vida al espantoso lugar dónde se encontraba.

Los recuerdos venían a su cabeza y se iban rápidamente, pasaban muy de prisa, recordaba cuando era niña jugando con su padre, cuando se partió un brazo y estaba en un lugar similar pero con la cara de su madre mirándola, y mimándola en todo momento. Ahora se encontraba sola, confusa e intrigada por quién había enviado flores, tal vez sean decoración de la habitación pensó.

Movió su mano y vio que tenía varias pinchaduras en el brazo, el suero conectado, le impedían que lo pudiera mover con facilidad. Le dolía todo el cuerpo, como si un camión hubiese pasado por encima de ella, sentía ganas de levantarse, incluso tenía la boca seca, deseaba beber una coca cola o un refresco azucarado.

La puerta se abrió y entró una mujer  con una enorme sonrisa en la cara, se dirigió a su brazo izquierdo le tomó la tención y la fiebre, las muecas en su cara aparentaban que estaba todo bien.

-¿Qué día es hoy?, preguntó despacio.

-Ya puede hablar, esto va por buen camino, me llamo Claudia, soy la enfermera que está de guardia hoy, cualquier cosa que necesite presione este botón de aquí – dijo señalando un pequeño aparato situado al lado de su mano derecha.

– Hoy es martes, a media mañana vendrá el doctor para hablar con usted, no se esfuerce en hablar  por el momento, guarde energías, pronto obtendrá todas las respuestas.

El tiempo pasaba lentamente, estaba un poco desconcertada intentaba recordar lo que había hecho el día anterior o bien el último día antes de entrar en el hospital pero no era capaz.

Escuchó voces que se acercaban, la puerta se abría lentamente.

-Hola señorita Aguirre-

-Vemos que ya está despierta y lúcida- acercó una silla y se sentó a su lado, llevaba la misma bata blanca que por la mañana temprano.

-¿Recuerda su nombre?

-Sí, me llamo Paula, ¿qué hago aquí?, ¿qué pasó?

-¿No lo recuerda?

-No, es todo muy confuso, tengo sensaciones pero no puedo saber qué es lo que pasó.

-No se preocupe es normal que su mente no lo recuerde, a veces los efectos traumáticos quedan ocultos en nuestro subconsciente hasta que nuestro cerebro se encuentra preparado nuevamente para traerlos al presente. Con tiempo ya irá recordando.

-Pero cuéntemelo usted, ¿cuándo vine aquí? , ¿Qué fecha es hoy?

– Hoy es martes once de febrero del año 2014, son las trece horas.

Paula pensativa no sabía qué decir, estaba asimilando la información pero se sentía tan confusa que hasta tenía ganas de llorar.

-Ha sufrido un accidente en su casa, hubo un incendio que la dejó inconsciente por una intoxicación  a causa de una combinación de gases tóxicos  debido al denso humo. Ha sido muy Valente Paula, y muy inteligente, si no se hubiese protegido como lo hizo tal vez hoy las cosas serían diferentes.

-Ahora le traerán la comida y luego podrán visitarla. ¿Desea que llamemos a alguien en especial?, no encontramos demasiada información de su entorno.

Paula pensativa y atónita, dijo -¿quién ha traído esas flores?

-Son de parte de David, es el bombero que la rescató, ha estado muy preocupado por usted-

– No quiero ver a nadie, prefiero estar sola-

Al salir el doctor dejó un aroma a perfume que hizo deleitar a su nariz, se perdió su cuerpo a través de la puerta desprendiendo un gesto de cariño con la mano. ¡Qué dulce! pensó Paula.

Eran las catorce horas cuando sonó el teléfono móvil, metió su mano al bolsillo, le costó encontrarlo ya que era muy pequeño para tan ancha y profunda abertura.

-Hola, ¿diga?

-Buenos Días, ¿con el señor David Bonet?

-Sí, soy yo-

-Le llamo del Hospital San Jorge, este es el número de contacto que hay para la paciente Paula Aguirre, la señorita se ha despertado hoy por la mañana, se encuentra estable y fuera de peligro-

-Perfecto qué buena noticia, ¿a qué hora puedo pasar a verla?, ¿en qué habitación se encuentra?

-La  trasladamos a planta baja, puede venir a partir de las dieciséis horas, en recepción le informarán, hasta luego.

-Hasta luego alcanzó a decir cuando la enfermera ya había colgado del otro lado.

La sonrisa de David se expandía sobre su rostro dejando ver sus dientes blancos impecables que hacían contraste con su piel morena y bronceada. Al subir a la oficina habló con su jefe, le comentó la noticia y se tomó la tarde libre, se lo debían. David era un hombre muy responsable, comprometido con su trabajo y con la gente al cien por cien. Era ágil, rápido y muy dinámico, sabía por dónde tirar en cada caso y estaba físicamente muy bien entrenado. Era exigente consigo mismo, su entrenamiento y rutina diaria habían formado un cuerpo que parecía esculpido por un artista. Solidario y vacilón cómo se definía en varias ocasiones había posado para calendarios benéficos en ropa interior y sin ropa.

La cabeza le giraba a mil por hora, ¿cómo qué se había incendiado todo?, sus  cosas, sus libros, su trabajo. Seguro no quedaba nada de aquello. Ese piso tan antiguo era su refugio, el lugar perfecto para ocultarse de este mundo que tantas decepciones le había dado. Se había diseñado su propio búnker como ella solía decir.

Paula era escritora, siempre le había apasionado la literatura, sobre todo la poesía, desde pequeña escribía por los rincones de la casa en vez de jugar con muñecas. Era una chica muy bohemia y solitaria, ella creaba su propio mundo interior entre verso y verso.

A los veinte años se quedó huérfana, sus padres fallecieron en un accidente de coche, fue el día más triste de su vida, ella era fuerte, sabía salir adelante, pero se hundió en su interior y el dolor se apoderó de ella alejándola de cualquier entorno normal de la vida cotidiana.

Trabajaba en una revista literaria on line, escribía poemas y también una columna de reflexión, lo que ganaba le alcanzaba para subsistir, le había quedado un mínima herencia que lo había invertido en aquel piso,  el edificio era antiguo y su interior aún más, pero ella encontró paz allí dentro y quiso quedarse, se ajustaba al precio que podía pagar. Quería una vida libre de exigencias de la sociedad y sin ataduras ni compromisos, tanto económicos como sentimentales.

Paula se había quedado sola en el mundo, no tenía relación con antiguos familiares, y tampoco había cosechado un círculo de amistades, sabía perfectamente que lleve el tiempo que lleve en el hospital a nadie le importaba su ausencia.

Los ojos de Paula se sobresaltaron cuando inmersa entre tanto recuerdo, sintió un leve golpe en la puerta.

-¿Se puede entrar?, asomando su cabeza con el pelo excesivamente corto, pareció iluminar toda la habitación con su ojos verdes, entró David lentamente sonriendo.

-¿Quién eres?, preguntó, estaba deslumbrada ante tanta belleza, no esperaba a nadie y ahí estaba él, parado frente a ella, con cara de felicidad. No podía creer que alguien se alegrara de que estuviera bien. Entre tanta soledad era un punto de apoyo que seguramente le aclararía las ideas, que haría que su vida vuelva a encajar.

-Me llamo David, soy el bombero que te rescató en tu piso, te he traído algo, espero te guste. No nos conocemos y no sé tus gustos pero para que tengas compañía- Le dio una bolsita de color rosa de la cual asomaba un poco de papel con textura suave y unas orejas largas.

Paula no podía dejar de mirarlo fascinada, estaba sintiendo algo que nunca había sentido, pensaba en qué le había pasado, en si su accidente había provocado un cambio en su personalidad, en su vida, o tal vez se había dado cuenta que estaba viva, y que debía aprovechar esta segunda oportunidad.

-¿Me ayudas a sentarme por favor?

– Si claro- Se acercó a ella y tomó un almohadón levantando su espalda lo colocó detrás para que estuviera más cómoda. Pudo sentir su piel, la notó suave, cálida.

– ¿Y? ¿No lo abres?

Sacó de la bolsa un conejo de peluche color gris, tenía las orejas largas y caídas y la expresión de su cara y su morro era graciosa. Paula soltó una sonrisa.

-Ya hace tiempo que dejé de jugar a las muñecas, me gusta mucho, si me ayudas lo colocaremos aquí encima de la mesilla, para que esté a mi lado. Muchas Gracias. Creo que con haberme salvado ya es suficiente, has cumplido con la sociedad.

-Fue gracias a ti, si no te hubieras escondido en el baño y no hubieras hecho lo que hiciste… No terminó la frase. –Bueno no vine a hablarte de eso, ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?

-Bien, hablando con el desconocido a cual le debo la vida, y un regalo, esbozó una sonrisa. Era impropio de ella, hablar con ironía, reírse y estar alegre, más bien era apagada, triste y directa. ¿Qué había pasado con la Paula de antes?, estaba sorprendida de sí misma y nerviosa. No quería que él lo notara.

– Cuéntame ¿cómo pasó todo, qué provocó la explosión?

David la miraba con ternura, parecía tan frágil e indefensa, tenía ganas de abrazarla, de mimarla y protegerla.

-Fue un escape de gas en la tubería, la estructura del edificio era antigua y no se había realizado el mantenimiento correcto,  afectó tu piso y algunos de tus vecinos que por suerte están todos bien.

– ¿Sueles visitar a todas las personas que salvas?, después que soltó la pregunta se arrepintió, sus mejillas se sonrojaron y un leve calor envolvió su rostro.

– No suelo hacerlo, ni puedo hacerlo- dijo riéndose, la miraba a los ojos y parecía el mundo detenerse, como si se entrelazaran y no pudieran separarse.

-Disculpa si soy imprudente, es qué estoy bastante confundida, parece que he olvidado comportarme.

-No digas  eso, no me ofende, ¿ha venido tu familia a verte?

-Lamentablemente no va a poder ser, creo que eres mi única visita. Su cara era de pena y resignación al mismo tiempo.

-Lo siento mucho, ahora el impertinente soy yo, te toca a ti perdonarme. Le guiñó el ojo tratando de zafar de la situación.

-¿Todo quedó destruido? ¿Se pudo salvar algo?, tenía mi trabajo allí, todas mis cosas, ahora ya sí que no tengo nada. Bajó la mirada.

-Me tienes a mí, vendré a verte mañana, no puedo contarte mucho, el médico me dijo que no te agobie con lo sucedido y yo soy muy obediente- Dijo riéndose y derrochando ternura y dulzura al hablar.

Con un gesto con la mano se despidió, ella hubiese preferido un beso, pero se conformaba, con cerrar los ojos y recordar su rostro. Se desvaneció en la cama intentando despejar su mente y descansar, solamente recordándolo a él.

El mundo que tanto había criticado, la religión de la cual había renegado, le estaban dando una segunda oportunidad, debía aprovecharla tal vez en recompensa de lo duro que fue estar sola tanto tiempo.

El sol entraba por la ventana, hacían brillar las cortinas blancas que caían hasta el suelo, el doctor Carbajal había prometido  que si todo marchaba bien se podría ir esa misma tarde, ya había pasado un mes desde que se había despertado, aún no recordaba nada de lo ocurrido. El seguro le había conseguido un piso en el centro, amueblado y se le había abonado una indemnización para que comenzara de cero. No era mucho pero para llenar el armario y la nevera le alcanzaría. Llamó a la revista en la que trabajaba para explicar su ausencia, ella trabajaba como freelance , por lo que no tenía contrato fijo, en cuanto consiguiera un ordenador y retomara su vida, volvería con su ritmo de trabajo.

Al salir del hospital y respirar el aire fresco sus pulmones se llenaron de más vida, se sentía libre, fresca y contenta. Tenía que pasar por el supermercado y algunas tiendas antes de ir a su nueva casa. De camino al centro comercial decidió cambiar el rumbo, se tomó un taxi  y se dirigió a su antiguo barrio, necesitaba ver lo, tal vez así recordaría.

El edificio seguía en pie pero estaba precintado y lo cubría toda una malla color verde, su ventana no se podía ver. Un suspiro viajó por su pecho, algunas lágrimas cayeron por sus mejillas.

Sintió una mano que tocó su hombro, hizo que diera un sobre salto, al darse vuelta David secó sus lágrimas, con sus dedos de forma delicada, y se fundieron en un beso apasionado, lleno de fuerza y vida.

-¿Cómo te has ido del hospital sin mí?

– Necesitaba pensar,  lo siento, ¿Cómo sabías que estaba aquí?

Le dio la mano y no se separó de ella ni un segundo. Paula nunca recordó lo sucedido, pero rehízo su  vida y descubrió que a veces estamos muertos en vida y que no lo merecemos, tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

Tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

Tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

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Relato breve.

08/09/2014

El Sueño

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He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

 

Estaba nerviosa, el Doctor  López me hizo pasar a la consulta  saludándome muy amablemente, su gesto cercano al abrir la puerta y su mirada dulce hizo que me sintiera más cómoda. El despacho era grande, muy amplio, había un escritorio grande de color marrón oscuro,  con un sillón grande que seguramente cubría toda la espalda al sentarse.  Enfrente había dos sillas más pequeñas, no parecían tan cómodas cómo el sillón.

Me hizo señas con la mano hacia un sofá que estaba en el lado derecho del despacho, al sentarme, noté su suavidad, él me miraba de una forma especial. Estaba acostumbrada a estar con hombres y nunca nadie me había mirado así, con ternura y simpleza. Ni mis curvas extravagantes, ni mi gran escote habían provocado nada en él.

Tenía el pelo canoso, un hombre adentrado en cierta edad, era normal que sea prudente con sus pacientes. Podría ser mi padre, tal vez era así como me miraba como un padre.

-Bueno señorita Arantxa, ¿qué es lo que la trae a esta consulta?-, su delicadeza hacía que le mirara embobada en vez de prestar atención a mis verdaderos motivos.

– No sé, por dónde empezar, estoy un poco nerviosa-

– Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda. -Prefería observar su rostro y sus gestos, así que desistí de su proposición.

-Últimamente no me encuentro bien, mi vida nunca ha sido fácil, pero estoy teniendo pesadillas todos los días, no puedo descansar bien-

-¿A qué se dedica?

-Soy puta, dicho vulgarmente, ejerzo la prostitución como medio de subsistencia, para mantener a mi hijo y a mi padre- Observé detenidamente su rostro y no se sorprendió de mi oficio. Tenía razón Susana cuando me dio su número, no me siento incómoda.

-¿Sobre qué sueña?

Eso es lo alarmante doctor, son pesadillas muy feas que no paran y estoy empezando a tener miedo. Yo vivo con mi padre ciego, está mayor y enfermo y tengo un hijo de seis años, se llama Lucas, es muy guapo y cariñoso. He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

El doctor seguía sin sorprenderse y con tranquilidad me preguntó cuándo habían empezado los sueños, y con qué frecuencia los tenía.

-Hábleme sobre su padre-

Cuando era pequeña mi padre Francisco me decía: – eres una princesa muy bonita y cuando seas mayor serás una hermosa Reina.

–          ¿Reina de qué? Preguntaba con curiosidad

–          Reina de tu propio mundo, de tu vida y tu futuro. Cuando llegue el momento te darás cuenta.

Esas palabras aún están en mí, luché con todas mis fuerzas para llegar a ese reino, para ser la máxima autoridad de mi vida, pero las cosas no salieron como pensaba, la vida es muy difícil, el mundo muy complicado.

Mi padre se quedó ciego a causa de un accidente laboral, la empresa no se hizo responsable, y la subvención  que le asignaron no le alcanzaba para vivir, mi madre huyó cuando yo era muy pequeña, no se adaptó a la vida familiar, y decidió seguir volando  abandonándonos a los dos. Él sufrió mucho pero siguió adelante por mí, para que no me falte de nada, y ahora me toca a mí hacer lo mismo.

-¿Se siente en deuda con Francisco?

-No – Su pregunta me tomó desprevenida y me quedé muda.

-Amo a mi padre, jamás le haría daño, quiero lo mejor para él.

-Yo no he dicho que no le quiera, simplemente pregunto si siente que es su responsabilidad, si siente que le debe algo-

Su tono de voz era sereno, mientras hablaba tomaba nota en una libreta que apoyaba en su regazo, me intrigaba saber qué anotaba, tal vez en un descuido si estiraba mi cuello podría leer algo.

-¿Cuántos años tiene su padre?-

Sesenta y tres, él está bien, sólo que la ceguera lo complica todo, ya se acostumbró a moverse por la casa, pero no puede hacer su vida de antes. Durante el día yo estoy allí. Hasta las nueve de la noche, cuando me voy al club. Vuelvo sobre las siete de la mañana.

-¿Tiene miedo de perder a su padre, Arantxa?-

No sé, supongo que sí, todo el mundo tiene miedo cuando se trata de perder a un ser querido.

-¿Cuénteme el último sueño que tuvo?-

Fue todo muy extraño, me desperté sudada entera y agitada, nunca había pasado tanto miedo. Era de noche, estaba muy oscuro, yo caminaba con prisa, miraba hacia atrás pero nadie me seguía, trotaba cada vez más rápido, de pronto corría con todas mis fuerzas pero no avanzaba, intentaba mover mis piernas más rápido pero ahí seguía en el mismo lugar. Miró mis manos y tenía sangre en ellas, no entendía que había pasado. Aparecía mi casa a lo lejos, caminaba hacia allí, estaba la puerta abierta, los llamaba y no contestaban, y de repente estaban  tumbados en el suelo, miraba mi mano y ya no sólo tenía sangre si no, que tenía unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho, sin parar. En ese momento me desperté. No pude evitar alterarme al recordarlo, un escalofrío en mi cuerpo me hizo tocarme el pecho y desear colocarme una chaqueta encima.

-¿De qué tiene miedo?, ¿Cree que en realidad puede llegar a convertir en realidad sus sueños?

-No lo sé, a veces me siento cansada de todo, trabajar en la noche no es fácil, y cuando llego a casa muchas veces no puedo descansar, me siento sola y agotada-

-Tal vez ahí están sus respuestas, lo que siente es agotamiento y estrés, y su cuerpo lo está manifestando a través de sueños.  Se ha terminado por hoy, la espero el jueves, intente descansar, y relajarse-

Hablar con él me ayudó bastante, si bien ya sé que estoy agotada y cansada de todo, no es necesario pagar sesenta euros para que me lo diga un psicólogo. Me tengo que ir a casa rápido, ya esta anocheciendo, debo hacer la cena y preparar a mi padre para la cama.

Al llegar a casa, vi la  puerta abierta, me extrañó porque le tengo dicho a Francisco que no salga si estoy fuera de casa, al entrar había unas sillas tiradas sobre el suelo, me asusté, comencé a llamarlo a gritos a ambos, mientras recorría la casa, mi corazón latía fuerte, me faltaba el aire.

La cara se me descompuso al sentir un fuerte olor nauseabundo que venía de uno de los cuartos, sentía miedo, tanto como lo había sentido en mis sueños. Me miré las manos, temblaban pero estaban limpias no tenían sangre. Abrí lentamente la puerta, tuve que taparme la nariz porque no se podía respirar del fuerte olor.

Mi cuerpo se desvaneció, cayendo de rodillas, mis ojos brillaban pero no salían lágrimas de ellos, el silencio se apoderó de la situación.

Cuando pude recomponerme cerré la puerta con cuidado, y me dirigí al salón, cogí el teléfono y marque el número de Susana, mi amiga.

– Hola Arantxa, ¿Cómo estás?- contestó en el tercer tono.

– He vuelto a tener el mismo sueño-  dije mientras miraba la caja del costurero abierto sobre la mesa, estaba todo en su sitio, lo único que faltaba eran las tijeras.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

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Relato breve.

25/07/2014

La Sombra Humana

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El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido

 

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara, en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara decidió tomarse un café bien cargado esa mañana, iba a ser duro su trabajo. Había decidido estudiar psicología porque le encantaba escuchar y estar en contacto con la gente. De pequeña observaba a las personas y veía en ellas cosas que otros no eran capaz de descubrir.

Había dejado los informes en el despacho de su jefe la noche anterior, y por la mañana más bien entrar vio la lista de los despidos en su mesa.

Clara había trabajado en una consulta propia, pero el alquiler del local era bastante caro para lo que ella ganaba con sus pacientes así que tuvo que dejarlo, en casa no podía llevar gente ya que allí se encontraban sus padres y sus dos hijos pequeños. Estaba separada de su marido, y la crisis la había obligado a acudir a casa de sus padres, la vida estaba siendo dura, pero debía sacar a su familia adelante, sus padres mayores, cobraban una pensión que no les llegaba para mucho.

Muchas veces Clara se encontraba sola y triste, abandonada y acosada por las obligaciones y la responsabilidad.
Consiguió trabajo en una empresa de telecomunicaciones, primero la asignaron en la selección de personal, luego pasó a la administración de expedientes y diferentes formaciones. Más tarde llegó lo que tanto se temía, una reestructuración de la empresa que obligaba a desarrollar un plan de despidos. Le asignaron la tarea de informes de personal con el consecutivo despido. No podía creerlo, decirle a la gente que se quedaba sin trabajo y que pasarían a formar parte de la cola de desempleo era algo muy desagradable y sobre todo cuando no estaba de acuerdo con la política de la empresa.

-¿Susana Liendo?-

– Soy yo- contestó una voz tímida.

-Ven conmigo al despacho, ¿por favor?-

Susana dejó los papeles sobre su box, colgó el teléfono, y se dirigió al despacho de recursos humanos, sabía lo que le esperaba, lo presentía. Al entrar sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo, los vellos de su brazo se pusieron de punta.

-Siéntate por favor, hemos estado evaluando tu rendimiento a lo largo de este último semestre y cómo se ha notificado la empresa esta reestructurándose…
Sin dejarla acabar Susana rompió a llorar. Se tapó el rostro con la mano, no quería mirarla a los ojos.

-Soy el único sustento en mi familia sabe. Con mi sueldo comemos cinco personas, y un bebé. ¿Qué voy a hacer ahora?, ¿cómo le explico a mis hijos que no desayunarán o no cenarán porque no puedo alimentarlos?

-Lo siento mucho, sé a lo que se refiere, yo mantengo una familia también, pero no son decisiones mías, es política de la empresa.

-Puedo mejorar, puedo vender más, puedo intentarlo, por favor necesito este trabajo- Rogaba mientras sollozaba.

-Lo siento Susana, no son órdenes mías, es de arriba de dónde me indican el personal con el que debo hablar-

Clara intentaba excusarse, sabía que ella no tenía la culpa pero se sentía mal, porque conocía la situación, lo vivía en carne propia. Ella simplemente era una superviviente más en este mundo.

Susana salió del despacho con un clínex en la mano, estaba triste y abrumada, con la indemnización le alcanzaría para pasar un par de meses, debía encontrar algo rápido. Decidió no contarlo a su familia, no quería preocuparlos. Miró a sus compañeros y al sentarse en su silla, escucho a Clara decir:

-¿Sergio Gómez?, lo buscó con la mirada, tal vez intentando transmitirle compasión y fuerza, él agachó la cabeza y se dirigió al despacho.

La mañana fue muy dura, estaba destrozada, se encontraba descompuesta, inestable, al subir las escaleras hacia el segundo piso tubo que sujetarse de la barandilla porque las piernas le temblaban.

–       Hola mamá, te estábamos esperando, la abuela hizo macarrones con tomate y tengo mucha hambre. Luis era muy cariñosos con su madre, nada más llegar la abrazaba y la llenaba de besos.

–       Bueno, entonces antes de qué mueras de hambre, me refresco y nos sentamos a la mesa.

Clara a penas probó bocado, decidió que se recostaría un rato para intentar descansar, despejarse y olvidar un poco la situación. Más tarde debía ir a realizar los informes para el día siguiente.

Se acostó y mirando hacia el techo pensó en Susana. Cerró los ojos y lentamente fue conciliando el sueño.

Al bajar del coche en el aparcamiento notó que tenía una raya nueva, o al menos ella no se había percatado de ello, le paso la mano intentando borrarla pero fue imposible. Pensó que en algún momento lo habría rozado con algo sin darse cuenta.

Subió al despacho y buscó los expedientes que le habían asignado desde recursos humanos para ese día, debía analizarlos y realizar un informe con los parámetros de ventas anuales, antigüedad, rendimiento, entre otros. No se sentía concentrada, el primer día de notificación al personal la había dejado en shock, ella sabía controlar sus sentimientos, pero estaba conmocionada, en el fondo se sentía culpable.

Miró el reloj de pared en la oficina, marcaba las nueve, le faltaba cerrar unos últimos datos e imprimir los informes.

El personal ya había abandonado la central, su despacho era el único con luz encendida. Dejó los informes a su jefe y bajó las escaleras con prisa. Se había hecho demasiado tarde. El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido, miró hacia los lados y no había nadie, con cada paso giraba su cabeza tratando de abarcar el máximo de espacio posible, no se veía nada ni a nadie.

Cuando de repente sintió un fuerte golpe en la cabeza, cayó desplomada al suelo, su cabeza vibraba y su vista era borrosa. Alcanzó a notar una figura humana frente a ella, tenía la cara cubierta, iba vestido de negro.

-¿Qué es lo que quiere? No tengo dinero.

– Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya.

– No sé de lo que me habla- Clara intentaba recomponerse sentándose. El miedo y la incertidumbre se habían apoderado de ella.

– La sombra humana sacó un arma y dispuesto a disparar le dijo: -lo siento-

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso, podía moverse lentamente, se tocó el hombro y vio cómo brotaba sangre, intentó taparlo presionando, el dolor la hizo gemir.

Necesitaba ayuda, estaba asustada pero a la vez viva, ahora lo entendía, ¿era una venganza o una advertencia?

Pudo caminar débilmente hacia la salida, la ayuda no tardó en venir.

La bala se introdujo en el hombro, no afectó ningún órgano vital, cuando se recuperó presentó su dimisión y fundó una asociación para ayudar a víctimas de la reestructuración laboral. Conoció el amor y se volcó en su trabajo como psicóloga de manera voluntaria en zonas precarias.

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

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Relato breve.

08/07/2014

Cielo Azul

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Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

 

Desamparada no sabía que hacer, no sabía a dónde dirigir la mirada, aquellos ojos verdes que brillaban al sol, casi lagrimosos de tan solo recordar que su amor no estaba, que nunca volvería, que la había abandonado para siempre.

Cómo duele amar pensó, como cuesta olvidar y sanar las lastimaduras de un amor perjudicial y dañino. Cómo no me dí cuenta antes, se reprochaba a sí misma, había tantas señales que intentaban abrirme los ojos, y yo estaba ciega.

Nancy  entraba y salía de su terraza sin parar, se sentía en una mezcla de tristeza y ansiedad, tenía miedo de estar sola, de quedarse inmersa en la soledad eterna, no se veía capaz de volverse a enamorar ni de querer tan profundamente a alguien. Tal vez lo que más temía era que nadie la quisiera nunca, estaba convencida que Jesús nunca la había amado verdaderamente, y ya era tarde para estar buscando amores, pensaba que era mayor para tonterías de enamoramientos y menos con un corazón roto.

El salón de la casa era grande, tenía un sofá color crema y unos sillones individuales haciendo juego, ella era muy ordenada, le gustaba tenerlo todo conjuntado y combinando colores,  había una estantería pegada a la pared  llena de libros, le encantaba leer.

Se desplomó en el sofá dejando caer su cuerpo, meditando sobre su vida, sobre el engaño y las mentiras. Ella sabía que tenía algo dentro que le costaba expresarlo, que no lo podía definir pero que la inquietaba, reconocía que estaba dolida, pero aquello iba más allá del dolor. Se pasó la mano por la frente secando gotas de sudor frío, estaba nerviosa, se encontraba inestable, intentó cerrar los ojos, relajarse y olvidar.

Aparecieron las imágenes de aquella mujer morena, alta y más joven que ella, con un cuerpo de modelo a juzgar por el criterio de Nancy, a esa imagen se le acercaba una sombra en un principio era pequeña pero a medida que avanzaba se iba haciendo más y más grande, hasta que aparecía físicamente la imagen de un hombre, era Jesús  que abrazaba esa cintura delgada, acercando su rostro al de ella, penetrando sus labios en aquellos labios color rojo, tan llamativos como lo era ella entera.

Abrió sus ojos de repente intentando borrar lo que había visto esa tarde, pero sentía que era imposible. La rabia se mezclaba con el dolor y con la impotencia de no poder hacer nada.  Nancy tenía cincuenta años, trabajaba en una panadería haciendo pan, para ella era el mejor pan de la ciudad. Toda la vida había trabajado en la misma panadería era como de la familia, pero ella se sentía sola, no tenía hermanos y sus padres habían fallecido hacía bastantes años.

Su cuerpo era dentro de lo que ella denominaba normal, era más bien baja de estatura y con algunos kilos de más, era imposible resistirse a comer bocados y pastas en el trabajo. Había dedicado su vida a amar, cuidar y complacer a Jesús, incluso en la decisión de no tener hijos, para tenerse siempre el uno al otro. Saltaron lágrimas de sus ojos y sus puños se encogieron con fuerza demostrando indignación.

Después de secar su rostro y adoptar una conducta más tranquila pensó que no tenía nada que perder, porque lo único que había tenido en su vida, ya no era de ella. Se levantó,  retocó su maquillaje y salió de casa.

No iba a volver a enamorarme, era demasiado daño el que sentía, pero tampoco me voy a hundir sola, voy a caer muy bajo pero dos personas caerán conmigo, fue el pensamiento en su mente que despertó el odio que había acumulado, eran señales que había evitado pero que todo el tiempo le habían indicado que acabara con todo de una vez, que las personas cometen errores y que se arrepentirán de ello.

No quería conducir así que tomó un taxi.

– Al centro por favor- dijo subiendo al coche  sin mirar al chófer.

Al bajarse se dirigió a la calle central, dónde se alojaban la mayoría de las tiendas,  buscaba una en particular, cielo azul era su nombre, era una tienda de accesorios y ropa de bebé.

Al entrar por la puerta,  los ojos de la dependienta demostraron sorpresa, justo lo que Nancy  buscaba.

– Hola Soy Nancy- dijo con un tono seguro y con los ojos mirando fijamente a Diana, la dependienta.

El establecimiento estaba vacío, era la oportunidad perfecta de completar el plan.

– Sé quién eres, ¿qué buscas?-

Nancy se acercó lentamente sin dejar de mirarla y cuando la tubo tan cerca, como cuando su marido la abrazaba, le  introdujo un cuchillo en el abdomen derecho, con más fuerza se desquitó y propició otro cerca del hígado, y así hasta cerca de veinte puñaladas, desatando una furia incontrolable, una fuerza que no sabía de dónde salía pero que le daba la energía suficiente para seguir y seguir.  Estaba fuera de sí, no pensaba en nada, no veía nada. Las imágenes que aquella tarde la acechaban habían desaparecido.

Nancy salió del local número tres, Cielo Azul, teñida de rojo. Se sentó en la puerta, estiró su brazo y a la altura del codo realizó un corte profundo desangrándose en pocos minutos.  En su bolsillo había una nota que decía:

Yo ya no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío, Jesús eres un asesino. 

 

cropped-images9.jpg           20 puñaladas

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Relato breve.

04/07/2014

Secuestradas

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No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

 

No entendía a donde estaba, me encontraba aturdida, perdida, me sentía inestable, las piernas me temblaban, el corazón me latía muy rápido.

Mire a mi alrededor y estaba todo casi oscuro, podía distinguir unas  vigas de madera que eran como columnas, tenían aspecto viejo y antiguo. Tardé varios segundos en reaccionar y darme cuenta que estaba con las manos y los pies atados, lo que recorrían mis muñecas eran trozos de cuerda de tendederos de ropa.

¡Oh dios!, ¿qué hago aquí?, ¿qué me pasó?- me pregunté una y otra vez.

Me dolía mucho la cabeza, sentía miedo de gritar, hasta de preguntar algo en voz baja por si se encontraba alguien allí,  observándome.

No había mucho por reconocer a mi alrededor, estaba sentada en una cama pequeña, sobre una manta que olía a humedad y a guardado, más bien todo el lugar olía a rancio.

Por lo menos estoy vestida, quiere decir que no me han violado, o al menos eso intento creer.

Vamos , trata de  recordar ¿qué estabas haciendo, cómo has terminado aquí?, me lo ordenaba a mi cerebro pero estaba tan confundida que no había respuesta, los ojos se me llenaron de lágrimas ante la impotencia, sentía miedo, y aunque en ese momento no lo hubiese reconocido estaba intrigada.

Traté de tranquilizarme y observar el máximo de cosas que pudiera, lo que sea, guardarlo en mi memoria y luego usarlo en contra del enfermo que me ha hecho esto, esto puede ayudarme a sobrevivir, esta historia ya la conozco, la he visto millones de veces en programas de televisión, leído en periódicos, y  novelas detectivescas, de secuestros y muertes. Claro, que no es lo mismo vivirlo en persona, en las películas siempre atrapan al malo y salvan a la chica. Ojalá fuera un mal sueño, hasta lo dejaría pasar si fuese  una broma.  Pero es real, tan real como la agonía de la incertidumbre y el miedo de saber más.

A mi lado hay una mesilla, parece de madera, en ella, hay un vaso grande  de plástico apoyado, es de CoKa Cola, alcanzo a ver sus letras blancas  grandes.

El silencio de la habitación me desespera, me pone nerviosa, me deja aún mas muda, mis cuerdas vocales están tensas casi que ni puedo tragar saliva.

 

-Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir-

Me quedé helada del pánico, el corazón me latía a mil por horas, y un calambre en mi estómago se desparramó por todo mi cuerpo. Ví una sombra acercarse, escuche unos pasos delicados, lentos, tenebrosos.

-¿Qué quieres de mí, qué me vas a hacer?- Alcancé a decir con un hilo de voz.

Soy Lina, me recuerdas a mí el día que llegué, estaba tan confundida y asustada.

-Déjame ir por favor, haré lo que me pidas-

-Yo no te traje aquí, hace tanto que no hablo con nadie-

¿A ti también te tienen secuestrada? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Quién nos tiene encerradas?

Tranquila, te desataré así estas más cómoda, ¿puedo?- me preguntó mientras se acercaba a mí.

Me tomó las manos con suavidad y comenzó a desatar el nudo que las rodeaba, las tenía doloridas, de tanto forcejear con ellas para desatarme sola.

No sé, si confiar en lo que me dice, ¿y si es ella quién me tiene encerrada? Al fin y al cabo no recuerdo nada de cómo llegué aquí, me siento como en una de esas noches de borrachera, que bebes sin parar y ni recuerdas cómo llegaste a casa al otro día, presa del malestar estomacal y anímico.

Me desató los pies con la misma suavidad, tenía un aspecto gélido, estaba delgada, desarreglada, más bien olía a sudor, su cabello era rubio y lleno de risos, entremezclados con suciedad, se notaba que esa melena llevaba tiempo sin pasar por una limpieza.

 

-No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas,  ni noches, es como estar en tiempo muerto, sólo sé, que me llamo Lina, ¿y tú?-

-Me llamo Pandora, estoy muy mareada-

Los ojos se me cerraban de a ratos y todo me daba vueltas.

-Será mejor que descanses ya tendremos tiempo de hablar, si aquí lo que sobra es tiempo-

Sus brazos me taparon con la manta que había en la cama y su mano me acarició la cara, me sentía incómoda pero no podía reaccionar, estaba débil, sin fuerza, tal vez drogada porque no podía ni pestañar, caí en un sueño profundo con la esperanza de despertar en casa, en mi sofá color rojo…

 

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

 

 

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Relato breve.

03/07/2014

Instinto Animal.

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Se sentó y dejo la taza en un tamborete que había a su lado, estaba lleno de revistas de interés general.

Se sentó y dejo la taza en un tamborete que había a su lado, estaba lleno de revistas de interés general.

El reloj marcaba las 18:00 horas cuando Bruno regreso a casa después de un día de trabajo largo y agotador en la Biblioteca Municipal San patricio.

Nada más cerrar la puerta y asegurarse que ambos cerrojos estuvieran bien seguros; se dirigió a la cocina.

– Una infusión me vendrá muy bien para relajarme-pensó.  Descolgó una taza blanca que estaba colgada en la pared, todas ordenadas hacia el mismo lado y del mismo tamaño y color.

Abrió la puerta del armario, y saco una caja de color azul que decía Relax, era una mezcla de tila, azahar, melisa y hierba luisa. Colocó la caja en su estantería, a su lado se encontraban mas hierbajos todas ordenadas alfabéticamente: digestivo, línea, manzanilla; una al lado de la otra, todas bien cerradas y alineadas.

Saliendo de la cocina tenía un pequeño salón con un sillón individual negro, su aspecto era antiguo, pero estaba bien cuidado, sobre sí tenía un almohadón gris a cuadros.

Bruno siempre se había preocupado por el orden de la casa, lo tenía todo perfecto, o bien eso intentaba, nada podía estar fuera de línea porque era un error grave que se pagaba con castigo, así estaba alimentada su mente, error lleva a auto castigo o sanción.

Se sentó y dejo la taza en un tamborete que había a su lado, estaba lleno de revistas de interés general, un surtido que iba de cultura hasta geografía del país; encendió la lámpara, la regulo para que el haz de luz diera sobre el libro que abrió.

Entre sorbo y sorbo terminó su té y dio paso al siguiente capítulo. Le apasionaba la lectura, si bien no tenia preferencia hacia un género especifico, leía de todo.

Esta vez se había decantado por la antropología, el estudio de la naturaleza animal del ser humano, ya que creía que en el fondo, todos al nacer somos animales sin adiestrar, la cultura, la sociedad, el mundo en sí, nos va adiestrando desde que nacemos hasta que morimos.

Su pensamiento iba más allá de aquello; pensaba que el hombre desde el inicio de la humanidad se comportaba como una fiera, simplemente que fueron evolucionado sus modales y actos con el paso de tiempo.

Muchas tribus en África y América se comían los unos a los otros, algunos lo hacían para vengar a sus guerreros muertos, o para obtener más fuerza si lo que se comían era a su enemigo fuerte y corpulento.

De lo que más se sorprendía Bruno eran los casos dónde se comían por necesidad, por hambre, cientos de naufragios, en donde para sobrevivir había que comerse a los que morían primero.

– será sabrosa la carne humana – dijo sin darse cuenta que estaba hablando en voz alta.

Le gustaban los misterios, y cómo el comportamiento del hombre en ciertas circunstancias era incomprensible e invariable.

Un vago recuerdo vino a su cabeza al terminar de leer el tercer capítulo;  estaba arrodillado de cara a una pared después de sufrir algunos golpes en las manos, debía meditar sobre su mala acción, una reflexión de una hora en la misma posición. Movió la cabeza bruscamente como sacudiéndola, y cerró los ojos fuerte, su expresión era de desagrado y angustia.

El llanto de un bebé lo rescato de aquel mar tenebroso de recuerdos de la infancia que lo perseguían y agobiaba.

– ¡Otra vez ese niño llorando! – dijo en voz alta, lo suficiente para que la vecina del piso de al lado lo escuchara.

– es que no lo soporto, no lo aguanto- era la frase que se penetraba en su mente como un taladro con un tornillo.

Cerró el libro dando un golpe entre sus dos tapas, y se fue al baño a lavarse la cara para intentar relajarse un poco.

Su vida no era fácil, o al menos eso es lo que él creía, y su momento de lectura lo sacaba de este mundo y de sus vivencias y lo transportaba a otra dimensión, gruñía y maldecía cuando se interrumpía ese pequeño momento.

El agua fría sobre su cara pudo suavizar el color rojo de su rostro, era una expresión de ira e impotencia.

Y fue justo en ese instante cuándo se miró al espejo y vio en sus ojos azules el resentimiento, ira y maldad que llevaba adentro.

Todo lo que había querido en la vida y no había tenido, todo lo que había sufrido sin merecerlo.

Después de haber dejado la toalla en su sitio, bien colocada doblada correctamente, secó cada una de las gotas de su lavabo y regreso a su sillón.

Bruno no invitaba nunca a nadie a su casa, ni siquiera a chicas, tenia veintiocho años, si le apetecía sexo buscaba en la carretera a alguien de compañía, no quería compromiso ni relación con nadie.

No le interesaba salir mucho, no tenía amigos, y evitaba rotundamente cada invitación o insinuación por parte de sus compañeros de trabajo.

Respiro hondo, relajó los brazos que los llevaba tensos y acomodó su espalda, y de repente vino a su cabeza aquella idea que se le había ocurrido en el baño, no se sentía avergonzado de haberlo pensado,  es más, lo planearía y lo llevaría a cabo -con dedicación y trabajo será perfecto- pensó.

Cogió unos folios que tenía a su lado sobre un tamborete y escribió:  “primera fase, planificación”. Y debajo del título dejo caer la frase “muerte a los 3 años”. Era descabellado pero lo había pensado, había sentido la curiosidad de despertar su instinto animal, de explorar su lado oscuro.

Se preguntaba hasta dónde podía llegar, y hasta dónde le dejarían…

 

El agua fría sobre su cara pudo suavizar el color rojo de su rostro, era una expresión de ira e impotencia.

El agua fría sobre su cara pudo suavizar el color rojo de su rostro, era una expresión de ira e impotencia.

 

 

 

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