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Relato breve.

23/07/2014

El Viaje

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La noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

 

Desesperada porque el teléfono no sonaba, miró otra vez si tenía señal, la llamada no llegaba y los nervios le estaban estallando la cabeza en mil pedazos, un nudo en el estómago no le dejaba comer; pequeñas gotas de sudor caían por su frente.

Miriam caminaba de un lado a otro, en el pasillo que unía el comedor con su cocina, era una casa pequeña pero reconfortante, podía ver los platos por fregar encima de la encimera y los restos de un bocadillo que no pudo terminar de comer.

Con el teléfono en la mano decidió sentarse para ver si se tranquilizaba un poco, esa llamada era importante, era lo que había estado esperando durante años, era el pasaporte hacia la felicidad, visto desde su punto de vista.

El sueño de Miriam fue estudiar  fotografía, le gustaba plasmar verdades en las fotos, así lo llamaba ella.

Las imágenes que tomaba con su cámara la transportaban a otro mundo; al mundo de la perfección, donde queda congelado el momento y nada lo estropea.

Ese día era especial, la oportunidad de que tanto anhelaba estaba muy cerca, y de repente sonó el teléfono, de los nervios se resbaló de sus manos y gracias a sus reflejos lo sostuvo en el aire.

-Hola- contestó.

-¿Con la Señora Miriam Livens por favor? Pregunto una vos de hombre, que sonaba seria y a la vez agradable.

-Sí, ella habla, dígame por favor-  Soltó con vos temblorosa a punto de estallar de los nervios.

-Llamamos de la embajada norteamericana, hemos aceptado su visado, puede ingresar al país, y mantenerse en él por el período de 12 meses, en calidad de becaria para la empresa Mycs Fhotos, si está de acuerdo le rogamos, se ponga en contacto con el departamento  administrativo para realizar el resto de los trámites.

-Sí, perfecto ¿con quién debo comunicarme?

-Primero debe llamar a Brian Lotter , sección visados becas, interno 04, él le informará cómo proceder. Muchas gracias por su atención, buenas tardes-

-Buenas tardes, muchas gracias- Dijo sin  parar de temblar, y con lágrimas en los ojos.

Por  fin había llegado su oportunidad, lo que tanto había anhelado, poder trabajar en el extranjero, desarrollar su potencial  y su talento.

Lo más difícil todavía no había llegado, cómo le diría a Lucas que se marcharía, qué estaría fuera un año. ¿Me esperará?, se preguntaba mientras caminaba en su salón sin parar presa de los nervios y la alegría.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar, sabía que Lucas no se lo tomaría muy bien, no lo habían hablado con detalle porque era una posibilidad remota, pero había llegado el día y estaba feliz .  Recogió la casa, fregó los platos, se alistó y salió a comprar algo especial, le cocinaría su comida preferida.

Lucas trabajaba en una fábrica de cemento, era un trabajo duro y agotador pero cuando llegaba a casa le confortaba que Miriam lo esperara sonriente y dinámica, llena de energía, ella lo transportaba a otro mundo.

Su aspecto físico era fuerte y grande, al lado de Miriam se veía como un grandullón, ella era tan delgada y pequeña, que hasta le daba miedo abrazarla con demasiada fuerza. Estaba enamorado de ella hasta los huesos, en más de una ocasión había dicho que daría la vida por ella, que siempre la protegería y cuidaría. En su trabajo presumía de novia y de amor, cada vez que sacaba su vianda de comida explicaba lo que el amor de su vida había cocinado para él.

No se le daba mal la cocina, tal vez por ello Miriam quería suavizar la noticia con una velada romántica entrando por el estómago.  Amaba a Lucas, más que a nadie, y no quería dejarlo, pero era la oportunidad de desarrollarse laboralmente, lo que había estado esperando durante mucho tiempo.

La cena ya estaba en marcha, unas patatas cortadas, rehogarlas un poco, un pimiento salteado y huevo, le encantaba esa combinación. El primer plato listo. Había comprado chuletón de buey, a Lucas le encantaba la carne.

La mesa estaba lista, había colocado velas y un mantel rojo, el vino a su temperatura ideal,  y el tono de luz era tenue, era algo especial, quería que todo saliera perfecto, nunca imaginó que las cosas terminarían así.

-¿Y esto? ¿Qué festejamos? – Lucas estaba  sorprendido pero encantado con la preparación, se refrescó  y se sentó en la mesa.

-Quiero contarte algo muy importante para mí-

-Pensé que ibas a pedir mi mano- Lucas se reía, estaba relajado.

Miriam estaba nerviosa,  empezó hablando de la comida y los preparativos de la cena, y lo que había hecho durante el día.

Miriam levantó la copa y dijo –quiero hacer un brindis- lo miró a los ojos. Lucas asintiendo levantó su copa.

-Porque me han aceptado en Estados Unidos, para trabajar un año en la empresa Mycs Fhotos.

La sonrisa de Lucas se transformó en una expresión triste y desoladora, fue como un baldazo de agua fría, no se lo esperaba.

-¿Qué?, ¿Cómo que te vas?-

-Es una oportunidad muy importante para mí, quiero demostrar mi talento, sé que soy capaz de hacer algo grande, algo diferente. Quería darte una sorpresa, pensé que te alegrarías por mí.

-¿Y qué pasa con lo nuestro?, me alegro por ti, sabíamos que esto pasaría en algún momento, sólo que no lo esperaba ahora.  Lucas estaba en shock, el estómago se había cerrado, sentía puntadas en la tripa.

-Todavía no está todo gestionado pero me gustaría que me esperases, un año pasa rápido, yo te amo, no quiero que esto acabe. Mirian intentaba salvar la situación.

-Necesito pensar, dar una vuelta, estar un rato solo- Recogió la chaqueta y salió a dar un paseo, la noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

-No entendía cómo en el mejor momento de su relación, iban a separarse, cómo aguantaría sin ella por las noches, por el día, a todas horas. La necesitaba, la amaba y no podía apoyarla; se reprochaba su egoísmo, estaba pensando en su corazón y no en el bien de ella, pero no lo podía evitar.

Caminó varias manzanas hasta que se sentó en un banco, la cabeza le daba vueltas.

Miriam, preocupada no paraba de llamar al móvil de Lucas, le aparecía el contestador en todo momento. Recogió la mesa, tiró las velas a la basura, abatida sin saber qué hacer, se sentó en el sofá, a esperar y a pensar cómo afrontar la situación.

Las lágrimas caían por sus mejillas a medida que miraba la hora en el reloj, estaba preocupada y triste, lo que iba a ser un festejo terminó en tristeza y en huída.

Sonó el teléfono, lo cogió corriendo.

-¿Dónde estás?, estoy muy preocupada.

-Estoy bien, de camino a casa, lo siento mucho, fui un egoísta, pensé sólo en mí y dejé de lado tu sueño, te quiero y te voy a poyar en esto,  te esperaré.

-Vuelve pronto que estoy deseando abrazarte-

La comunicación se cortó antes de que Miriam terminara la última palabra. Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control, el móvil cayó al suelo quedando destrozado y Lucas viajó lejos, intentando no avanzar, quería quedarse, quería luchar…

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

móvil roto

 

 

 

 

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Relato breve.

08/07/2014

Cielo Azul

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Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

 

Desamparada no sabía que hacer, no sabía a dónde dirigir la mirada, aquellos ojos verdes que brillaban al sol, casi lagrimosos de tan solo recordar que su amor no estaba, que nunca volvería, que la había abandonado para siempre.

Cómo duele amar pensó, como cuesta olvidar y sanar las lastimaduras de un amor perjudicial y dañino. Cómo no me dí cuenta antes, se reprochaba a sí misma, había tantas señales que intentaban abrirme los ojos, y yo estaba ciega.

Nancy  entraba y salía de su terraza sin parar, se sentía en una mezcla de tristeza y ansiedad, tenía miedo de estar sola, de quedarse inmersa en la soledad eterna, no se veía capaz de volverse a enamorar ni de querer tan profundamente a alguien. Tal vez lo que más temía era que nadie la quisiera nunca, estaba convencida que Jesús nunca la había amado verdaderamente, y ya era tarde para estar buscando amores, pensaba que era mayor para tonterías de enamoramientos y menos con un corazón roto.

El salón de la casa era grande, tenía un sofá color crema y unos sillones individuales haciendo juego, ella era muy ordenada, le gustaba tenerlo todo conjuntado y combinando colores,  había una estantería pegada a la pared  llena de libros, le encantaba leer.

Se desplomó en el sofá dejando caer su cuerpo, meditando sobre su vida, sobre el engaño y las mentiras. Ella sabía que tenía algo dentro que le costaba expresarlo, que no lo podía definir pero que la inquietaba, reconocía que estaba dolida, pero aquello iba más allá del dolor. Se pasó la mano por la frente secando gotas de sudor frío, estaba nerviosa, se encontraba inestable, intentó cerrar los ojos, relajarse y olvidar.

Aparecieron las imágenes de aquella mujer morena, alta y más joven que ella, con un cuerpo de modelo a juzgar por el criterio de Nancy, a esa imagen se le acercaba una sombra en un principio era pequeña pero a medida que avanzaba se iba haciendo más y más grande, hasta que aparecía físicamente la imagen de un hombre, era Jesús  que abrazaba esa cintura delgada, acercando su rostro al de ella, penetrando sus labios en aquellos labios color rojo, tan llamativos como lo era ella entera.

Abrió sus ojos de repente intentando borrar lo que había visto esa tarde, pero sentía que era imposible. La rabia se mezclaba con el dolor y con la impotencia de no poder hacer nada.  Nancy tenía cincuenta años, trabajaba en una panadería haciendo pan, para ella era el mejor pan de la ciudad. Toda la vida había trabajado en la misma panadería era como de la familia, pero ella se sentía sola, no tenía hermanos y sus padres habían fallecido hacía bastantes años.

Su cuerpo era dentro de lo que ella denominaba normal, era más bien baja de estatura y con algunos kilos de más, era imposible resistirse a comer bocados y pastas en el trabajo. Había dedicado su vida a amar, cuidar y complacer a Jesús, incluso en la decisión de no tener hijos, para tenerse siempre el uno al otro. Saltaron lágrimas de sus ojos y sus puños se encogieron con fuerza demostrando indignación.

Después de secar su rostro y adoptar una conducta más tranquila pensó que no tenía nada que perder, porque lo único que había tenido en su vida, ya no era de ella. Se levantó,  retocó su maquillaje y salió de casa.

No iba a volver a enamorarme, era demasiado daño el que sentía, pero tampoco me voy a hundir sola, voy a caer muy bajo pero dos personas caerán conmigo, fue el pensamiento en su mente que despertó el odio que había acumulado, eran señales que había evitado pero que todo el tiempo le habían indicado que acabara con todo de una vez, que las personas cometen errores y que se arrepentirán de ello.

No quería conducir así que tomó un taxi.

– Al centro por favor- dijo subiendo al coche  sin mirar al chófer.

Al bajarse se dirigió a la calle central, dónde se alojaban la mayoría de las tiendas,  buscaba una en particular, cielo azul era su nombre, era una tienda de accesorios y ropa de bebé.

Al entrar por la puerta,  los ojos de la dependienta demostraron sorpresa, justo lo que Nancy  buscaba.

– Hola Soy Nancy- dijo con un tono seguro y con los ojos mirando fijamente a Diana, la dependienta.

El establecimiento estaba vacío, era la oportunidad perfecta de completar el plan.

– Sé quién eres, ¿qué buscas?-

Nancy se acercó lentamente sin dejar de mirarla y cuando la tubo tan cerca, como cuando su marido la abrazaba, le  introdujo un cuchillo en el abdomen derecho, con más fuerza se desquitó y propició otro cerca del hígado, y así hasta cerca de veinte puñaladas, desatando una furia incontrolable, una fuerza que no sabía de dónde salía pero que le daba la energía suficiente para seguir y seguir.  Estaba fuera de sí, no pensaba en nada, no veía nada. Las imágenes que aquella tarde la acechaban habían desaparecido.

Nancy salió del local número tres, Cielo Azul, teñida de rojo. Se sentó en la puerta, estiró su brazo y a la altura del codo realizó un corte profundo desangrándose en pocos minutos.  En su bolsillo había una nota que decía:

Yo ya no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío, Jesús eres un asesino. 

 

cropped-images9.jpg           20 puñaladas

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