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Relato breve.

29/06/2015

Amar a la persona equivocada

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Ella bailaba sin cesar, era su pasión.

Ella bailaba sin cesar, era su pasión.

Un amor tan grande como el que yo siento no entiende de reglas y normas, sigue su curso, improvisa.

Apretó su dedo en el botón play, la música empezó a sonar, sus pies comenzaron a danzar, envolvían y acompañaban el ritmo de la canción, sus caderas se tambaleaban de un extremo hacia otro, sensual y provocativamente, sus pechos presos de la euforia y el derroche de energía se encontraban tiesos y turgentes, sus hombros los acompañaban en el movimiento.

Era un baile sincronizado, todo su cuerpo iba al compás del sonido, su melena castaño oscura se desplegaba por los aires en cada giro, tapaba su rostro de vez en cuando pero aún así era simplemente hermosa, tan sexy que hacía que un calor frenético recorriera mi entrepierna, una sensación de bienestar y pensamientos lujuriosos que danzaban junto a ella.

Era inevitable sentirme atraído por ella, todo el pueblo lo estaba, hasta las mujeres se giraban al verla pasar, la envidia tal vez, o la preocupación de no poder controlar lo que pensaban sus maridos a verla caminar.

Rocío apenas tenía dieciocho años, había nacido en Barcelona, pero los infortunios de la vida la llevaron  a vivir en San Jorge junto a su tía, quien se hizo cargo de ella después de aquel terrible accidente que marcó su vida e hizo que tomara otro rumbo.

Su hermosura la había heredado de su madre, morena como ella, con rasgos latinos despertó pasiones en los hombres, los celos, furia y  la venganza hicieron predecir que no tendría un destino agraciado.

Había averiguado todo sobre ella, la había investigado, observado y deseado por las noches cuando por mi habitual insomnio no lograba conciliar el sueño. Creo que estoy empezando a amarla en silencio y a la distancia, porque mi cobardía y prejuicios me frenan a decirle la verdad.

A veces pienso de qué serviría que supiera que este amor que inunda mi corazón es puro y sincero, que la llenaría de besos y abrazos todo el tiempo y le daría mi vida si fuese necesario. Palabras absurdas y ocultas tras esta careta de vecino agradable, de hombre caballeroso que podría querer algún día tan solo como amigo, mentor o peor, como si fuera su padre.

Sus bailes me cautivan, me calman y a la vez me excitan, observo sentado,  tranquilo, sin emular gestos, ni expresiones mientras mi cuerpo se rinde ante el mas fogoso de las sensaciones, el deseo de lo prohibido, de lo lejano aviva aún más este fuego interior.

Al salir de la taberna me meto en la ducha, mi cuerpo sudoroso necesita refrescarse, cierro los ojos y calmo la hoguera que yace entre mis piernas hasta quedar saciado. Me estiró en la cama y solo puedo pensar en ella, en sus ojos verdes, en su sonrisa, en su rostro perfecto. Maldigo una y otra vez no haberla conocido en otra vida, en otro mundo, en otro año.

Cierro mis ojos y me dejo llevar por el cansancio, me adentro en un mar de sueños y navego por él de su mano, de la mano de Rocío.

El sol entra en mi ventana cada día, despierta mi mente y mi cuerpo, mi corazón quiere seguir soñando pero la realidad me trae de inmediato a mi vida, a mi casa y a mi habitación.

Cada mañana salgo a comprar el periódico, mi excusa para pasar por el bar tomar un café y con suerte saber algo de ella, tal vez verla y cruzar alguna palabra, no soy matemático pero de diez intentos solo obtengo un uno por ciento de acierto, no me sale rentable pero lo sigo haciendo.

-Hola Julio, buenos días, ¿le pongo lo mismo de siempre?

-Claro, para que vamos a cambiar, a esta altura uno ya tiene marcado los hábitos.

-Habla usted como si fuera un abuelo, todavía se pueden romper las reglas, cambiar el rumbo de las cosas, deshacerse de los costumbrismos y la rutina- Dijo Juan alegre como cada mañana.

-Carmen y yo vamos a ir a la feria del pueblo esta noche, vengase con nosotros,  la niña actúa en un espectáculo, está muy contenta, se comenta que viene un productor muy bueno de la capital en busca de talentos, y creo que esta es su oportunidad para que cumpla su sueño-

Mi corazón empezó a latir con fuerza, solté la taza de café y como un milagro no fue a parar al suelo, siempre me acercaba en busca de noticias frescas, pero esa no era la mejor para empezar el día. Me aterró la idea de pensar que Rocío podía marcharse de manos de un vendedor de promesas falsas buscando solo un acercamiento carnal. No lo podía permitir.

-Claro que iré, y ¿cómo se llama ese productor que dice Juan?

-Ernesto Saavedra, fue representante de algunos artistas importantes en la capital, eso nos ha contado Rocío, esta muy emocionada.

-Y Carmen ¿está contenta?, no permitirá que Rocío se vaya a conocer mundo sola siendo tan joven. Tengo que reconocer que fui sarcástico y atrevido, pero el nerviosismo hacía que ya no midiera las palabras.

-Carmen quiere que la niña sea feliz, que tenga lo que nosotros encerrados en el pueblo no pudimos hacer, vivir, soñar, luchar por lo que queremos. Nosotros tuvimos que conformarnos con trabajar y sobrevivir, es algo que le prometió a su a hermana que en paz descanse- Juan hizo un gesto con la mano simbolizando la cruz de cristo, se besó el pulgar y miró hacia atrás en donde había un recuadro con una foto de su mujer junto a Lidia.

-Bueno, luego nos vemos, voy a intentar trabajar un poco. Levanté la mano para saludar y esbocé una sonrisa falsa, estaba enojado, cabreado y lo peor es que sentía el miedo recorrer mi cuerpo.

Me senté en mi despacho, como era de costumbre no sentía inspiración para trabajar, estaba gastando lentamente mis ahorros y si no terminaba el libro la editorial me demandaría por estar fuera del plazo de entrega. Me habían encargado un ensayo sobre comunicación y las nuevas tecnologías, entusiasmado empecé el proyecto pero todo se truncó cuando mis sentimientos comenzaron a aflorar y a ocupar todos mis pensamientos.

El desencadenante de esta locura enfermiza que me atormenta fue la noche de navidad, su mirada dulce, su abrazo al saludarme, sus labios al rozarme la mejilla con un beso para felicitarme despertó en mí todo lo que había estado negándome.

La había visto crecer y no podía creer que pensara en ella como mujer, pero así era y no voy a dejar que nadie me la arrebate, sé que no es de mi propiedad y que mi amor es secreto, pero no puedo controlar lo que siento, la cordura ha desaparecido y el que manda es el corazón.

Rocío deseaba triunfar en el mundo de la música, bailar era su especialidad, como si hubiese nacido para ello. Había practicado para que el espectáculo fuese especial, innovador y llamativo, que era lo que buscaban los productores. Tenía la certeza de que sería elegida, que podría desarrollar una carrera profesional fuera de aquel pueblo.

Había dejado su vida personal para dedicarse sólo al baile, sus amigas salían, conocían chicos mientras que Rocío bailaba sin cesar. Amaba la música más que a nada en el mundo, era su escapatoria de la desgracia que la sacudió al morir su madre en manos de su padre.

Las circunstancias la habían hecho madurar de golpe y tenía claro sus prioridades y sueños y no iba a desaprovechar esta oportunidad, era su noche, era feliz, era Rocío Castro.

Preso de mi pánico empecé a tener ideas macabras y desagradables, movía mis dedos sin parar, caminaba por el salón, por la habitación y no hallaba respuestas, nada calmaba mi ansiedad. Decidí buscar su nombre en internet, ver su rostro y su curriculum tan prestigioso como lo describía Juan.

Al aparecer su fotografía en pantalla mi alma se desvaneció en un solo suspiro, era guapo, verdaderamente guapo, atractivo, fibroso, con ojos que encandilan, con una sonrisa que encajaba a la perfección con las facciones de su cara.

Cómo iba a competir yo con ese guaperas, me cuestionaba, pregunta irónica si recordaba que tenía cuarenta y ocho años. Mi barriga marcaba cierta distancia con el escritorio en mi despacho, mi pelo ya estaba casi un cincuenta porciento de color blanco y mi cara tenía líneas de expresión, que marcaban los signos de mi edad, de que el tiempo pasaba y era inútil enamorarse de algo imposible.

Tenía que evitar que conociera ese productor y no se me ocurrió mejor idea que intentar ponerme en contacto con él, ofrecerle mi casa para que descansase y disfrutara de la feria.

Soy conocido en la ciudad, mis libros se han vendido por todo el país e incluso dos novelas se tradujeron en tres idiomas. La fama nunca me gustó y busqué asilo en este pueblo, alejado de todo, con gente humilde y especial.

El reloj marca las diecisiete de la tarde, el timbre suena en mi puerta, camino hacia la entrada, con los pensamientos revueltos, sólo improvisaré, me dejaré llevar por lo que surja, jamás lo había hecho y era hora de intentarlo.

-Hola, bienvenido a San Jorge, esta es mi casa y durante estos días será la suya también- Saludé lo mas cordial que pude, disimulando los pensamientos oscuros que se cruzaban por mi cabeza.

-Me alegro de que el prestigioso escritor Julio River me reciba aquí. ¿esta es su guarida?.

-Sí, este es mi pequeño mundo, aquí surgen mis personajes, es más, estaba elaborando un personaje nuevo para una historia que tengo entre manos.

Mientras entraba en la trampa y dejaba su maleta en el salón preguntaba y observaba la casa, visto en persona era aún más atractivo de lo que había visto por la web.

-No quiero molestarle en su trabajo, si prefiere puedo ir a un hostal.

-Me ofende que piense así, no me interrumpe, me agrada hablar con gente que sabe identificar el talento en otras personas, ¿porqué ha venido a eso verdad?

-He venido a disfrutar de la feria, (dijo entre risas); me han dicho que hay una jovencita que tiene mucho desparpajo bailando y creo tener una oportunidad para ella, siempre y cuando logre cautivarme.

Cuando se refirió a Rocío mis manos se tensaron, mi respiración comenzó acelerarse y mis ojos no querían parpadear, sólo querían mirarlo fijamente, tal vez tratando de intimidarlo, hacerlo recular hacia atrás.

Mis intentos fueron fallidos, ni se percató de mi angustia y agresividad, se sentó en el sofá y sacó su móvil, comenzó a escribir unos párrafos. Inmediatamente se lo arrebaté sin pensarlo y en respuesta a su impulso por preguntar qué demonios estaba haciendo, me atajé contestando que esta experiencia era para vivirla relajadamente, sin interferencias tecnológicas, algo tranquilo, tradicional, como en los antiguos tiempos. Mi discurso sonó convincente, y más viniendo de un viejo solitario como yo.

Lo dejé en un cajón en mi despacho, toqué su hombro y sonreí- tranquilo hombre que le aseguro yo que se puede estar desconectado un día del móvil.

Lo invité a conocer la casa, y a tomar una copa, y dejé para el broche final mi rincón preferido, un cuarto en donde me solía encerrar para recuperar mi concentración cuando aturdido no lograba entrelazar mis ideas, tenía un sofá color granate, una pequeña biblioteca con mis obras preferidas y una pequeña lámpara, era una habitación creada en la parte trasera de la casa, sin ventana ni conexión con el exterior.

Al entrar allí cerré la puerta con fuerza, Ernesto se sobresaltó y al girarse le atisbé un  palo en la cabeza que lo dejó inconsciente tendido en el suelo, un hilo de sangre formaba un charco alrededor de su cabeza. No era lo que había planeado, simplemente improvisé.

El amor tiene estas cosas, uno se deja llevar por impulsos, es preso de deseos incontrolables que se adueñan de tu mente, de tu corazón. Yo no hice nada malo, solo amar a la persona equivocada. Mentiría si digiera ahora encerrado en estas cuatro paredes que lo siento por que no es así, he defendido mi amor y he roto las reglas de la vida, pero un amor tan grande como el que yo siento no entiende de reglas y normas, sigue su curso, improvisa.

encerrado en estas cuatro paredes no me arrepiento de amar.

encerrado en estas cuatro paredes no me arrepiento de amar.

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Relato breve.

23/02/2015

Relato La Transformación

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Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara.

Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara.

 

Soñaba con una vida distinta en donde no existían las mentiras ni los engaños, dónde cada uno es lo que es y nadie juzga a nadie, donde todos se aman sin importar condición física, ni sexual, ni espiritual.

 

Sentada enfrente del espejo se iba desmaquillando poco a poco, las pestañas postizas eran guardadas con cuidado para poder usarlas nuevamente, los labios color rojo intenso volvían a ser pálidos. Los ojos ya no brillaban, los parpados no reflejaban luz, y el tono e piel había vuelto a su normalidad, donde se dejaban ver los poros abiertos de la abundante depilación con algunas rojeces.

Parecía una piel totalmente diferente, una cara distinta pero unos mismos ojos observando ambas facetas. El vestido ya se lo había quitado y estaba colgado en el armario, las medias que cubrían las piernas sostenidas con un portaligas color negro, se deslizaba lentamente hacia abajo, en un lento movimiento que la masajeaba y acariciaba a la vez. Las plataformas en el costado de la cama esperaban ser sustituidas por los zapatos color marrón número  cuarenta y uno que posaban a su lado.

Carla era  muy femenina con movimientos sexys culminaba su rutina de transformación,  le gustaba más la primera parte, en dónde se convierte en princesa, que la última cuando vuelve a la realidad en plena medianoche.

Con unos jeans puestos, una camiseta color azul y sus zapatos color marrón,  subió las escaleras que daban a la calle, a la salida del club Half.

– He Carlos, no te olvides que mañana cambiamos turno, tienes que estar aquí a las seis, no me falles- gritó desde la puerta Lorenzo mientras le guiñaba un ojo.

-No te preocupes guapa, aquí estaré, hasta mañana- Saludó levantando su mano y moviendo sus dedos delicadamente.

La noche estaba fresca, se arrepintió de no haberse llevado una chaqueta, lo último que quería era resfriarse en ese momento en donde su carrera estaba despegando.

Carlos había conseguido un papel en una revista teatral, protagonizaba un papel secundario pero muy influenciado por los personajes principales, por lo tanto salía en gran parte de la obra. También trabaja en un club de noche, con un show streeptis , por las mañanas aprovechaba para ensayar la obra.

El paso ligero hasta la parada del metro lo hizo entrar en calor, ya no sentía escalofríos, miró su reloj y vio que el metro no tardaría en llegar, en media hora estaría en casa.

Entró sigilosamente, tal vez intentando no hacer ruido, sin encender la luz dio los primeros pasos en plena oscuridad hasta que sus pupilas se acostumbraron y empezó a definir las figuras de los muebles del salón, su mente ya sabía el recorrido, la cantidad de pasos que debía dar, dónde girar, y encontrar así la puerta del dormitorio, eran varios años haciendo lo mismo, la práctica se había adueñado de su rutina convirtiéndola en algo perfecto, jamás topaba con nada, y el silencio permanecía constante en la casa.

Al entrar en la cama sintió el calor entre las sábanas, le sabía tan rico después del frío de la noche, al taparse y girarse hacia el lado derecho su postura favorita y más cómoda, un brazo cálido y cariñoso rodeó su cuerpo, un beso en la nuca lo hizo estremecer.

-Cariño que bueno que ya hayas llegado, que descases mi vida. Su voz era suave y fina, estaba entre dormida pero le gustaba aferrarse a su cuerpo, sentir su olor y su respiración.

-Que descanses tú también Bárbara.

Cerró sus ojos y se imaginó otra vida, la que siempre había soñado, en donde no existían las mentiras ni los engaños, dónde cada uno es lo que es y nadie juzga a nadie, donde todos se aman sin importar condición física, ni sexual, ni espiritual. Pero al despertarse se daba cuenta que ese mundo no era real.

-Buenos días, levanta cariño que llegarás tarde al trabajo, te hice el almuerzo lo tienes en una bolsa sobre la mesa. El desayuno ya está listo también.- Le dio un beso en la mejilla y acarició su rostro, su mirada era tierna y llena de amor.

-Enseguida me levanto- dijo girándose hacia el otro lado de la cama- luego nos vemos.

-Me voy a llevar a los niños a la escuela, luego haré la compra y pasaré por la tienda para ver si necesitan ayuda.

-Perfecto, nos vemos luego.-Aún no era capaz de abrir los ojos.

El horario de Carlos era variado, por las mañanas se levantaba en torno las ocho treinta y se marchaba hacia la casa de Roberto un amigo que le prestaba el piso para sus ensayos y para prepararse para el club, luego volvía a casa sobre las dos, comía con Barbará y volvía al club en torno a las seis o a las ocho depende del turno. Laboralmente estaba bien, ganaba lo suficiente para sacar adelante a su familia y vivir dignamente.

La vida de Carla era totalmente reducida, se limitaba al horario de seis de la tarde a pasadas las doce de la medianoche,  intentaba robar parte de la vida de Carlos, tal vez más tiempo siendo Carla, pero a veces era imposible, se sentía frustrada, quería ser libre, tener  más tiempo, disfrutar de la vida y no solo del club.

Al llegar a casa Bárbara preparó la comida, recogió la casa, y ansiosa esperó a Carlos a que entrara por la puerta, quería mimarlo y consentirlo después de tanto trabajo que tenía por la mañana en una obra de peón, y por la noche de seguridad en un solar apartado de la ciudad.

Sabía que Carlos trabaja duro para que ella y los mellizos fueran felices y no les faltara de nada, por lo tanto ella intentaría hacer lo mismo con él, cuidarlo y consentirlo todo lo que pudiera. Los niños comían en el cole, por eso la comida era su horario favorito en dónde podían estar juntos y tener cierta intimidad.

Al llegar a casa Carlos se dio una ducha y fue hacia la cocina, se sentó en la mesa.

-¿Cómo ha estado tu día hoy?

-Bien, un poco cansado, pero bien, ya tenemos la obra casi terminada.

-¡Qué bueno!, en la tienda de mi madre todo normal, he pasado por allí pero no había gente así que me he vuelto pronto a casa.

-Esta tarde me voy más pronto, necesitan en la empresa de seguridad que entre antes así que descansaré un poco y me marcho.

Carlos a penas probaba bocado, se sentía incómodo, era mucho tiempo fingiendo una vida de mentiras, que aunque quisiera decir la verdad no sabría por dónde empezar. Su rostro emanaba tristeza y resignación, mientras veía la luz que desprendía  Bárbara al mirarle.

Sentía que era injusto dañar a la persona que más te ama, prefiriendo engañarse a sí mismo, y renunciar a Carla, por no apagar el brillo de Bárbara. Él la quería, habían sido novios de pequeños, creía que se había enamorado, pero un día se dio cuenta de que en realidad no estaba enamorado de ella,  sino más bien quería ser como ella, se había quedado encantado con su forma de andar, sus gestos, sus movimientos, su sensualidad, la admiraba, quería transformarse en ella. Luego llegaron los mellizos, Álvaro y Agustín que cambiaron su vida para siempre, lo ataron más a una vida que no quería tener.

-¿Estás bien?, te noto algo callado.

-No, tranquila solo que estoy cansado, intentaré dormir un rato antes de irme.

Se recostó en la cama, cerró los ojos y escucho los pasos sensuales de Bárbara al entrar en la habitación, iba sólo en ropa interior, se acercó y comenzó a acariciarlo y besarle, Carlos se dejó llevar pero en su mente estaba Carla, la verdad, las mentiras, la vida fingida, el trabajo inventado. No pudo continuar.

-¿Qué pasa?, ¿no te apetece?, llevamos tiempo sin estar juntos, sólo quería relajarte.

-No pasa nada, no me encuentro bien- comenzó a vestirse sin mirar a Bárbara a los ojos- tengo que marchar, luego nos vemos por la noche- la besó en la frente y salió de la habitación dejando un camino de aroma a su piel mezclado con perfume hasta llegar a la puerta donde se esfumaba todo rastro.

Bárbara no lo entendía, hacía tiempo lo notaba lejos, frío, comenzó a pensar e imaginar lo peor. – ¿Y si me está engañando?, ¿tal vez tenga otra mujer?, o sólo está cansado. Su cabeza comenzó a dar vueltas, buscando respuestas, inventando preguntas, encontrando escusas.

Revisó su armario, registró su ropa, sus cajones, su correo electrónico, pero no encontró nada, era una mezcla de alivio y preocupación porque no lograba averiguar porque Carlos ya no era el de antes, ya no sonreía, ya no era feliz.

Una mañana decidió seguirlo a la obra, su rostro quedó pálido al verlo entrar en una casa, que no era precisamente una obra en construcción, su corazón palpitaba sin parar, y sus ojos se llenaban de lágrimas, -lo sabía, tiene otra familia, otra mujer- pensó.

Caminó despacio hasta la entrada de la casa, quiso asomarse por la ventana pero temía que la vieran, rodeo el jardín lentamente agachada y sin perder de vista la puerta principal. Cuando encontró un lugar cómodo fuera del alcance de cualquier observador  que la sorprendiera, escuchó voces, eran en forma de versos, tal vez diálogos, no entendía muy bien lo que se decía pero era la voz de Carlos, podía reconocerlo. Sus lágrimas caían por sus mejillas y una impotencia y rabia se adueñó de ella, quería saberlo todo, estaba dispuesta a enfrentarlo cuando al asomarse por la ventana  su corazón dio un vuelco, se quedó sin respiración, la vista se nublaba y sentía desvanecerse, se sostuvo de los barrotes de la ventana y lo único que pudo decir fue -¿Carlos eres tú? -Cayó al suelo semiinconsciente, intentando imaginar que estaba en un sueño, que no era verdad lo que había visto.

Carlos al verla desplomarse salió corriendo de la casa y la sostuvo en sus brazos, la purpurina reflejaba los rayos de sol en su cara, su rostro maquilado a la perfección y con cierta exageración se enmudeció, la miraba, la acariciaba, no se atrevía a decir su nombre. Arrodillada y con Bárbara entre sus brazos, Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

Carla sintió el alivio de la verdad, el fuego de la mentira y el dolor de Bárbara.

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Relato breve.

02/02/2015

La Fuente

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Fuente resplandeciente y bella, llena de misterio.

Fuente resplandeciente y bella, llena de misterio.

Esa noche Marcos descubrió que la belleza la podemos tener tan cerca como queramos, sólo hay que saber verla.

 

Hace años que pasaba por la misma avenida, siempre hacía el mismo recorrido los mismos pasos, las mimas miradas, tenía cronometrado el tiempo que tardaba desde su casa hasta la tienda. Nunca se detenía a ver los escaparates ni los carteles con ofertas de rebaja al cincuenta por ciento o al setenta por ciento. Su mente divagaba por sus pensamientos privados, aquellos secretos que guardaba. El trayecto hacia el trabajo era tiempo de descanso, de relax, se dejaba llevar y no se centraba en nada, sus pies caminaban solos, ya sabían el camino. Incluso alguna vez cerró los ojos cuando caminaba y su cuerpo iba era incapaz de perder el rumbo.

Marcos era sencillo, vestía casi siempre con la misma ropa, tejanos, polos de colores y zapatos náuticos, era clásico pero sabía combinar los colores y los modelos. Bueno sería raro que no lo hiciera trabajando en una tienda de ropa masculina. No era algo que le atrajera mucho, pero de momento era lo que tenía y debía llevar el pan a casa.

La tienda estaba en pleno centro frente a la plaza principal, siempre había gente en esa avenida, era la calle principal de la ciudad, y a parte de estar lleno de turistas, los comercios que rodeaban la plaza eran de primeras marcas, Dior, Versace, Dolce Gabanna  entre otras.

Ese día  Marcos se encontraba inmerso en sus pensamientos, le habían notificado que viajaría a Londres con el representante de la tienda a ver la nueva colección de la marca Lince Line para la cual trabajaba.

-Londres, nunca imaginé que viajaría fuera del país y encima a la producción de una colección, qué dirá la familia cuándo se entere me muero de ganas de ver la cara de Sole, seguro que hasta siente envidia- pensaba callado mientras veía por el escaparate pasar a la gente con bolsas de una tienda y otra.

Volvió a tierra en el instante en que entró una mujer a la tienda, era elegante alta y morena, parecía que se había hecho algunos retoques en la cara y los pechos pero aún así era guapa, fue a  atenderla de inmediato, muy  servicial como siempre entre saludos cordiales entendió que buscaba un traje para su marido, era un regalo y quería lo mejor.  Después de ver varios modelos, la mujer le dijo:

-¿Ve usted aquella fuente de en frente?-

-Sí-  contestó sin saber bien a dónde iba con esa pregunta.

-Pues, quiero que mi marido al acercarse brille como un metal precioso, qué esté reluciente, resplandeciente. Tiene que ser el traje adecuado para el momento adecuado y el lugar adecuado, eso es lo que necesito. – dijo soltando una mirada entre distraída y melancólica.

Marcos entendió bien que era muy importante para ella, pero qué demonios tenía que ver la fuente y el momento y lugar perfecto, a qué venía eso, se preguntó.

Consiguió un traje elegante y moderno, ni muy formal ni muy sport, según sus criterios era lo que tenía para ofrecer.

Empaquetaron el traje en una percha de madera muy fina, junto con una funda color azul impermeable que tenía bordado el nombre de la empresa en el lado posterior.

La mujer dedicó una sonrisa a Marcos mientras se despedía y muy sutilmente le señaló con la mirada la fuente.

Marcos respondió a su sonrisa con un gesto cortes y sonriendo también.  Cuando ya no hubo ni rastro de aquella mujer morena de ojos negros y románticos, miró la fuente y se quedó maravillado. No entendía como era que no lo había visto antes. Nunca le había prestado atención, pero esa fuente irradiaba belleza y en ese momento también un misterio, que descubriría al salir de la tienda.

Al cabo de dos horas se encontraba parado allí, hipnotizado, el color cristalino del agua, el sonido de las gotas al caer, el resplandor del que hablaba aquella mujer. Cerró los ojos, noto la brisa acariciar su rostro, el sonido del chorro central de la fuente era relajante, se perdió en él. ¿Cómo es que nunca lo había notado?, la paz que irradiaba inserta en medio de un tumulto de gente que iba y venía  con prisas.  Tal cómo él había hecho durante tanto tiempo.

La noche cayó y Marcos se alejó, su última mirada hacia la fuente lo motivaron a pedir un deseo, ilusionado o fantaseando caminó alrededor de ella, una fuerza magnética lo atraía más y más y él a contra fuerza, caminaba hacia al lado opuesto.

Esa noche Marcos descubrió que la belleza la podemos tener tan cerca como queramos, sólo hay que saber verla.

Fuente con belleza y resplandor.

Fuente con belleza y resplandor.

 

 

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Relato breve.

26/01/2015

Éxtasis

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Mi cerebro no lo podía controlar, vibraciones, sensaciones, espasmos.

Mi cerebro no lo podía controlar, vibraciones, sensaciones, espasmos.

Lo que realmente quería era soltar mi el pelo, arrancar mi ropa, derrochar pasión y sexo, y mucho sexo.

 

Salí de la oficina con mucha prisa, si me retrasaba más de un minuto perdería el tren y no me apetecía esperar el siguiente, estaba cansada. Quería llegar a casa pronto, relajarme, leer, o tal vez escuchar música mientras cocino algo. Estaba aburrida de mi vida, necesitaba un cambio pero aún no sabía cuál, tal vez era la soledad que me estaba presionando.

Al subir al tren vi que venía casi completo, era  hora punta, todo el mundo salía de trabajar, no me apetecía en lo más mínimo ir de pié, los tacones me estaban matando, me daban puntadas, deseaba tirarlos por la ventana, ocho horas de pié con tacones es para morirse.

Había un asiento libre a mi derecha, así que sin dudarlo me dirigí para sentarme y rogar que ninguna persona mayor se acercara y tuviera que cederle el tan ansiado asiento.

A mi lado había un joven sentado, al pedirle permiso para pasar levantó la cabeza y sus ojos azules me impactaron, no pude evitar mirarlo fijamente hasta que esquivó la mirada incómodo y yo sonrojada me senté a su lado. Iba leyendo un libro de Gabriel García Márquez, pude mirar de reojo que era la novela “Crónica de una muerte anunciada”, ya la había leído, una novela impactante, con la muerte del escritor la reedición de sus libros más famosos había estallado, todo el mundo leía obras suyas.

Era alto, sus brazos eran largos y delgados también sus manos que atrapaban aquel libro, con dedos largos y finos, las uñas las llevaba cortas y limpias eso decía mucho de su higiene, o al menos para mí.

Pude ver que no tenía anillos, por lo que supuse que no estaba ni casado ni comprometido. Pensé, bien por mí, es mi oportunidad, tenía que hablarle, darle conversación. Pero no quería ser brusca e interrumpirle la lectura; prefería observarlo unos instantes más antes de dar el primer paso.

Su pelo color castaño claro hacía contraste con sus ojos, un azul que jamás había visto. Su piel era dorada, por lo que podía concluir que tomaba el sol, brillaba al rozarle los rayos de sol que se colaban por la ventana.

En un momento me imaginé a nosotros juntos en la playa, me sorprendí de lo que estaba pensando, al fin al cabo era un desconocido, alguien con quien compartiría sólo un viaje en tren.

Quería que el tiempo se detuviera, para disfrutar más de él. Pude acercarme lentamente y con gesto de disimulo lo rocé para sentir su piel, un aroma a perfume me inundó los pulmones, tan suave y tan sexy, suspiré y noté que me estaba excitando.

No podía creer que me estuviera pasando esto, allí mismo, sentía calor entre mis piernas, mi pelvis realizaba movimientos; intentaba ser discreta, tal vez buscando posición, lo que realmente quería era subirme encima de él y menearme con fuerza y soltura, soltar mi pelo y arrancar mi ropa, derrochar pasión y sexo, y mucho sexo.

Pero qué estaba pensando me preguntaba,  el sudor empezó a recorrer mi cuerpo, aflojé un botón de la camisa intentando encontrar aire y a la vez llamar su atención, mi vagina comenzó a palpitar y decidí fundirme en ese sentimiento que tanto hacía que no tenía, claramente era un calentón, pero la fantasía y el deseo me hicieron continuar.

Mi cerebro no lo podía controlar, seguía mandando órdenes allí abajo, vibraciones, sensaciones, espasmos. Sentía humedad en mis bragas, y no me importó, lo miré una última vez y cerré los ojos, me fundí en pensamientos obscenos, carnosos, pasiones que nunca había experimentado, él y yo  arrancándonos la ropa, besándonos con locura, acariciándonos y masturbándonos mutuamente, el calor subía de mi pelvis hacia todo mi cuerpo, mientras sentía que me penetraba con fuerza y  que mis gemidos eran profundos y libres, los movimientos eran coordinados, no podíamos parar, la respiración se entrecortaba y los músculos se tensaban aún más, hasta que llegó el éxtasis, una explosión de placer que hacía menearme aún más en el asiento,  un suspiro final, relajó mi cuerpo, y con los ojos cerrados me fundí en una relajación profunda.

Al cabo de unos minutos abrí mis ojos delicadamente y noté que estaba empapada, el tren tenía aire acondicionado, no hacía demasiado calor fuera, me sonrojé de lo que acababa de sentir.

Abrí mi bolso y saqué un pañuelo, cuidadosamente lo pasé por mi rostro y pecho, no quería correr mi maquillaje, ni tampoco quedar como una sudorosa, en ese instante él me miró y mientras me fundo en sus ojos, se levanta del asiento para marcharse.

– Lo siento,  me bajo en la próxima parada- dijo al entorpecer con su mochila mi bolso.

-No te preocupes, dije con la voz casi entrecortada.

Me hubiese gustado darle las gracias por el hermoso orgasmo que acababa de regalarme, pero simplemente dije adiós, sin parar de mirar su culo al bajar.

Dudé en asomarme por la ventana y ver qué dirección tomaba, pero en el último instante giré mi cabeza y un guiño de ojo iluminó mi rostro, sonrojándolo una vez más.

Se me sacudió el corazón, era imposible que sintiera algo por esa persona que no sabía ni quién era, ni su nombre, ni sus gustos, ni nada de su vida, pero que acababa de provocarme el mejor orgasmo de mi vida, y en medio de un tren lleno de gente.

Llevaba unos pantalones color crema, y un polo azul que combinaba a la perfección con sus ojos.  Parecía dulce, tierno, sencillo.

A partir de ese día tomé el tren a la misma hora y mientras pude me senté en el mismo asiento buscando un nuevo orgasmo cada día.

Un suspiro final, relajó mi cuerpo, y con los ojos cerrados me fundí en una relajación profunda.

Un suspiro final, relajó mi cuerpo, y con los ojos cerrados me fundí en una relajación profunda.

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Relato breve.

11/09/2014

Amor entre Llamas

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Estaba deslumbrada ante tanta belleza, no esperaba a nadie y ahí estaba él, parado frente a ella, con cara de felicidad

 

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse,  podía sentir el olor a humo, y  un calor intenso.

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse, podía sentir el olor a humo, y un calor intenso.

 

Estaba sentada en el sofá de la casa leyendo un libro cuando sitió la explosión, los cristales de la ventana estallaron, en segundos sentía el ardor de esos diminutos pedazos de cristal incrustados en su piel.

Cayó al suelo, sus oídos quedaron sordos, casi no podía moverse,  podía sentir el olor a humo, y  un calor intenso. Había fuego en la casa, las llamas todavía no habían llegado al salón pero su intensidad se hacía notar. Tenía que ser rápida, moverse y pedir auxilio.  Se arrastraba por el suelo intentando levantarse, cuando lo consiguió se dio cuenta que sus piernas estaban débiles, apenas podía dar pequeños pasos.

El ventanal del salón había quedado destruido,  estaba en el piso número seis, la posibilidad de saltar era nula.

Ya comenzaba a sentir un pitido en sus oídos y a lo lejos podía descifrar una  sirena, sabía que venía ayuda, pero tenía que hacer algo, para alejarse de las llamas o para salir de allí.

Tosiendo sin parar trató de acercarse al baño, todavía allí no había llegado el fuego, encendió todos los grifos que pudo y colocó tapones para que el agua se acumulara. Mojó todo su cuerpo, el fuego avanzaba rápidamente, ya no tenía ideas, el temor se había apoderado de ella.

No era la primera misión de David, estaba formado y capacitado, llevaba 10 años formando parte del real cuerpo de bomberos.

El edificio estaba desalojado aparentemente no había víctimas, con excepción de Paula que atemorizada y casi sin fuerzas estaba escondida en el baño.

David ya había planeado el rescate, subirían con la escalera de la autoescala para ingresar por la ventana del salón, era riesgoso utilizar el ascensor o las escaleras interiores de edificio. El fuego se iba expandiendo de manera rápida.

La manzana había sido acordonada y cerrada, los vecinos de Paula que no eran muchos, ya estaban a salvo.

El humo se acercaba cada vez más, en cualquier momento podía quedar inconsciente. Ya casi no quedaba oxigeno.

El baño tenía una pequeña ventana circular, casi como del tamaño de la cabeza de una persona, estaba cerrada y el tiempo había hecho que se oxidara su estructura y era difícil de abrir, lo intentó en varias ocasiones sin resultados beneficiosos. Era el momento de abrirla o moriría asfixiada, la ayuda ya estaba en el edificio pero apenas podía respirar, se estaba desvaneciendo y  cerrando los ojos.

Se subió al bidé con escasa fuerza y empezó a golpear la ventana intentando abrirla, daba a un patio interior que ningún vecino utilizaba y que no estaba demasiado cuidado ni higiénico. Era su última esperanza. El intento fue fallido, no pudo abrirla, sentada en el baño, rodeada de agua, un sueño dulce y suave se apoderó de ella, la llevó a otra parte, lejos del miedo, del calor, y de la desesperación por no poder respirar.

Una luz intensa la deslumbró al abrir los ojos, sólo podía ver el techo color blanco y esa luz que no le permitía seguir explorando. Intentó moverse, entender lo que pasaba pero todo era confuso, miles de preguntas vinieron a su cabeza. Estaba cansada, adormecida, por momentos pensaba que estaba soñando, que ese lugar no era real. No se podía mover mucho, respiraba con dificultad.

-Buenos Días, señorita  Aguirre, ¿Cómo se encuentra?- era una voz dulce y pausada. Paula intentaba ver su rostro, relacionarlo con alguien o algo pero fue inútil.

-¿Quién es usted?, ¿Dónde estoy?

-Tranquila, vamos despacio, todavía está bajo los efectos de la medicación, tardará un rato en volver en sí, lo importante es que se ha despertado. Soy el doctor Carbajal, es un placer verla despierta, poco a poco iremos dando más detalles, ahora debe descansar, ya habrá tiempo para preguntas y respuestas- Se marchó despacio, vestía una bata blanca, y llevaba un accesorio de médico en el cuello.

Paula insistía en no volver a dormir y atar cabos sueltos, que hacía ella allí, qué había pasado, cuánto tiempo había pasado. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la luz del techo, podía ver a su lado izquierdo una maquina que marcaba varias cosas, números y rayas desiguales, algunas encorvadas. En el frente un ramo de flores  blancas, que daban vida al espantoso lugar dónde se encontraba.

Los recuerdos venían a su cabeza y se iban rápidamente, pasaban muy de prisa, recordaba cuando era niña jugando con su padre, cuando se partió un brazo y estaba en un lugar similar pero con la cara de su madre mirándola, y mimándola en todo momento. Ahora se encontraba sola, confusa e intrigada por quién había enviado flores, tal vez sean decoración de la habitación pensó.

Movió su mano y vio que tenía varias pinchaduras en el brazo, el suero conectado, le impedían que lo pudiera mover con facilidad. Le dolía todo el cuerpo, como si un camión hubiese pasado por encima de ella, sentía ganas de levantarse, incluso tenía la boca seca, deseaba beber una coca cola o un refresco azucarado.

La puerta se abrió y entró una mujer  con una enorme sonrisa en la cara, se dirigió a su brazo izquierdo le tomó la tención y la fiebre, las muecas en su cara aparentaban que estaba todo bien.

-¿Qué día es hoy?, preguntó despacio.

-Ya puede hablar, esto va por buen camino, me llamo Claudia, soy la enfermera que está de guardia hoy, cualquier cosa que necesite presione este botón de aquí – dijo señalando un pequeño aparato situado al lado de su mano derecha.

– Hoy es martes, a media mañana vendrá el doctor para hablar con usted, no se esfuerce en hablar  por el momento, guarde energías, pronto obtendrá todas las respuestas.

El tiempo pasaba lentamente, estaba un poco desconcertada intentaba recordar lo que había hecho el día anterior o bien el último día antes de entrar en el hospital pero no era capaz.

Escuchó voces que se acercaban, la puerta se abría lentamente.

-Hola señorita Aguirre-

-Vemos que ya está despierta y lúcida- acercó una silla y se sentó a su lado, llevaba la misma bata blanca que por la mañana temprano.

-¿Recuerda su nombre?

-Sí, me llamo Paula, ¿qué hago aquí?, ¿qué pasó?

-¿No lo recuerda?

-No, es todo muy confuso, tengo sensaciones pero no puedo saber qué es lo que pasó.

-No se preocupe es normal que su mente no lo recuerde, a veces los efectos traumáticos quedan ocultos en nuestro subconsciente hasta que nuestro cerebro se encuentra preparado nuevamente para traerlos al presente. Con tiempo ya irá recordando.

-Pero cuéntemelo usted, ¿cuándo vine aquí? , ¿Qué fecha es hoy?

– Hoy es martes once de febrero del año 2014, son las trece horas.

Paula pensativa no sabía qué decir, estaba asimilando la información pero se sentía tan confusa que hasta tenía ganas de llorar.

-Ha sufrido un accidente en su casa, hubo un incendio que la dejó inconsciente por una intoxicación  a causa de una combinación de gases tóxicos  debido al denso humo. Ha sido muy Valente Paula, y muy inteligente, si no se hubiese protegido como lo hizo tal vez hoy las cosas serían diferentes.

-Ahora le traerán la comida y luego podrán visitarla. ¿Desea que llamemos a alguien en especial?, no encontramos demasiada información de su entorno.

Paula pensativa y atónita, dijo -¿quién ha traído esas flores?

-Son de parte de David, es el bombero que la rescató, ha estado muy preocupado por usted-

– No quiero ver a nadie, prefiero estar sola-

Al salir el doctor dejó un aroma a perfume que hizo deleitar a su nariz, se perdió su cuerpo a través de la puerta desprendiendo un gesto de cariño con la mano. ¡Qué dulce! pensó Paula.

Eran las catorce horas cuando sonó el teléfono móvil, metió su mano al bolsillo, le costó encontrarlo ya que era muy pequeño para tan ancha y profunda abertura.

-Hola, ¿diga?

-Buenos Días, ¿con el señor David Bonet?

-Sí, soy yo-

-Le llamo del Hospital San Jorge, este es el número de contacto que hay para la paciente Paula Aguirre, la señorita se ha despertado hoy por la mañana, se encuentra estable y fuera de peligro-

-Perfecto qué buena noticia, ¿a qué hora puedo pasar a verla?, ¿en qué habitación se encuentra?

-La  trasladamos a planta baja, puede venir a partir de las dieciséis horas, en recepción le informarán, hasta luego.

-Hasta luego alcanzó a decir cuando la enfermera ya había colgado del otro lado.

La sonrisa de David se expandía sobre su rostro dejando ver sus dientes blancos impecables que hacían contraste con su piel morena y bronceada. Al subir a la oficina habló con su jefe, le comentó la noticia y se tomó la tarde libre, se lo debían. David era un hombre muy responsable, comprometido con su trabajo y con la gente al cien por cien. Era ágil, rápido y muy dinámico, sabía por dónde tirar en cada caso y estaba físicamente muy bien entrenado. Era exigente consigo mismo, su entrenamiento y rutina diaria habían formado un cuerpo que parecía esculpido por un artista. Solidario y vacilón cómo se definía en varias ocasiones había posado para calendarios benéficos en ropa interior y sin ropa.

La cabeza le giraba a mil por hora, ¿cómo qué se había incendiado todo?, sus  cosas, sus libros, su trabajo. Seguro no quedaba nada de aquello. Ese piso tan antiguo era su refugio, el lugar perfecto para ocultarse de este mundo que tantas decepciones le había dado. Se había diseñado su propio búnker como ella solía decir.

Paula era escritora, siempre le había apasionado la literatura, sobre todo la poesía, desde pequeña escribía por los rincones de la casa en vez de jugar con muñecas. Era una chica muy bohemia y solitaria, ella creaba su propio mundo interior entre verso y verso.

A los veinte años se quedó huérfana, sus padres fallecieron en un accidente de coche, fue el día más triste de su vida, ella era fuerte, sabía salir adelante, pero se hundió en su interior y el dolor se apoderó de ella alejándola de cualquier entorno normal de la vida cotidiana.

Trabajaba en una revista literaria on line, escribía poemas y también una columna de reflexión, lo que ganaba le alcanzaba para subsistir, le había quedado un mínima herencia que lo había invertido en aquel piso,  el edificio era antiguo y su interior aún más, pero ella encontró paz allí dentro y quiso quedarse, se ajustaba al precio que podía pagar. Quería una vida libre de exigencias de la sociedad y sin ataduras ni compromisos, tanto económicos como sentimentales.

Paula se había quedado sola en el mundo, no tenía relación con antiguos familiares, y tampoco había cosechado un círculo de amistades, sabía perfectamente que lleve el tiempo que lleve en el hospital a nadie le importaba su ausencia.

Los ojos de Paula se sobresaltaron cuando inmersa entre tanto recuerdo, sintió un leve golpe en la puerta.

-¿Se puede entrar?, asomando su cabeza con el pelo excesivamente corto, pareció iluminar toda la habitación con su ojos verdes, entró David lentamente sonriendo.

-¿Quién eres?, preguntó, estaba deslumbrada ante tanta belleza, no esperaba a nadie y ahí estaba él, parado frente a ella, con cara de felicidad. No podía creer que alguien se alegrara de que estuviera bien. Entre tanta soledad era un punto de apoyo que seguramente le aclararía las ideas, que haría que su vida vuelva a encajar.

-Me llamo David, soy el bombero que te rescató en tu piso, te he traído algo, espero te guste. No nos conocemos y no sé tus gustos pero para que tengas compañía- Le dio una bolsita de color rosa de la cual asomaba un poco de papel con textura suave y unas orejas largas.

Paula no podía dejar de mirarlo fascinada, estaba sintiendo algo que nunca había sentido, pensaba en qué le había pasado, en si su accidente había provocado un cambio en su personalidad, en su vida, o tal vez se había dado cuenta que estaba viva, y que debía aprovechar esta segunda oportunidad.

-¿Me ayudas a sentarme por favor?

– Si claro- Se acercó a ella y tomó un almohadón levantando su espalda lo colocó detrás para que estuviera más cómoda. Pudo sentir su piel, la notó suave, cálida.

– ¿Y? ¿No lo abres?

Sacó de la bolsa un conejo de peluche color gris, tenía las orejas largas y caídas y la expresión de su cara y su morro era graciosa. Paula soltó una sonrisa.

-Ya hace tiempo que dejé de jugar a las muñecas, me gusta mucho, si me ayudas lo colocaremos aquí encima de la mesilla, para que esté a mi lado. Muchas Gracias. Creo que con haberme salvado ya es suficiente, has cumplido con la sociedad.

-Fue gracias a ti, si no te hubieras escondido en el baño y no hubieras hecho lo que hiciste… No terminó la frase. –Bueno no vine a hablarte de eso, ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?

-Bien, hablando con el desconocido a cual le debo la vida, y un regalo, esbozó una sonrisa. Era impropio de ella, hablar con ironía, reírse y estar alegre, más bien era apagada, triste y directa. ¿Qué había pasado con la Paula de antes?, estaba sorprendida de sí misma y nerviosa. No quería que él lo notara.

– Cuéntame ¿cómo pasó todo, qué provocó la explosión?

David la miraba con ternura, parecía tan frágil e indefensa, tenía ganas de abrazarla, de mimarla y protegerla.

-Fue un escape de gas en la tubería, la estructura del edificio era antigua y no se había realizado el mantenimiento correcto,  afectó tu piso y algunos de tus vecinos que por suerte están todos bien.

– ¿Sueles visitar a todas las personas que salvas?, después que soltó la pregunta se arrepintió, sus mejillas se sonrojaron y un leve calor envolvió su rostro.

– No suelo hacerlo, ni puedo hacerlo- dijo riéndose, la miraba a los ojos y parecía el mundo detenerse, como si se entrelazaran y no pudieran separarse.

-Disculpa si soy imprudente, es qué estoy bastante confundida, parece que he olvidado comportarme.

-No digas  eso, no me ofende, ¿ha venido tu familia a verte?

-Lamentablemente no va a poder ser, creo que eres mi única visita. Su cara era de pena y resignación al mismo tiempo.

-Lo siento mucho, ahora el impertinente soy yo, te toca a ti perdonarme. Le guiñó el ojo tratando de zafar de la situación.

-¿Todo quedó destruido? ¿Se pudo salvar algo?, tenía mi trabajo allí, todas mis cosas, ahora ya sí que no tengo nada. Bajó la mirada.

-Me tienes a mí, vendré a verte mañana, no puedo contarte mucho, el médico me dijo que no te agobie con lo sucedido y yo soy muy obediente- Dijo riéndose y derrochando ternura y dulzura al hablar.

Con un gesto con la mano se despidió, ella hubiese preferido un beso, pero se conformaba, con cerrar los ojos y recordar su rostro. Se desvaneció en la cama intentando despejar su mente y descansar, solamente recordándolo a él.

El mundo que tanto había criticado, la religión de la cual había renegado, le estaban dando una segunda oportunidad, debía aprovecharla tal vez en recompensa de lo duro que fue estar sola tanto tiempo.

El sol entraba por la ventana, hacían brillar las cortinas blancas que caían hasta el suelo, el doctor Carbajal había prometido  que si todo marchaba bien se podría ir esa misma tarde, ya había pasado un mes desde que se había despertado, aún no recordaba nada de lo ocurrido. El seguro le había conseguido un piso en el centro, amueblado y se le había abonado una indemnización para que comenzara de cero. No era mucho pero para llenar el armario y la nevera le alcanzaría. Llamó a la revista en la que trabajaba para explicar su ausencia, ella trabajaba como freelance , por lo que no tenía contrato fijo, en cuanto consiguiera un ordenador y retomara su vida, volvería con su ritmo de trabajo.

Al salir del hospital y respirar el aire fresco sus pulmones se llenaron de más vida, se sentía libre, fresca y contenta. Tenía que pasar por el supermercado y algunas tiendas antes de ir a su nueva casa. De camino al centro comercial decidió cambiar el rumbo, se tomó un taxi  y se dirigió a su antiguo barrio, necesitaba ver lo, tal vez así recordaría.

El edificio seguía en pie pero estaba precintado y lo cubría toda una malla color verde, su ventana no se podía ver. Un suspiro viajó por su pecho, algunas lágrimas cayeron por sus mejillas.

Sintió una mano que tocó su hombro, hizo que diera un sobre salto, al darse vuelta David secó sus lágrimas, con sus dedos de forma delicada, y se fundieron en un beso apasionado, lleno de fuerza y vida.

-¿Cómo te has ido del hospital sin mí?

– Necesitaba pensar,  lo siento, ¿Cómo sabías que estaba aquí?

Le dio la mano y no se separó de ella ni un segundo. Paula nunca recordó lo sucedido, pero rehízo su  vida y descubrió que a veces estamos muertos en vida y que no lo merecemos, tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

Tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

Tenemos que despertarnos y ser felices, aprovechar cada segundo para ser feliz, y luchar sin bajar los brazos.

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Relato breve.

08/09/2014

El Sueño

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He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

 

Estaba nerviosa, el Doctor  López me hizo pasar a la consulta  saludándome muy amablemente, su gesto cercano al abrir la puerta y su mirada dulce hizo que me sintiera más cómoda. El despacho era grande, muy amplio, había un escritorio grande de color marrón oscuro,  con un sillón grande que seguramente cubría toda la espalda al sentarse.  Enfrente había dos sillas más pequeñas, no parecían tan cómodas cómo el sillón.

Me hizo señas con la mano hacia un sofá que estaba en el lado derecho del despacho, al sentarme, noté su suavidad, él me miraba de una forma especial. Estaba acostumbrada a estar con hombres y nunca nadie me había mirado así, con ternura y simpleza. Ni mis curvas extravagantes, ni mi gran escote habían provocado nada en él.

Tenía el pelo canoso, un hombre adentrado en cierta edad, era normal que sea prudente con sus pacientes. Podría ser mi padre, tal vez era así como me miraba como un padre.

-Bueno señorita Arantxa, ¿qué es lo que la trae a esta consulta?-, su delicadeza hacía que le mirara embobada en vez de prestar atención a mis verdaderos motivos.

– No sé, por dónde empezar, estoy un poco nerviosa-

– Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda. -Prefería observar su rostro y sus gestos, así que desistí de su proposición.

-Últimamente no me encuentro bien, mi vida nunca ha sido fácil, pero estoy teniendo pesadillas todos los días, no puedo descansar bien-

-¿A qué se dedica?

-Soy puta, dicho vulgarmente, ejerzo la prostitución como medio de subsistencia, para mantener a mi hijo y a mi padre- Observé detenidamente su rostro y no se sorprendió de mi oficio. Tenía razón Susana cuando me dio su número, no me siento incómoda.

-¿Sobre qué sueña?

Eso es lo alarmante doctor, son pesadillas muy feas que no paran y estoy empezando a tener miedo. Yo vivo con mi padre ciego, está mayor y enfermo y tengo un hijo de seis años, se llama Lucas, es muy guapo y cariñoso. He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

El doctor seguía sin sorprenderse y con tranquilidad me preguntó cuándo habían empezado los sueños, y con qué frecuencia los tenía.

-Hábleme sobre su padre-

Cuando era pequeña mi padre Francisco me decía: – eres una princesa muy bonita y cuando seas mayor serás una hermosa Reina.

–          ¿Reina de qué? Preguntaba con curiosidad

–          Reina de tu propio mundo, de tu vida y tu futuro. Cuando llegue el momento te darás cuenta.

Esas palabras aún están en mí, luché con todas mis fuerzas para llegar a ese reino, para ser la máxima autoridad de mi vida, pero las cosas no salieron como pensaba, la vida es muy difícil, el mundo muy complicado.

Mi padre se quedó ciego a causa de un accidente laboral, la empresa no se hizo responsable, y la subvención  que le asignaron no le alcanzaba para vivir, mi madre huyó cuando yo era muy pequeña, no se adaptó a la vida familiar, y decidió seguir volando  abandonándonos a los dos. Él sufrió mucho pero siguió adelante por mí, para que no me falte de nada, y ahora me toca a mí hacer lo mismo.

-¿Se siente en deuda con Francisco?

-No – Su pregunta me tomó desprevenida y me quedé muda.

-Amo a mi padre, jamás le haría daño, quiero lo mejor para él.

-Yo no he dicho que no le quiera, simplemente pregunto si siente que es su responsabilidad, si siente que le debe algo-

Su tono de voz era sereno, mientras hablaba tomaba nota en una libreta que apoyaba en su regazo, me intrigaba saber qué anotaba, tal vez en un descuido si estiraba mi cuello podría leer algo.

-¿Cuántos años tiene su padre?-

Sesenta y tres, él está bien, sólo que la ceguera lo complica todo, ya se acostumbró a moverse por la casa, pero no puede hacer su vida de antes. Durante el día yo estoy allí. Hasta las nueve de la noche, cuando me voy al club. Vuelvo sobre las siete de la mañana.

-¿Tiene miedo de perder a su padre, Arantxa?-

No sé, supongo que sí, todo el mundo tiene miedo cuando se trata de perder a un ser querido.

-¿Cuénteme el último sueño que tuvo?-

Fue todo muy extraño, me desperté sudada entera y agitada, nunca había pasado tanto miedo. Era de noche, estaba muy oscuro, yo caminaba con prisa, miraba hacia atrás pero nadie me seguía, trotaba cada vez más rápido, de pronto corría con todas mis fuerzas pero no avanzaba, intentaba mover mis piernas más rápido pero ahí seguía en el mismo lugar. Miró mis manos y tenía sangre en ellas, no entendía que había pasado. Aparecía mi casa a lo lejos, caminaba hacia allí, estaba la puerta abierta, los llamaba y no contestaban, y de repente estaban  tumbados en el suelo, miraba mi mano y ya no sólo tenía sangre si no, que tenía unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho, sin parar. En ese momento me desperté. No pude evitar alterarme al recordarlo, un escalofrío en mi cuerpo me hizo tocarme el pecho y desear colocarme una chaqueta encima.

-¿De qué tiene miedo?, ¿Cree que en realidad puede llegar a convertir en realidad sus sueños?

-No lo sé, a veces me siento cansada de todo, trabajar en la noche no es fácil, y cuando llego a casa muchas veces no puedo descansar, me siento sola y agotada-

-Tal vez ahí están sus respuestas, lo que siente es agotamiento y estrés, y su cuerpo lo está manifestando a través de sueños.  Se ha terminado por hoy, la espero el jueves, intente descansar, y relajarse-

Hablar con él me ayudó bastante, si bien ya sé que estoy agotada y cansada de todo, no es necesario pagar sesenta euros para que me lo diga un psicólogo. Me tengo que ir a casa rápido, ya esta anocheciendo, debo hacer la cena y preparar a mi padre para la cama.

Al llegar a casa, vi la  puerta abierta, me extrañó porque le tengo dicho a Francisco que no salga si estoy fuera de casa, al entrar había unas sillas tiradas sobre el suelo, me asusté, comencé a llamarlo a gritos a ambos, mientras recorría la casa, mi corazón latía fuerte, me faltaba el aire.

La cara se me descompuso al sentir un fuerte olor nauseabundo que venía de uno de los cuartos, sentía miedo, tanto como lo había sentido en mis sueños. Me miré las manos, temblaban pero estaban limpias no tenían sangre. Abrí lentamente la puerta, tuve que taparme la nariz porque no se podía respirar del fuerte olor.

Mi cuerpo se desvaneció, cayendo de rodillas, mis ojos brillaban pero no salían lágrimas de ellos, el silencio se apoderó de la situación.

Cuando pude recomponerme cerré la puerta con cuidado, y me dirigí al salón, cogí el teléfono y marque el número de Susana, mi amiga.

– Hola Arantxa, ¿Cómo estás?- contestó en el tercer tono.

– He vuelto a tener el mismo sueño-  dije mientras miraba la caja del costurero abierto sobre la mesa, estaba todo en su sitio, lo único que faltaba eran las tijeras.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

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Relato breve.

01/09/2014

Desde la Azotea

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Sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Nunca sabemos apreciar la vida en sí misma, creo que siempre nos estamos  quejando de las cosas, que si no tengo esto, que si no consigo lo otro, que si no viajo ni voy aquí y allí, que si estoy cansado; cuando pasa algo malo en tu vida es cuando reconocemos el poco valor que le dábamos a la que teníamos. Siempre hay gente que puede mejorar y otra que puede empeorar. Nunca aprecié mi vida, lo que realmente tenía, siempre me quejé de todo y deseé la vida de los demás, sólo por ser  diferente que la mía.

Hoy puedo decidir sobre mi propia vida, si me propongo puedo cambiar pero si me estanco puedo empeorar. He cambiado, la realidad a mi alrededor ha cambiado, ahora ya no sólo tengo dudas de mi función  en este mundo, si no, que no se cómo continuar. No quiero continuar.

Ayer comencé a investigar mi pasado, creía que la gente podía guardar secretos, pero nunca pensé que sería tan arrollador desenterrarlos de su tumba, te pasan por encima, te golpean fuerte y cuando reaccionas ya no sabes cómo seguir.

Descubrí un diario personal, se que está mal fisgonear en la vida privada de los demás, pero necesitaba hacerlo, había una fuerza que me atraía hacia aquel cajón cerrado con llave. Allí estaban mis respuestas.

Durante años pregunté por qué no se podía abrir. Todos los muebles de casa eran transparentes, se podía abrir todos los armarios, todas sus puertas, no había cajón que se me resistiese. Me encantaba buscar sorpresas cuando era pequeño, mi madre las escondía y me dejaba un acertijo, si era los suficientemente inteligente y los resolvía entonces daba con mi premio. Una pista me llevaba a otra. Siempre me atrajo el misterio y las cosas ocultas hasta hoy que ya nada me interesa.

Estoy triste, enojado o perturbado, no entiendo a este mundo, me gustaría saber si hay otro mundo para huir, para no ser quién soy, para no tener esta vida, y sobre todo para no venir del vientre del que vengo.

Me llamo Pablo García, vivo en España, nací en Argentina pero cuando era muy pequeño nos mudamos con Isabel, mi madre, a Barcelona. Yo me considero español, porque no recuerdo lo más mínimo de aquel país lejano al otro lado del charco cómo se suele decir. Nunca más volvimos, yo preguntaba en ocasiones por la familia de mi madre pero ella me decía que no estaban vivos sus padres, y había sido hija única.

Me crié en un pueblo de playa en la costa del Maresme, fue divertido, con los amigos practicábamos deporte en la playa, disfrutábamos del San Juan, actividades acuáticas y de las turistas extranjeras que estaban para comérselas. No quiero ser grosero, no es mi estilo, pero mi adolescencia fue un torbellino de hormonas, dudas, preguntas sin respuestas, mucha incertidumbre. Marcaron mi carácter, y cada vez esa parte sociable y feliz se fue apagando, se fue haciendo más pequeña y me fui hundiendo en los pensamientos solitarios, la lectura y quién puede decirlo algún  poema escrito oculto entre mis papeles.

Nunca supe sobrellevar bien los cambios, me costaba adaptarme, lo notaba, y eso me impedía avanzaren este mundo en el que no reaccionamos ante la vida hasta que nos da una bofetada y nos gira la cara.

Isabel intentó darme la mejor educación que pudo, sacrificó su vida por la mía y se dedicó a cuidar de mí todo el tiempo.  Nos teníamos el uno al otro, éramos compañeros, amigos, familia, lo éramos todo. Pero las mentiras y los secretos empañaron el espejo, ya no refleja nada.

Nunca rehízo su vida, nunca tuve una imagen paterna, los hombres no eran buenos para ella y se alejó completamente de ellos,  en más de una ocasión le dije que saliera con alguien, que ya era grande y que podía apañarme solo, pero ella inmersa  en su trabajo no le interesaba.  Isabel es costurera, hace arreglos de ropa para tiendas importantes y encargos personales también. Tiene talento, en casa había montado un pequeño taller de costura, era su lugar favorito de la casa, cuando era pequeño me metía allí a explorar y sacaba los ovillos de hilo y los accesorios de su máquina de coser para jugar a ser modisto, un gran diseñador de alta costura, me paseaba con el centímetro en el cuello, y cogía trozos de tela intentando darle alguna forma, cuando me pillaba me iba corriendo antes de que pudiera alcanzarme.

Eran momentos felices y recuerdos lindos, siempre pensaba cómo sería la vida de otras personas, de mis amigos, de mis compañeros de gimnasio, cuando los veía a la cara trataba de imitarlos, para sentir su forma de vida, a veces se me notaba y no sabía cómo reaccionar.

Mi padre fue la gran incógnita en mi vida, un signo de preguntas abierto, ninguna respuesta ofrecida a cambio. Lo intenté muchas veces, de adolecente sin ningún descaro preguntaba directamente e insistía, a medida que crecí, fui moderando mi vocabulario y mi forma de abordar el tema. Jamás pensé que iba a descubrir esta mancha de sangre. Tal vez preferiría no haberme enterado de la verdad y vivir en la mentira, pero, cómo explico la impotencia, el enfado y la tristeza que siento por no haber  sido informado antes, por dejarme al margen de mis orígenes, de la sangre que corre por mis venas.

Isabel lo asesinó, le disparó un balazo en la espalda mientras dormía, según los medios informativos estuvo agonizando unos minutos antes de morir, tal vez intentando descubrir  el significado de esa herida tan profunda.

¿Cómo continuar ahora?, todas las preguntas que tenía para hacerle, las explicaciones que exigiría y los reproches se han esfumado. Estoy vacío.

El cuaderno se me calló de las manos cuando fui ojeando y leyendo la cruel verdad, ella escucho ruido en el salón y su mirada fue de sorpresa  y miedo a la vez, tenía puesto su vestido blanco, uno que había diseñado junto conmigo una de nuestras tardes juntos.

Mis lágrimas comenzaron a caer al mismo tiempo que las de su cara, la cual se tapó con las manos y se dejó caer en un profundo llanto. No le salían las palabras, yo no intentaba hacerle daño, simplemente quería saber la verdad, quería que el mundo que estaba dando vueltas a mi alrededor parase de una vez.

Ella no sabía por dónde empezar, intentó regañarme por tocar lo prohibido, pero no podía ni mirarme a los ojos.

Siempre había deseado tener un padre, recorrer el parque con él, charlar cosas de hombre, divertirnos tomando una copa, siempre lo había necesitado, deseaba con todas mis fuerzas que conociera alguien y que por fin fuésemos una familia completa, real, pero era un deseo que guardaba en mi corazón, que controlaba para no hacerle daño.

¿Nunca sentiste la curiosidad de buscar tu nombre en internet para ver que aparece, qué hablan de ti?, incluyendo redes sociales. Yo no fui muy social, apenas tenía amigos en la vida real, virtualmente no era muy afortunado, tampoco le prestaba demasiada atención.

Me busqué en internet y descubrí un acertijo más, este sobre mi vida en sí, esa que ahora pende de un hilo. Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé, sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada, aquí uno se relaja,  tiene otra visión, una  perspectiva diferente.

Isabel me robó el sueño de tener un padre, ella alegó una explicación a lo sucedido, me dijo que había sido un accidente y que Jorge no era un buen hombre, se atrevió a decir que estábamos mejor sin él, pero,  ¿qué derecho tiene a decirme a mí lo que es mejor en algo que nunca disfruté, algo que no conocí, que no pude sentir? La sangre me hervía de rabia, no sentía pena alguna al verla derrotada sentada en la punta de la cama.

Tal vez sea un error acabar con mi vida así, pero nunca quise esta vida, siempre quise la vida de otras personas, a mi me faltaba algo, estaba incompleto y ya sé lo que era, este agujero negro en mi corazón se ha endurecido, ya no deja escuchar a la cordura, ni a la conciencia, simplemente está dejando de latir.

Isabel llorando

 

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Relato breve.

25/07/2014

La Sombra Humana

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El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido

 

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara, en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara decidió tomarse un café bien cargado esa mañana, iba a ser duro su trabajo. Había decidido estudiar psicología porque le encantaba escuchar y estar en contacto con la gente. De pequeña observaba a las personas y veía en ellas cosas que otros no eran capaz de descubrir.

Había dejado los informes en el despacho de su jefe la noche anterior, y por la mañana más bien entrar vio la lista de los despidos en su mesa.

Clara había trabajado en una consulta propia, pero el alquiler del local era bastante caro para lo que ella ganaba con sus pacientes así que tuvo que dejarlo, en casa no podía llevar gente ya que allí se encontraban sus padres y sus dos hijos pequeños. Estaba separada de su marido, y la crisis la había obligado a acudir a casa de sus padres, la vida estaba siendo dura, pero debía sacar a su familia adelante, sus padres mayores, cobraban una pensión que no les llegaba para mucho.

Muchas veces Clara se encontraba sola y triste, abandonada y acosada por las obligaciones y la responsabilidad.
Consiguió trabajo en una empresa de telecomunicaciones, primero la asignaron en la selección de personal, luego pasó a la administración de expedientes y diferentes formaciones. Más tarde llegó lo que tanto se temía, una reestructuración de la empresa que obligaba a desarrollar un plan de despidos. Le asignaron la tarea de informes de personal con el consecutivo despido. No podía creerlo, decirle a la gente que se quedaba sin trabajo y que pasarían a formar parte de la cola de desempleo era algo muy desagradable y sobre todo cuando no estaba de acuerdo con la política de la empresa.

-¿Susana Liendo?-

– Soy yo- contestó una voz tímida.

-Ven conmigo al despacho, ¿por favor?-

Susana dejó los papeles sobre su box, colgó el teléfono, y se dirigió al despacho de recursos humanos, sabía lo que le esperaba, lo presentía. Al entrar sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo, los vellos de su brazo se pusieron de punta.

-Siéntate por favor, hemos estado evaluando tu rendimiento a lo largo de este último semestre y cómo se ha notificado la empresa esta reestructurándose…
Sin dejarla acabar Susana rompió a llorar. Se tapó el rostro con la mano, no quería mirarla a los ojos.

-Soy el único sustento en mi familia sabe. Con mi sueldo comemos cinco personas, y un bebé. ¿Qué voy a hacer ahora?, ¿cómo le explico a mis hijos que no desayunarán o no cenarán porque no puedo alimentarlos?

-Lo siento mucho, sé a lo que se refiere, yo mantengo una familia también, pero no son decisiones mías, es política de la empresa.

-Puedo mejorar, puedo vender más, puedo intentarlo, por favor necesito este trabajo- Rogaba mientras sollozaba.

-Lo siento Susana, no son órdenes mías, es de arriba de dónde me indican el personal con el que debo hablar-

Clara intentaba excusarse, sabía que ella no tenía la culpa pero se sentía mal, porque conocía la situación, lo vivía en carne propia. Ella simplemente era una superviviente más en este mundo.

Susana salió del despacho con un clínex en la mano, estaba triste y abrumada, con la indemnización le alcanzaría para pasar un par de meses, debía encontrar algo rápido. Decidió no contarlo a su familia, no quería preocuparlos. Miró a sus compañeros y al sentarse en su silla, escucho a Clara decir:

-¿Sergio Gómez?, lo buscó con la mirada, tal vez intentando transmitirle compasión y fuerza, él agachó la cabeza y se dirigió al despacho.

La mañana fue muy dura, estaba destrozada, se encontraba descompuesta, inestable, al subir las escaleras hacia el segundo piso tubo que sujetarse de la barandilla porque las piernas le temblaban.

–       Hola mamá, te estábamos esperando, la abuela hizo macarrones con tomate y tengo mucha hambre. Luis era muy cariñosos con su madre, nada más llegar la abrazaba y la llenaba de besos.

–       Bueno, entonces antes de qué mueras de hambre, me refresco y nos sentamos a la mesa.

Clara a penas probó bocado, decidió que se recostaría un rato para intentar descansar, despejarse y olvidar un poco la situación. Más tarde debía ir a realizar los informes para el día siguiente.

Se acostó y mirando hacia el techo pensó en Susana. Cerró los ojos y lentamente fue conciliando el sueño.

Al bajar del coche en el aparcamiento notó que tenía una raya nueva, o al menos ella no se había percatado de ello, le paso la mano intentando borrarla pero fue imposible. Pensó que en algún momento lo habría rozado con algo sin darse cuenta.

Subió al despacho y buscó los expedientes que le habían asignado desde recursos humanos para ese día, debía analizarlos y realizar un informe con los parámetros de ventas anuales, antigüedad, rendimiento, entre otros. No se sentía concentrada, el primer día de notificación al personal la había dejado en shock, ella sabía controlar sus sentimientos, pero estaba conmocionada, en el fondo se sentía culpable.

Miró el reloj de pared en la oficina, marcaba las nueve, le faltaba cerrar unos últimos datos e imprimir los informes.

El personal ya había abandonado la central, su despacho era el único con luz encendida. Dejó los informes a su jefe y bajó las escaleras con prisa. Se había hecho demasiado tarde. El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido, miró hacia los lados y no había nadie, con cada paso giraba su cabeza tratando de abarcar el máximo de espacio posible, no se veía nada ni a nadie.

Cuando de repente sintió un fuerte golpe en la cabeza, cayó desplomada al suelo, su cabeza vibraba y su vista era borrosa. Alcanzó a notar una figura humana frente a ella, tenía la cara cubierta, iba vestido de negro.

-¿Qué es lo que quiere? No tengo dinero.

– Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya.

– No sé de lo que me habla- Clara intentaba recomponerse sentándose. El miedo y la incertidumbre se habían apoderado de ella.

– La sombra humana sacó un arma y dispuesto a disparar le dijo: -lo siento-

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso, podía moverse lentamente, se tocó el hombro y vio cómo brotaba sangre, intentó taparlo presionando, el dolor la hizo gemir.

Necesitaba ayuda, estaba asustada pero a la vez viva, ahora lo entendía, ¿era una venganza o una advertencia?

Pudo caminar débilmente hacia la salida, la ayuda no tardó en venir.

La bala se introdujo en el hombro, no afectó ningún órgano vital, cuando se recuperó presentó su dimisión y fundó una asociación para ayudar a víctimas de la reestructuración laboral. Conoció el amor y se volcó en su trabajo como psicóloga de manera voluntaria en zonas precarias.

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

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Relato breve.

23/07/2014

El Viaje

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La noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

 

Desesperada porque el teléfono no sonaba, miró otra vez si tenía señal, la llamada no llegaba y los nervios le estaban estallando la cabeza en mil pedazos, un nudo en el estómago no le dejaba comer; pequeñas gotas de sudor caían por su frente.

Miriam caminaba de un lado a otro, en el pasillo que unía el comedor con su cocina, era una casa pequeña pero reconfortante, podía ver los platos por fregar encima de la encimera y los restos de un bocadillo que no pudo terminar de comer.

Con el teléfono en la mano decidió sentarse para ver si se tranquilizaba un poco, esa llamada era importante, era lo que había estado esperando durante años, era el pasaporte hacia la felicidad, visto desde su punto de vista.

El sueño de Miriam fue estudiar  fotografía, le gustaba plasmar verdades en las fotos, así lo llamaba ella.

Las imágenes que tomaba con su cámara la transportaban a otro mundo; al mundo de la perfección, donde queda congelado el momento y nada lo estropea.

Ese día era especial, la oportunidad de que tanto anhelaba estaba muy cerca, y de repente sonó el teléfono, de los nervios se resbaló de sus manos y gracias a sus reflejos lo sostuvo en el aire.

-Hola- contestó.

-¿Con la Señora Miriam Livens por favor? Pregunto una vos de hombre, que sonaba seria y a la vez agradable.

-Sí, ella habla, dígame por favor-  Soltó con vos temblorosa a punto de estallar de los nervios.

-Llamamos de la embajada norteamericana, hemos aceptado su visado, puede ingresar al país, y mantenerse en él por el período de 12 meses, en calidad de becaria para la empresa Mycs Fhotos, si está de acuerdo le rogamos, se ponga en contacto con el departamento  administrativo para realizar el resto de los trámites.

-Sí, perfecto ¿con quién debo comunicarme?

-Primero debe llamar a Brian Lotter , sección visados becas, interno 04, él le informará cómo proceder. Muchas gracias por su atención, buenas tardes-

-Buenas tardes, muchas gracias- Dijo sin  parar de temblar, y con lágrimas en los ojos.

Por  fin había llegado su oportunidad, lo que tanto había anhelado, poder trabajar en el extranjero, desarrollar su potencial  y su talento.

Lo más difícil todavía no había llegado, cómo le diría a Lucas que se marcharía, qué estaría fuera un año. ¿Me esperará?, se preguntaba mientras caminaba en su salón sin parar presa de los nervios y la alegría.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar, sabía que Lucas no se lo tomaría muy bien, no lo habían hablado con detalle porque era una posibilidad remota, pero había llegado el día y estaba feliz .  Recogió la casa, fregó los platos, se alistó y salió a comprar algo especial, le cocinaría su comida preferida.

Lucas trabajaba en una fábrica de cemento, era un trabajo duro y agotador pero cuando llegaba a casa le confortaba que Miriam lo esperara sonriente y dinámica, llena de energía, ella lo transportaba a otro mundo.

Su aspecto físico era fuerte y grande, al lado de Miriam se veía como un grandullón, ella era tan delgada y pequeña, que hasta le daba miedo abrazarla con demasiada fuerza. Estaba enamorado de ella hasta los huesos, en más de una ocasión había dicho que daría la vida por ella, que siempre la protegería y cuidaría. En su trabajo presumía de novia y de amor, cada vez que sacaba su vianda de comida explicaba lo que el amor de su vida había cocinado para él.

No se le daba mal la cocina, tal vez por ello Miriam quería suavizar la noticia con una velada romántica entrando por el estómago.  Amaba a Lucas, más que a nadie, y no quería dejarlo, pero era la oportunidad de desarrollarse laboralmente, lo que había estado esperando durante mucho tiempo.

La cena ya estaba en marcha, unas patatas cortadas, rehogarlas un poco, un pimiento salteado y huevo, le encantaba esa combinación. El primer plato listo. Había comprado chuletón de buey, a Lucas le encantaba la carne.

La mesa estaba lista, había colocado velas y un mantel rojo, el vino a su temperatura ideal,  y el tono de luz era tenue, era algo especial, quería que todo saliera perfecto, nunca imaginó que las cosas terminarían así.

-¿Y esto? ¿Qué festejamos? – Lucas estaba  sorprendido pero encantado con la preparación, se refrescó  y se sentó en la mesa.

-Quiero contarte algo muy importante para mí-

-Pensé que ibas a pedir mi mano- Lucas se reía, estaba relajado.

Miriam estaba nerviosa,  empezó hablando de la comida y los preparativos de la cena, y lo que había hecho durante el día.

Miriam levantó la copa y dijo –quiero hacer un brindis- lo miró a los ojos. Lucas asintiendo levantó su copa.

-Porque me han aceptado en Estados Unidos, para trabajar un año en la empresa Mycs Fhotos.

La sonrisa de Lucas se transformó en una expresión triste y desoladora, fue como un baldazo de agua fría, no se lo esperaba.

-¿Qué?, ¿Cómo que te vas?-

-Es una oportunidad muy importante para mí, quiero demostrar mi talento, sé que soy capaz de hacer algo grande, algo diferente. Quería darte una sorpresa, pensé que te alegrarías por mí.

-¿Y qué pasa con lo nuestro?, me alegro por ti, sabíamos que esto pasaría en algún momento, sólo que no lo esperaba ahora.  Lucas estaba en shock, el estómago se había cerrado, sentía puntadas en la tripa.

-Todavía no está todo gestionado pero me gustaría que me esperases, un año pasa rápido, yo te amo, no quiero que esto acabe. Mirian intentaba salvar la situación.

-Necesito pensar, dar una vuelta, estar un rato solo- Recogió la chaqueta y salió a dar un paseo, la noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

-No entendía cómo en el mejor momento de su relación, iban a separarse, cómo aguantaría sin ella por las noches, por el día, a todas horas. La necesitaba, la amaba y no podía apoyarla; se reprochaba su egoísmo, estaba pensando en su corazón y no en el bien de ella, pero no lo podía evitar.

Caminó varias manzanas hasta que se sentó en un banco, la cabeza le daba vueltas.

Miriam, preocupada no paraba de llamar al móvil de Lucas, le aparecía el contestador en todo momento. Recogió la mesa, tiró las velas a la basura, abatida sin saber qué hacer, se sentó en el sofá, a esperar y a pensar cómo afrontar la situación.

Las lágrimas caían por sus mejillas a medida que miraba la hora en el reloj, estaba preocupada y triste, lo que iba a ser un festejo terminó en tristeza y en huída.

Sonó el teléfono, lo cogió corriendo.

-¿Dónde estás?, estoy muy preocupada.

-Estoy bien, de camino a casa, lo siento mucho, fui un egoísta, pensé sólo en mí y dejé de lado tu sueño, te quiero y te voy a poyar en esto,  te esperaré.

-Vuelve pronto que estoy deseando abrazarte-

La comunicación se cortó antes de que Miriam terminara la última palabra. Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control, el móvil cayó al suelo quedando destrozado y Lucas viajó lejos, intentando no avanzar, quería quedarse, quería luchar…

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

móvil roto

 

 

 

 

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Relato breve.

10/07/2014

Tormenta de Nieve

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Abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

La familia López siempre iban unidos a todos los sitios, era parte de su rutina para los fines de semanas, a Marcos lo habían criado así, y él había hecho lo mismo con sus hijos. Adoraba cuando estaban todos juntos cenando, comentando que tal había ido el día, ¿cómo se habían levantado, Trini y Lucas?, ¿qué habían hecho en el  colegio? y si necesitaban ayuda con algún ejercicio de matemáticas. Siempre pendiente de sus hijos y de su mujer, Marcos, dedicaba su vida a trabajar y a buscar la forma de hacer una vida divertida y feliz en familia.

Todo iba bien hasta que sonó el timbre de la casa.

-¿Esperamos a alguien y no me has dicho nada Cristina?- dijo Marcos al levantarse y caminar hacia la puerta.

-Yo no espero a nadie- pregunta quién es antes de abrir-

Trini y Lucas entre miradas cómplices, se reían y hasta en un descuido de Cristina se arrojaban migas de pan a la cara.

-¿Quién es? – Con vozarrón grave, preguntó Marcos, tratando de mostrar su hombría a través del sonido cerrado que emitían sus cuerdas vocales que hacían imaginar un hombre fuerte, musculoso, con espalda ancha, manos grandes y pecho bien formado debido al ejercicio diario, pero esa era una realidad que él mismo creaba en su mente, su cuerpo era más bien, delgado, con ojos hundidos, algo encorvado, piernas largas y delgadas, nariz recta y poco pelo, pese a sus tratamientos contra la alopecia en su cabello las entradas de su frente y la calvicie asomaban sin remedio.

-La policía Señor López, abra la puerta, necesitamos hablar con usted un momento- se escuchó del otro lado de la puerta, su voz en la imaginación de Marcos hizo pensar en alguien gordo, bajito, arrogante y de esas personas que llegan a la hora de la cena sin avisar y se sientan a comer así sin más.

La cara de incógnita de Marcos se reflejaba en las arrugas de su frente y la mueca que hacía con sus labios.

– Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

A los dos segundos de desbloquear la puerta sin apenas haber girado el manillar, marcos cayó al suelo del empujón que le dieron al entrar, alcanzó a perder el conocimiento unos segundos, no entendía que estaba pasando quiénes eran, qué querían, se llenó de preguntas que no salían de su boca, solo estaban en su cabeza, y ni si quiera se había dado cuenta. Miró a Cristina rápidamente, los ojos de ella pedían auxilio a la vez de que trataba de observar todo para maniobrar.

Cristina siempre había sido muy inteligente, y si bien no era su mayor virtud, era manipuladora, sabía dar vuelta la tortilla para salir beneficiada y que la culpa siempre cayera en el otro, era su forma de ser, hasta en ocasiones lo hacía sin darse cuenta.

-Todos quietos y callados y no les pasará nada- dijo una voz grave, este cuerpo si era como se imaginaba Marcos a sí mismo, fuerte y corpulento.

-No tenemos dinero, no tenemos nada – Dijo Marcos disgustado y temeroso de que ocurriera lo peor.

-Por favor señor haremos lo que usted nos diga pero por favor deje ir a los niños, que ellos no vean esto por favor se lo pido- casi suplicando y con gestos de amabilidad decía Cristina, que en la situación en la que se encontraban era la más sensata, la que estaba pensando.

Trini y Lucas estaban inmóviles, aturdidos por todo lo que estaba pasando se desprendían de sus ojos lagrimas que rozaban su piel. Sin quejidos porque les habían hecho seña con el dedo índice sobre la boca para que permanezcan callados estaban paralizados. No dudaron en hacerlo, tenían miedo, nunca habían hablado de cómo reaccionar en un caso de este tipo, así que estaban desorientados.

No habían pasado ni cinco minutos desde que sonó el timbre y ya estaban todos sentados en el sofá, con las manos hacia atrás, una cinta color gris enroscada en sus manos evitaba que se movieran, Lucas y Trini fueron  encerrados en el baño.

La agonía del corazón de Marcos en el momento que se llevaban a sus hijos le provocó varias puntadas en el pecho y un fuerte calambre en el estomago.

-¿Qué van a hacer con ellos?, por favor no les hagan daño- alcanzó a decir hasta que un golpe en su cabeza lo hizo callar al instante.

Cristina se retorcía de la impotencia, y se quejaba zarandeándose de un lado a otro.

Nacho había sido precavido y la había atado de manos y pies, y había colocado un pañuelo sobre su boca para que no hablara.

-Las mujeres siempre dan problemas, así que va a ser mejor así, que la señora de la casa esté tranquilita en el sofá ¿verdad Marcos?- preguntó con tono irónico.

Marcos asintió con la cabeza, por miedo a que le zurraran en la cabeza de nuevo, de alguna manera compartía ese pensamiento, sabía que Cristina intentaría hacer algo y tal vez sin darse cuenta los pondría en peligro.

–          Te voy a explicar un par de cosas Marquito, Si haces lo que te ordene, no pones  resistencia y colaboras con Nacho nada pasará a tu familia, ¿lo entiendes?-

–          Sí, lo que usted me diga, yo hago lo que usted necesite pero por favor no le haga nada a mis hijos- dijo Marcos casi al borde del llanto.

Los ojos de Nacho eran grandes y redondos, de color negro intenso, profundos, al mirarlos demostraban maldad y seguridad a la vez, se nota que no es la primera vez que lo hace, pensó Marcos entre sí, sorprendido por el frío de sus ojos, el vacío que proyectaban.

–          Yo y mi equipo estamos necesitando asilo momentáneo, serán sólo una noche hasta que pase la tormenta y las aguas se calmen, necesitamos comida y descansar, como si estas fuesen unas vacaciones, y tú nos invitas a pasarlas en tu casa, ¿qué dices?, ¿me invitas a tu casa a vacacionar unos días, todos juntitos como en familia? -Rompió a reír Nacho, su ironía era característico de él.

Marcos bajó la mirada, esquivaba los ojos de Nacho, lo intimidaban, y dijo:

–          Podéis usar  todo lo que quieran de la casa, ropa, comida, cobijo, lo que necesiten, pero a cambio deja ir a los niños, por favor- casi suplicando dijo Marcos.

–          Deja ya de decirme eso tío, ya es la quinta vez que lo dices y estas poniéndome nervioso, no le haré nada a tus hijos, ni a tu mujer si colaboran todos, por eso hablo contigo porque eres el jefe de la casa ¿o no?, o ¿en tu casa manda tu mujer?- el tono arrogante y a la vez sincero de la pregunta dejó casi blanco a Marcos.

No podía reconocerlo ahí a la vista, pero en su casa mandaba Cristina, o era como ella quería y decía o el ambiente se podía transformar en un infierno; Marcos era pasivo, calmado, siempre trataba de llegar a un acuerdo y terminaba cediendo, ya estaba acostumbrado y los 15 años que llevaban juntos lo demostraba.

Nacho mediante señas con la mirada y un gesto con la cabeza, dio a entender a su compañero que le ate un pañuelo alrededor de la boca a Marcos.

–          Bueno, señor Marcos nos vamos a poner cómodos y a organizarnos, los dejaré aquí tumbados en el sofá tan ricamente, al lado de la hoguera, no quiero problemas señor López, ¿entendido?- preguntó mirando fijamente a Marcos y a la vez desviando la mirada hacia Cristina.

–          Marcos asintió con la cabeza porque con el pañuelo ya no podía hablar, las manos continuaban atadas, y sus pies también.

Nacho no fue muy lejos, se dirigió a la cocina que estaba pegada al salón, y desde allí observaba a Marcos y a su mujer.

Reunió a su equipo para organizarse y planear bien la noche, había dejado claro que no quería problemas, y que debían seguir las instrucciones y todo saldría bien.

Nacho siempre había tenido instinto de líder, sabía dirigir, sabía mandar, y sobre todo sabía hacer que se le respete. Las ordenes que daba debían cumplirse a rajatabla, sin fallos y a conciencia, a la vez que dirigía a su equipo lo formaba, lo capacitaba según las necesidades, los hacía consecuentes, y responsables. No era un malhechor de segunda calaña, él era respetado, admirado por su prolijidad y sobre todo porque no dejaba víctimas, se hacía con el control de la situación y terminaban colaborando todos para que nadie resultase herido, y él sin problemas extras.

–          Bueno chicos este es el plan, vamos a pasar la noche aquí, a ver si la nevada cesa y podemos llegar a las montañas, a la familia Simpsons  si la tratamos bien, y dejamos todo claro no serán un problema, necesito que estén vigilados pero a la vez que nosotros descansemos tranquilamente, vamos a necesitar fuerzas para mañana.

–          Piti dame información sobre la casa.

Piti desplegando un trozo de papel sobre la mesa, y señalando el esquema que había hecho dijo, son cuatro habitaciones la de la derecha es la matrimonial, al lado sobre el pasillo la de los críos, que duermen juntos, un baño grande sobre la izquierda, siguiendo el pasillo desembocamos en otra habitación, parece como de invitados, esto da a un lavadero cerrado, pero con una pequeña ventana de vidrio, no cabe ningún cuerpo por allí. Volvemos al eje central el salón, al lado la cocina, sobre el otro extremo otra habitación, parece como el cuarto de la plancha, o trastero, está llena de cosas de por medio, al lado otro baño pequeño.

–          Muy bien, amplio me gusta, dijo Nacho con sarcasmo.

–          ¿Cuántas ventanas hay  en toda la casa?

–          Siete ventanas, una en cada habitación, otra en la cocina, el lavadero y el ventanal del comedor que deriva en un patio, este es compartido con la ventana de la habitación de matrimonio.

–          Roque, dime indumentaria y mobiliario cocina.

–          Sí señor, he quitado todos los cuchillos y tijeras, he revisado la casa aparentemente no hay armas, ni caja fuerte, ni dinero escondido. Herramientas, jarrones, móviles, y aparatos electrónicos están fuera.

–          ¿Hay alarma de seguridad?, ¿vecinos cerca?

–          No, sin alarmas. Los vecinos están a 1 kilómetro el más próximo, probablemente no estén en casa; este pueblo la mayoría de las casas son segunda residencia, sólo las utilizan para el verano.

–          Pasaremos la noche aquí, mañana estaremos atentos a las noticias y decidiremos como continuar.

–          Atentos, distribución y turnos, Roque estarás de guardia hasta las 3 luego te suplantará Mario hasta las siete, pueden comer y tomar lo que quieran, respetando un orden. A la familia Simpson los acomodaremos en el salón, si es necesario traeremos un colchón de las habitaciones y los pondremos sobre el suelo, los quiero a los 4 aquí. ¿Entendido?

–          Sí, señor, contestaron Roque y Mario. Eran un equipo, sabían acatar órdenes y sabían ejecutar un buen plan.

Afuera había comenzado a nevar con más intensidad, y eso complicaba el viaje, habían quedado parados en Montag, un pueblo perdido entre las montañas de los Pirineos, justo al límite entre Francia y España.

Nacho miraba de reojo hacia al salón observando los movimientos de Marcos y Cristina, por si tenía que realizarles alguna advertencia, pero no veía motivo alguno, aparentemente se estaban portando bien.

Encendió el televisor para ver las noticias, evaluar el estado del tiempo y tantear la situación, en el canal local del pueblo no paraban de repetir las malas condiciones del tiempo que azotaba la región, y lo peor de todo es que anunciaban que el pueblo estaba incomunicado debido a la acumulación de nieve que sobrepasa el metro y medio de altura. Haciendo zapping y dando un recorrido general quedó inmutado al escuchar:  “La policía ha sido alertada de un importante robo en el banco caixa city, las identidades de los fugitivos están en poder de las autoridades pero no han sido reveladas a la prensa, se busca en la zona de Pirineos como posible lugar de refugio de la banda”.

–          Pero quién ha sido el chivato, es imposible que tengan esa información- pensaba mientras buscaba respuestas y trataba de elaborar un plan rápidamente.

La banda de Nacho se dedicaba al robo de bancos, lo hacían de una manera muy cuidadosa en los detalles y nunca les habían seguido la pista. Los primeros motines sirvieron para la compra de indumentaria tecnológica, para la realización del trabajo, este motín era bastante bueno, los retiraría un tiempo, para eso debían llegar a la cabaña en dónde se ocultarían un par de semanas para luego cruzar la frontera hacia Francia. Todo estaba planificado y bien calculado, la tormenta de nieve lo había complicado pero lo que él se preguntaba es cómo habían descubierto sus identidades y el destino al que se dirigían.

Cristina no aguantaba más, le dolían los brazos y las muñecas, estaba atemorizada pero a la vez rabiosa, quería liberar a su familia, proteger a sus hijos de estos vándalos. Había pensado formas de escapar pero todas eran riesgosas, por lo menos para sus hijos, tenía que ser cauta y elaborar un plan.

Comenzó a moverse y a balancearse sobre el sofá gimiendo lo más que pudo ya que llevaba un pañuelo en la boca. Su marido la miró fulminantemente, temía por ella, por sus hijos y por él, sabía que Cristina tenía agallas para dar guerra.

Nacho se acercó al salón.

–          ¿Qué pasa con usted señora?, ¿quiere tener problemas tan pronto?- le explicó haciendo un gesto con la mano para que deje de balancearse.

–          Le desató el pañuelo y con una mirada fija le dijo- No ponga en peligro a su familia-

–          Necesito ir al baño por favor, es que me voy a hacer encima aquí mismo, por favor necesito ir, sus ojos demostraban súplica.

–          Muy bien, pero iremos juntos, ¿espero no le importe que la ayude?, dijo con sarcasmo.

No era parte del plan que fuera con ella, pero ya había pensado en ello.

–          Necesito ir urgente, no importa con quién sea.

La levantó del brazo y fueron los dos al baño, Marcos estaba nervioso les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

Cristina era una mujer atractiva, a penas rondaba los cuarenta años y físicamente se mantenía en forma, con carácter fuerte, siempre tomaba las decisiones en casa, y prácticamente se hacía lo que ella decía.

En el baño tenía guardado sedante en capsulas, lo tenía escondidos, porque Marcos no lo sabía, pero de vez en cuando necesitaba ayuda para dormir y para relajarse. Otra de las cosas que le ocultaba a su marido era la asistencia a ayuda psicológica, había comenzado a asistir porque no se encontraba bien, sentía ansiedad y necesitaba hablar con alguien y descargarse bajo la percepción de una mirada objetiva.

Una vez en el baño Nacho pensó en desatarla y dejarla que se refresque un poco, no creía que fuera a causar problemas estando sus hijos en peligro, le dijo que la desataría pero que dejarían la puerta entre abierta y el estaría esperándola.

–          Tiene cinco minutos, así que dese prisa-

Ella asintió con la cabeza y entró en el baño.

Al salir, Nacho le sujeto las manos de nuevo y se dirigieron al salón, en el camino intentando ser tímida dijo:

–          Hace frío, no para de nevar, si queréis os hago algo caliente de cenar- bajó la mirada en espera de la respuesta o incluso de algún golpe por entrometerse.

–          No me parece mala idea, siempre y cuando tenga cuchillos de plástico, porque nos hemos desecho de ellos- sonrió.

–          Bueno hay ingredientes que no debo cortarlo, puedo hacer un puchero caliente, puedo apañarme. Quiero agradecer que me hayas dejado venir al baño y que no hayas tocado a mis hijos, sólo eso.

Al verlos aparecer por el pasillo Marcos se tranquilizó, pensaba que volvería a sentarse a su lado y esperarían que pase esa amarga noche. Pero no fue así, se dirigieron a la cocina, él no hacía otra cosa más que mirar, no podía hablar incluso temía moverse, sus hijos estaban a la derecha, se habían quedado dormidos.

Sin dejar de echar ojo a Cristina y después de varias advertencias de muerte, la dejó con las mano libres para que cocinara algo caliente y rico, le apetecía recuperar fuerzas. Reunió a su equipo y les dijo que aparte de cenar algo caliente, estaban en apuros, les contó lo que había escuchado en las noticias.

Se relajó un instante mientras bebía una cerveza y observaba a Cristina cocinar, le parecía guapa. Tal vez sentía envidia de Marcos, por tener una familia casi de cuento. Él no tenía a nadie que lo esperara para cenar, alguien que se preocupara por su salud, por su estado de ánimo, o simplemente alguien que lo amara.

Muchas veces se encontraba vacío y solo. Alejó de sí esos pensamientos y se concentró en el nuevo plan, si lo estaban buscando muy cerca sería bueno que emprendieran viaje pronto.

Cristina se puso manos a la obra, en una cacerola comenzó a echar los ingredientes, para algunas verduras sacó un pelador el cuál antes de usarlo le solicitó autorización a Nacho, quién no vio peligro y asintió. Comenzaba a confiar en ella, o al menos eso deseaba.

-En una hora estará listo- dijo.

Los potajes como ella le llamaba le salían muy bien, sobre todo los de garbanzos con chorizo y verduras, no tardó mucho en comenzar a salir olor agradable de la cocina.

Nacho la sentó nuevamente en el sofá, casi pidiéndole disculpas la ató de nuevo las manos y tapó su boca con un pañuelo.

Ya tenía decidido el plan, reunió al grupo y les comentó que pasarían la noche, descansarían, cogerían provisiones y partirían por la mañana pese a la tormenta, era arriesgado quedarse allí más tiempo.

El grupo lo escuchaba con atención mientras sus tripas se revolvían del hambre presos del aroma que desprendía la cacerola.

Se sentaron los cuatro en la mesa, Nacho antes de empezar se acercó al sofá ofreciéndoles a los dueños de la casa, pero ambos negaron con la cabeza.

Comieron hasta saciarse enteros, hacía tiempo que no disfrutaban de comida casera, la felicitaron haciéndoles gestos con la mano, levantando el dedo pulgar y riéndose.

–          Lo siento señora pero no nos quedaremos a limpiar la cocina- Le dijeron entre carcajadas.

Nacho indicó a su grupo cómo se organizarían y el plan previsto, primero le tocaría a Roque, y luego suplantaría Mario, no había mucho que vigilar ya que la familia López se estaba portando bien, no estaba causando problemas.

Se relajaron, comenzaron a bostezar, no negaban que estaban cansados, había sido un día largo y necesitaban descansar, el primero en encontrarse mal fue Piti, se sentía mareado e inestable. No entendía lo que le pasaba, tenía la mirada perdida hasta que cayó desplomado en el suelo.

Marcos al verlo caer, lo primero que hizo fue mirar a Cristina, sabía que algo no andaba bien.

Roque se acercó a ver que le pasaba, pero no podía levantarlo, no sentía fuerza, Piti era delgado y alto, no pesaba muchos kilos y más bien su cuerpo era manejable. Roque robusto y grande no podía creer que no sintiera la suficiente fuerza.

Nacho se tensó comenzó a ver la situación y lo primero que hizo fue meterse los dedos en la boca para vomitar.

–          Maldita hija de puta, ¿qué has puesto en la comida?- gritó lleno de furia pero a la vez sintiéndose débil.

Cristina abrió los ojos y negaba con la cabeza, desesperada rogando que haga efecto antes que apuntase con su pistola hacia ellos.

Roque y Marío también habían caído, él se acercó hacía su maletín para agarrar su pistola, esto no iba a terminar así, no se dejaría derrotar por una mujer maliciosa.

Cogió el arma, estaba mareado, se sentía inestable, intentó apuntar mientras Cristina y Marcos gemían incluso ella se puso de pié, ya que no los tenía atados. Tratando de despertar a sus hijos  e intentar protegerlos.

Marcos estaba desesperado, veía el arma, veía a Nacho apuntando y veía el odio en sus ojos, mientras se entrecerraban.

Apuntó como pudo y comenzó a disparar, los niños atemorizados se arrastraban hacia atrás del sofá para protegerse mientras Cristina los empujaba con los pies.

El primer disparo impactó en la pared, siguió intentándolo una y otra vez hasta que se desplomó sin más.

Cristina no lo podía creer, sentía miedo e impotencia pero a la vez se sentía triunfadora, sus hijos estaba bien y eso era lo que más le importaba.

Al girarse para ver a Marcos lo encontró tumbado sobre el sofá, las manos  y los pies atados, y un hilo rojo se desprendía de su cabeza manchando todo de rojo.

Esa noche Marcos se marchó para no volver nunca más, Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

disparo

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

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