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Relato breve.

15/07/2014

Secreto de Fuego

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La intriga pudo más que el respeto

 

No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto.

No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto.

 

Una vez más los chismes de la gente habían llenado de incógnitas su cabeza.

Julia provenía de una familia trabajadora, su padre había sido panadero y su madre realizaba arreglos de ropa. Siempre había sido feliz hasta que descubrió un pasado que cambió su vida.

Marta era joven y atractiva, aquella noche volvía de trabajar de la fábrica a la que asistía planchando  todo tipo de jersey, cuando una persona se acercó a ella, lentamente fueron subiendo el tono de voz, empezaron los forcejeos y Marta cayó al suelo.

Todo ocurrió muy rápido, casi no pudo defenderse, la vergüenza se apoderó de ella, deseaba morir, desaparecer del mundo. Apenas con dieciséis años Marta afrontó su embarazo, sus padres decidieron mandarla al pueblo en donde había crecido a cargo de una tía, que se ocuparía de ella. La alejaron de la ciudad, la alejaron de ellos, la alejaron de todo tipo de justicia que quisiera reclamar.

En el pueblo conoció a Francisco un hombre que a sus 35 años no se había casado o bien no había encontrado el amor, no era agraciado por su físico ni por la fisionomía de su cara, pero era bueno y solidario. Su tía la obligó a casarse con él, para intentar borrar la vergüenza de la familia. Juntos criaron a Julia.

Nunca le dijeron la verdad, en el pueblo se rumoreaban cosas pero Julia nunca había hecho caso a habladurías del pueblo, hasta que se hizo mayor y sus dudas empezaron a emerger en busca de respuestas.

Una mañana encontró un baúl en el armario de su madre, estaba cerrado con llave y era pequeño, su madre no escondía nada, ¿por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro? La intriga pudo más que el respeto, buscó una llave pequeña que tenía de un diario íntimo e intentó abrirlo, sin conseguirlo siguió intentando con varios objetos hasta que consiguió el objetivo, al abrir la caja lo primero que vio fue una foto de sus abuelos, nunca los había conocido, y cuando había preguntado a su madre por ello, ella había esquivado el tema, decía simplemente que estaban muertos.

También encontró una carta, su papel estaba amarillento y desgastado. Sintió un ruido y pensó en guardar todo aquello, en que no debía hacerlo, pero algo dentro de su corazón le decía lo contrario.

 

1997  Madrid.

Hola hija, no sé cómo empezar a escribir esta carta, no es correcto que lo haga sin el consentimiento de tu padre, pero no puedo más con este dolor. Sé que no hicimos bien enviándote lejos de nosotros, ya es tarde para enmendar errores. Yo intenté creerte, quise aceptarlo pero tenía los ojos vendados, nunca me lo perdoné.

Ahora son mis últimos días, y no me quiero ir sin pedirte perdón. Se me desgarra el corazón con tu recuerdo, me gustaría tanto verte. Intentamos hacer lo que era mejor para nosotros sin pensar en ti.

Tu desdicha esa noche nos marcó la vida, nos hirió el alma, hija mía cuanto lo siento, nunca más volví a sentir felicidad después de tu partida, mis días se amargaron y la luz se apagó, solo quedó oscuridad y llanto silencioso oculto por las noches.

Espero que algún día puedas perdonarnos, o al menos que sepas que nunca te olvidé y siempre estás presente en mi corazón.

Te quiero hija.

Isabel  Torrevieja.

Al terminar de leerlo Julia se quedó pensativa, tu desdicha ¿a qué se refería?, ¿entonces ellos la echaron de casa?

Siguió buscando en la caja y encontró un colgante, parecía de oro, era una cadena muy fina con una virgen pequeña, estaba rota.

Al ver a Julia con el baúl  en sus manos,  el vaso que llevaba cayó al suelo partiéndose en mil pedazos, Julia no supo cómo reaccionar y se quedó inmóvil frente a su madre.

–          Lo siento madre-

–          ¿Qué haces fisgoneando mis cosas? ¿dónde está el respeto a tu madre?, yo no te crié así- Marta estaba enfurecida y alterada.

–          Quiero saber la verdad madre-

El bofetón resonó en su cara dando un enorme giro, la palma de la mano de Marta quedó enrojecida mientras empezaban a brotar lágrimas por sus ojos.

Julia aturdida y conmocionada no podía creer que su madre le hubiese pegado, lo que le hizo suponer que escondía algo mucho más grave de lo que ella se había imaginado.

Bajó la mirada y pidió perdón, sentía que debía preguntar, y no excusarse. Pero tal vez no era el momento. Julia salió corriendo y se encerró en su habitación.

Tenía muchas preguntas, sentía dudas de todo y en ese momento recordó las habladurías del pueblo que habían puesto en duda la paternidad de Francisco. ¿Y si no es mi padre?

Golpeó la puerta de la habitación de su madre, allí estaba con la carta en la mano, hecha un mar lágrimas, derrotada, hundida.

–          ¿Puedo pasar?, de veras que lo siento mucho, no quería hacerte daño, simplemente tenía curiosidad, la gente habla…

–          La gente habla lo que quiere, porque están aburridos de sus vidas y buscan cosas en la vida de los demás para entretenerse- dijo muy seria interrumpiendo a Julia.

–          Ya soy grande, sé que lo que hice no está bien, pero tengo derecho a saber la verdad-

–          ¿Qué verdad? ¿La que la gente se inventa? , guardó la carta en el sobre y cerro el baúl.

–          ¿Quiero saber porqué los abuelos te alejaron de ellos?, ¿Francisco es mi padre?- lo soltó sin más, se merecía otra bofetada y si la recibía no se quejaría.

Marta rompió a llorar, se tapó la cara con las manos, no le salían las palabras.

–          Voy a buscar un vaso de agua, dijo Julia levantándose de la punta de la cama en donde se había sentado.

–          Intentando tranquilizarse, Marta miró a los ojos a su hija, la abrazó y le dijo: -Te quiero como nunca he querido a nadie, eres lo más importante en mi vida desde que naciste.-

Julia esperaba confirmar la verdad, se sentía triste, enojada, engañada y fría.

-Quiero saberlo todo- dijo alejándose de su madre.

Marta no podía contener las lágrimas, el dolor en su pecho era cada vez más intenso. No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto. Se tocó el pecho con la mano y entre sollozos y quejidos empezó a tener dificultad para respirar, sus ojos se transformaron.

Julia desesperada empezó a pedir ayuda, gritando, tratando de acostar a su madre  no sabía cómo ayudar, llamó a emergencias, salió a la calle y no dejaba de pedir auxilio.

La ambulancia llegó en 15 minutos, al entrar encontraron al Julia abrazada a su madre en la cama, sostenía su mano. Su cuerpo aún estaba caliente, ya no respiraba.

 

¿Por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro?

¿Por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro?

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