ElQueAsesina - Escritura Creativa

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Relato breve.

23/07/2014

El Viaje

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La noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

 

Desesperada porque el teléfono no sonaba, miró otra vez si tenía señal, la llamada no llegaba y los nervios le estaban estallando la cabeza en mil pedazos, un nudo en el estómago no le dejaba comer; pequeñas gotas de sudor caían por su frente.

Miriam caminaba de un lado a otro, en el pasillo que unía el comedor con su cocina, era una casa pequeña pero reconfortante, podía ver los platos por fregar encima de la encimera y los restos de un bocadillo que no pudo terminar de comer.

Con el teléfono en la mano decidió sentarse para ver si se tranquilizaba un poco, esa llamada era importante, era lo que había estado esperando durante años, era el pasaporte hacia la felicidad, visto desde su punto de vista.

El sueño de Miriam fue estudiar  fotografía, le gustaba plasmar verdades en las fotos, así lo llamaba ella.

Las imágenes que tomaba con su cámara la transportaban a otro mundo; al mundo de la perfección, donde queda congelado el momento y nada lo estropea.

Ese día era especial, la oportunidad de que tanto anhelaba estaba muy cerca, y de repente sonó el teléfono, de los nervios se resbaló de sus manos y gracias a sus reflejos lo sostuvo en el aire.

-Hola- contestó.

-¿Con la Señora Miriam Livens por favor? Pregunto una vos de hombre, que sonaba seria y a la vez agradable.

-Sí, ella habla, dígame por favor-  Soltó con vos temblorosa a punto de estallar de los nervios.

-Llamamos de la embajada norteamericana, hemos aceptado su visado, puede ingresar al país, y mantenerse en él por el período de 12 meses, en calidad de becaria para la empresa Mycs Fhotos, si está de acuerdo le rogamos, se ponga en contacto con el departamento  administrativo para realizar el resto de los trámites.

-Sí, perfecto ¿con quién debo comunicarme?

-Primero debe llamar a Brian Lotter , sección visados becas, interno 04, él le informará cómo proceder. Muchas gracias por su atención, buenas tardes-

-Buenas tardes, muchas gracias- Dijo sin  parar de temblar, y con lágrimas en los ojos.

Por  fin había llegado su oportunidad, lo que tanto había anhelado, poder trabajar en el extranjero, desarrollar su potencial  y su talento.

Lo más difícil todavía no había llegado, cómo le diría a Lucas que se marcharía, qué estaría fuera un año. ¿Me esperará?, se preguntaba mientras caminaba en su salón sin parar presa de los nervios y la alegría.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar, sabía que Lucas no se lo tomaría muy bien, no lo habían hablado con detalle porque era una posibilidad remota, pero había llegado el día y estaba feliz .  Recogió la casa, fregó los platos, se alistó y salió a comprar algo especial, le cocinaría su comida preferida.

Lucas trabajaba en una fábrica de cemento, era un trabajo duro y agotador pero cuando llegaba a casa le confortaba que Miriam lo esperara sonriente y dinámica, llena de energía, ella lo transportaba a otro mundo.

Su aspecto físico era fuerte y grande, al lado de Miriam se veía como un grandullón, ella era tan delgada y pequeña, que hasta le daba miedo abrazarla con demasiada fuerza. Estaba enamorado de ella hasta los huesos, en más de una ocasión había dicho que daría la vida por ella, que siempre la protegería y cuidaría. En su trabajo presumía de novia y de amor, cada vez que sacaba su vianda de comida explicaba lo que el amor de su vida había cocinado para él.

No se le daba mal la cocina, tal vez por ello Miriam quería suavizar la noticia con una velada romántica entrando por el estómago.  Amaba a Lucas, más que a nadie, y no quería dejarlo, pero era la oportunidad de desarrollarse laboralmente, lo que había estado esperando durante mucho tiempo.

La cena ya estaba en marcha, unas patatas cortadas, rehogarlas un poco, un pimiento salteado y huevo, le encantaba esa combinación. El primer plato listo. Había comprado chuletón de buey, a Lucas le encantaba la carne.

La mesa estaba lista, había colocado velas y un mantel rojo, el vino a su temperatura ideal,  y el tono de luz era tenue, era algo especial, quería que todo saliera perfecto, nunca imaginó que las cosas terminarían así.

-¿Y esto? ¿Qué festejamos? – Lucas estaba  sorprendido pero encantado con la preparación, se refrescó  y se sentó en la mesa.

-Quiero contarte algo muy importante para mí-

-Pensé que ibas a pedir mi mano- Lucas se reía, estaba relajado.

Miriam estaba nerviosa,  empezó hablando de la comida y los preparativos de la cena, y lo que había hecho durante el día.

Miriam levantó la copa y dijo –quiero hacer un brindis- lo miró a los ojos. Lucas asintiendo levantó su copa.

-Porque me han aceptado en Estados Unidos, para trabajar un año en la empresa Mycs Fhotos.

La sonrisa de Lucas se transformó en una expresión triste y desoladora, fue como un baldazo de agua fría, no se lo esperaba.

-¿Qué?, ¿Cómo que te vas?-

-Es una oportunidad muy importante para mí, quiero demostrar mi talento, sé que soy capaz de hacer algo grande, algo diferente. Quería darte una sorpresa, pensé que te alegrarías por mí.

-¿Y qué pasa con lo nuestro?, me alegro por ti, sabíamos que esto pasaría en algún momento, sólo que no lo esperaba ahora.  Lucas estaba en shock, el estómago se había cerrado, sentía puntadas en la tripa.

-Todavía no está todo gestionado pero me gustaría que me esperases, un año pasa rápido, yo te amo, no quiero que esto acabe. Mirian intentaba salvar la situación.

-Necesito pensar, dar una vuelta, estar un rato solo- Recogió la chaqueta y salió a dar un paseo, la noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

-No entendía cómo en el mejor momento de su relación, iban a separarse, cómo aguantaría sin ella por las noches, por el día, a todas horas. La necesitaba, la amaba y no podía apoyarla; se reprochaba su egoísmo, estaba pensando en su corazón y no en el bien de ella, pero no lo podía evitar.

Caminó varias manzanas hasta que se sentó en un banco, la cabeza le daba vueltas.

Miriam, preocupada no paraba de llamar al móvil de Lucas, le aparecía el contestador en todo momento. Recogió la mesa, tiró las velas a la basura, abatida sin saber qué hacer, se sentó en el sofá, a esperar y a pensar cómo afrontar la situación.

Las lágrimas caían por sus mejillas a medida que miraba la hora en el reloj, estaba preocupada y triste, lo que iba a ser un festejo terminó en tristeza y en huída.

Sonó el teléfono, lo cogió corriendo.

-¿Dónde estás?, estoy muy preocupada.

-Estoy bien, de camino a casa, lo siento mucho, fui un egoísta, pensé sólo en mí y dejé de lado tu sueño, te quiero y te voy a poyar en esto,  te esperaré.

-Vuelve pronto que estoy deseando abrazarte-

La comunicación se cortó antes de que Miriam terminara la última palabra. Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control, el móvil cayó al suelo quedando destrozado y Lucas viajó lejos, intentando no avanzar, quería quedarse, quería luchar…

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

móvil roto

 

 

 

 

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Relato breve.

10/07/2014

Tormenta de Nieve

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Abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

La familia López siempre iban unidos a todos los sitios, era parte de su rutina para los fines de semanas, a Marcos lo habían criado así, y él había hecho lo mismo con sus hijos. Adoraba cuando estaban todos juntos cenando, comentando que tal había ido el día, ¿cómo se habían levantado, Trini y Lucas?, ¿qué habían hecho en el  colegio? y si necesitaban ayuda con algún ejercicio de matemáticas. Siempre pendiente de sus hijos y de su mujer, Marcos, dedicaba su vida a trabajar y a buscar la forma de hacer una vida divertida y feliz en familia.

Todo iba bien hasta que sonó el timbre de la casa.

-¿Esperamos a alguien y no me has dicho nada Cristina?- dijo Marcos al levantarse y caminar hacia la puerta.

-Yo no espero a nadie- pregunta quién es antes de abrir-

Trini y Lucas entre miradas cómplices, se reían y hasta en un descuido de Cristina se arrojaban migas de pan a la cara.

-¿Quién es? – Con vozarrón grave, preguntó Marcos, tratando de mostrar su hombría a través del sonido cerrado que emitían sus cuerdas vocales que hacían imaginar un hombre fuerte, musculoso, con espalda ancha, manos grandes y pecho bien formado debido al ejercicio diario, pero esa era una realidad que él mismo creaba en su mente, su cuerpo era más bien, delgado, con ojos hundidos, algo encorvado, piernas largas y delgadas, nariz recta y poco pelo, pese a sus tratamientos contra la alopecia en su cabello las entradas de su frente y la calvicie asomaban sin remedio.

-La policía Señor López, abra la puerta, necesitamos hablar con usted un momento- se escuchó del otro lado de la puerta, su voz en la imaginación de Marcos hizo pensar en alguien gordo, bajito, arrogante y de esas personas que llegan a la hora de la cena sin avisar y se sientan a comer así sin más.

La cara de incógnita de Marcos se reflejaba en las arrugas de su frente y la mueca que hacía con sus labios.

– Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

A los dos segundos de desbloquear la puerta sin apenas haber girado el manillar, marcos cayó al suelo del empujón que le dieron al entrar, alcanzó a perder el conocimiento unos segundos, no entendía que estaba pasando quiénes eran, qué querían, se llenó de preguntas que no salían de su boca, solo estaban en su cabeza, y ni si quiera se había dado cuenta. Miró a Cristina rápidamente, los ojos de ella pedían auxilio a la vez de que trataba de observar todo para maniobrar.

Cristina siempre había sido muy inteligente, y si bien no era su mayor virtud, era manipuladora, sabía dar vuelta la tortilla para salir beneficiada y que la culpa siempre cayera en el otro, era su forma de ser, hasta en ocasiones lo hacía sin darse cuenta.

-Todos quietos y callados y no les pasará nada- dijo una voz grave, este cuerpo si era como se imaginaba Marcos a sí mismo, fuerte y corpulento.

-No tenemos dinero, no tenemos nada – Dijo Marcos disgustado y temeroso de que ocurriera lo peor.

-Por favor señor haremos lo que usted nos diga pero por favor deje ir a los niños, que ellos no vean esto por favor se lo pido- casi suplicando y con gestos de amabilidad decía Cristina, que en la situación en la que se encontraban era la más sensata, la que estaba pensando.

Trini y Lucas estaban inmóviles, aturdidos por todo lo que estaba pasando se desprendían de sus ojos lagrimas que rozaban su piel. Sin quejidos porque les habían hecho seña con el dedo índice sobre la boca para que permanezcan callados estaban paralizados. No dudaron en hacerlo, tenían miedo, nunca habían hablado de cómo reaccionar en un caso de este tipo, así que estaban desorientados.

No habían pasado ni cinco minutos desde que sonó el timbre y ya estaban todos sentados en el sofá, con las manos hacia atrás, una cinta color gris enroscada en sus manos evitaba que se movieran, Lucas y Trini fueron  encerrados en el baño.

La agonía del corazón de Marcos en el momento que se llevaban a sus hijos le provocó varias puntadas en el pecho y un fuerte calambre en el estomago.

-¿Qué van a hacer con ellos?, por favor no les hagan daño- alcanzó a decir hasta que un golpe en su cabeza lo hizo callar al instante.

Cristina se retorcía de la impotencia, y se quejaba zarandeándose de un lado a otro.

Nacho había sido precavido y la había atado de manos y pies, y había colocado un pañuelo sobre su boca para que no hablara.

-Las mujeres siempre dan problemas, así que va a ser mejor así, que la señora de la casa esté tranquilita en el sofá ¿verdad Marcos?- preguntó con tono irónico.

Marcos asintió con la cabeza, por miedo a que le zurraran en la cabeza de nuevo, de alguna manera compartía ese pensamiento, sabía que Cristina intentaría hacer algo y tal vez sin darse cuenta los pondría en peligro.

–          Te voy a explicar un par de cosas Marquito, Si haces lo que te ordene, no pones  resistencia y colaboras con Nacho nada pasará a tu familia, ¿lo entiendes?-

–          Sí, lo que usted me diga, yo hago lo que usted necesite pero por favor no le haga nada a mis hijos- dijo Marcos casi al borde del llanto.

Los ojos de Nacho eran grandes y redondos, de color negro intenso, profundos, al mirarlos demostraban maldad y seguridad a la vez, se nota que no es la primera vez que lo hace, pensó Marcos entre sí, sorprendido por el frío de sus ojos, el vacío que proyectaban.

–          Yo y mi equipo estamos necesitando asilo momentáneo, serán sólo una noche hasta que pase la tormenta y las aguas se calmen, necesitamos comida y descansar, como si estas fuesen unas vacaciones, y tú nos invitas a pasarlas en tu casa, ¿qué dices?, ¿me invitas a tu casa a vacacionar unos días, todos juntitos como en familia? -Rompió a reír Nacho, su ironía era característico de él.

Marcos bajó la mirada, esquivaba los ojos de Nacho, lo intimidaban, y dijo:

–          Podéis usar  todo lo que quieran de la casa, ropa, comida, cobijo, lo que necesiten, pero a cambio deja ir a los niños, por favor- casi suplicando dijo Marcos.

–          Deja ya de decirme eso tío, ya es la quinta vez que lo dices y estas poniéndome nervioso, no le haré nada a tus hijos, ni a tu mujer si colaboran todos, por eso hablo contigo porque eres el jefe de la casa ¿o no?, o ¿en tu casa manda tu mujer?- el tono arrogante y a la vez sincero de la pregunta dejó casi blanco a Marcos.

No podía reconocerlo ahí a la vista, pero en su casa mandaba Cristina, o era como ella quería y decía o el ambiente se podía transformar en un infierno; Marcos era pasivo, calmado, siempre trataba de llegar a un acuerdo y terminaba cediendo, ya estaba acostumbrado y los 15 años que llevaban juntos lo demostraba.

Nacho mediante señas con la mirada y un gesto con la cabeza, dio a entender a su compañero que le ate un pañuelo alrededor de la boca a Marcos.

–          Bueno, señor Marcos nos vamos a poner cómodos y a organizarnos, los dejaré aquí tumbados en el sofá tan ricamente, al lado de la hoguera, no quiero problemas señor López, ¿entendido?- preguntó mirando fijamente a Marcos y a la vez desviando la mirada hacia Cristina.

–          Marcos asintió con la cabeza porque con el pañuelo ya no podía hablar, las manos continuaban atadas, y sus pies también.

Nacho no fue muy lejos, se dirigió a la cocina que estaba pegada al salón, y desde allí observaba a Marcos y a su mujer.

Reunió a su equipo para organizarse y planear bien la noche, había dejado claro que no quería problemas, y que debían seguir las instrucciones y todo saldría bien.

Nacho siempre había tenido instinto de líder, sabía dirigir, sabía mandar, y sobre todo sabía hacer que se le respete. Las ordenes que daba debían cumplirse a rajatabla, sin fallos y a conciencia, a la vez que dirigía a su equipo lo formaba, lo capacitaba según las necesidades, los hacía consecuentes, y responsables. No era un malhechor de segunda calaña, él era respetado, admirado por su prolijidad y sobre todo porque no dejaba víctimas, se hacía con el control de la situación y terminaban colaborando todos para que nadie resultase herido, y él sin problemas extras.

–          Bueno chicos este es el plan, vamos a pasar la noche aquí, a ver si la nevada cesa y podemos llegar a las montañas, a la familia Simpsons  si la tratamos bien, y dejamos todo claro no serán un problema, necesito que estén vigilados pero a la vez que nosotros descansemos tranquilamente, vamos a necesitar fuerzas para mañana.

–          Piti dame información sobre la casa.

Piti desplegando un trozo de papel sobre la mesa, y señalando el esquema que había hecho dijo, son cuatro habitaciones la de la derecha es la matrimonial, al lado sobre el pasillo la de los críos, que duermen juntos, un baño grande sobre la izquierda, siguiendo el pasillo desembocamos en otra habitación, parece como de invitados, esto da a un lavadero cerrado, pero con una pequeña ventana de vidrio, no cabe ningún cuerpo por allí. Volvemos al eje central el salón, al lado la cocina, sobre el otro extremo otra habitación, parece como el cuarto de la plancha, o trastero, está llena de cosas de por medio, al lado otro baño pequeño.

–          Muy bien, amplio me gusta, dijo Nacho con sarcasmo.

–          ¿Cuántas ventanas hay  en toda la casa?

–          Siete ventanas, una en cada habitación, otra en la cocina, el lavadero y el ventanal del comedor que deriva en un patio, este es compartido con la ventana de la habitación de matrimonio.

–          Roque, dime indumentaria y mobiliario cocina.

–          Sí señor, he quitado todos los cuchillos y tijeras, he revisado la casa aparentemente no hay armas, ni caja fuerte, ni dinero escondido. Herramientas, jarrones, móviles, y aparatos electrónicos están fuera.

–          ¿Hay alarma de seguridad?, ¿vecinos cerca?

–          No, sin alarmas. Los vecinos están a 1 kilómetro el más próximo, probablemente no estén en casa; este pueblo la mayoría de las casas son segunda residencia, sólo las utilizan para el verano.

–          Pasaremos la noche aquí, mañana estaremos atentos a las noticias y decidiremos como continuar.

–          Atentos, distribución y turnos, Roque estarás de guardia hasta las 3 luego te suplantará Mario hasta las siete, pueden comer y tomar lo que quieran, respetando un orden. A la familia Simpson los acomodaremos en el salón, si es necesario traeremos un colchón de las habitaciones y los pondremos sobre el suelo, los quiero a los 4 aquí. ¿Entendido?

–          Sí, señor, contestaron Roque y Mario. Eran un equipo, sabían acatar órdenes y sabían ejecutar un buen plan.

Afuera había comenzado a nevar con más intensidad, y eso complicaba el viaje, habían quedado parados en Montag, un pueblo perdido entre las montañas de los Pirineos, justo al límite entre Francia y España.

Nacho miraba de reojo hacia al salón observando los movimientos de Marcos y Cristina, por si tenía que realizarles alguna advertencia, pero no veía motivo alguno, aparentemente se estaban portando bien.

Encendió el televisor para ver las noticias, evaluar el estado del tiempo y tantear la situación, en el canal local del pueblo no paraban de repetir las malas condiciones del tiempo que azotaba la región, y lo peor de todo es que anunciaban que el pueblo estaba incomunicado debido a la acumulación de nieve que sobrepasa el metro y medio de altura. Haciendo zapping y dando un recorrido general quedó inmutado al escuchar:  “La policía ha sido alertada de un importante robo en el banco caixa city, las identidades de los fugitivos están en poder de las autoridades pero no han sido reveladas a la prensa, se busca en la zona de Pirineos como posible lugar de refugio de la banda”.

–          Pero quién ha sido el chivato, es imposible que tengan esa información- pensaba mientras buscaba respuestas y trataba de elaborar un plan rápidamente.

La banda de Nacho se dedicaba al robo de bancos, lo hacían de una manera muy cuidadosa en los detalles y nunca les habían seguido la pista. Los primeros motines sirvieron para la compra de indumentaria tecnológica, para la realización del trabajo, este motín era bastante bueno, los retiraría un tiempo, para eso debían llegar a la cabaña en dónde se ocultarían un par de semanas para luego cruzar la frontera hacia Francia. Todo estaba planificado y bien calculado, la tormenta de nieve lo había complicado pero lo que él se preguntaba es cómo habían descubierto sus identidades y el destino al que se dirigían.

Cristina no aguantaba más, le dolían los brazos y las muñecas, estaba atemorizada pero a la vez rabiosa, quería liberar a su familia, proteger a sus hijos de estos vándalos. Había pensado formas de escapar pero todas eran riesgosas, por lo menos para sus hijos, tenía que ser cauta y elaborar un plan.

Comenzó a moverse y a balancearse sobre el sofá gimiendo lo más que pudo ya que llevaba un pañuelo en la boca. Su marido la miró fulminantemente, temía por ella, por sus hijos y por él, sabía que Cristina tenía agallas para dar guerra.

Nacho se acercó al salón.

–          ¿Qué pasa con usted señora?, ¿quiere tener problemas tan pronto?- le explicó haciendo un gesto con la mano para que deje de balancearse.

–          Le desató el pañuelo y con una mirada fija le dijo- No ponga en peligro a su familia-

–          Necesito ir al baño por favor, es que me voy a hacer encima aquí mismo, por favor necesito ir, sus ojos demostraban súplica.

–          Muy bien, pero iremos juntos, ¿espero no le importe que la ayude?, dijo con sarcasmo.

No era parte del plan que fuera con ella, pero ya había pensado en ello.

–          Necesito ir urgente, no importa con quién sea.

La levantó del brazo y fueron los dos al baño, Marcos estaba nervioso les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

Cristina era una mujer atractiva, a penas rondaba los cuarenta años y físicamente se mantenía en forma, con carácter fuerte, siempre tomaba las decisiones en casa, y prácticamente se hacía lo que ella decía.

En el baño tenía guardado sedante en capsulas, lo tenía escondidos, porque Marcos no lo sabía, pero de vez en cuando necesitaba ayuda para dormir y para relajarse. Otra de las cosas que le ocultaba a su marido era la asistencia a ayuda psicológica, había comenzado a asistir porque no se encontraba bien, sentía ansiedad y necesitaba hablar con alguien y descargarse bajo la percepción de una mirada objetiva.

Una vez en el baño Nacho pensó en desatarla y dejarla que se refresque un poco, no creía que fuera a causar problemas estando sus hijos en peligro, le dijo que la desataría pero que dejarían la puerta entre abierta y el estaría esperándola.

–          Tiene cinco minutos, así que dese prisa-

Ella asintió con la cabeza y entró en el baño.

Al salir, Nacho le sujeto las manos de nuevo y se dirigieron al salón, en el camino intentando ser tímida dijo:

–          Hace frío, no para de nevar, si queréis os hago algo caliente de cenar- bajó la mirada en espera de la respuesta o incluso de algún golpe por entrometerse.

–          No me parece mala idea, siempre y cuando tenga cuchillos de plástico, porque nos hemos desecho de ellos- sonrió.

–          Bueno hay ingredientes que no debo cortarlo, puedo hacer un puchero caliente, puedo apañarme. Quiero agradecer que me hayas dejado venir al baño y que no hayas tocado a mis hijos, sólo eso.

Al verlos aparecer por el pasillo Marcos se tranquilizó, pensaba que volvería a sentarse a su lado y esperarían que pase esa amarga noche. Pero no fue así, se dirigieron a la cocina, él no hacía otra cosa más que mirar, no podía hablar incluso temía moverse, sus hijos estaban a la derecha, se habían quedado dormidos.

Sin dejar de echar ojo a Cristina y después de varias advertencias de muerte, la dejó con las mano libres para que cocinara algo caliente y rico, le apetecía recuperar fuerzas. Reunió a su equipo y les dijo que aparte de cenar algo caliente, estaban en apuros, les contó lo que había escuchado en las noticias.

Se relajó un instante mientras bebía una cerveza y observaba a Cristina cocinar, le parecía guapa. Tal vez sentía envidia de Marcos, por tener una familia casi de cuento. Él no tenía a nadie que lo esperara para cenar, alguien que se preocupara por su salud, por su estado de ánimo, o simplemente alguien que lo amara.

Muchas veces se encontraba vacío y solo. Alejó de sí esos pensamientos y se concentró en el nuevo plan, si lo estaban buscando muy cerca sería bueno que emprendieran viaje pronto.

Cristina se puso manos a la obra, en una cacerola comenzó a echar los ingredientes, para algunas verduras sacó un pelador el cuál antes de usarlo le solicitó autorización a Nacho, quién no vio peligro y asintió. Comenzaba a confiar en ella, o al menos eso deseaba.

-En una hora estará listo- dijo.

Los potajes como ella le llamaba le salían muy bien, sobre todo los de garbanzos con chorizo y verduras, no tardó mucho en comenzar a salir olor agradable de la cocina.

Nacho la sentó nuevamente en el sofá, casi pidiéndole disculpas la ató de nuevo las manos y tapó su boca con un pañuelo.

Ya tenía decidido el plan, reunió al grupo y les comentó que pasarían la noche, descansarían, cogerían provisiones y partirían por la mañana pese a la tormenta, era arriesgado quedarse allí más tiempo.

El grupo lo escuchaba con atención mientras sus tripas se revolvían del hambre presos del aroma que desprendía la cacerola.

Se sentaron los cuatro en la mesa, Nacho antes de empezar se acercó al sofá ofreciéndoles a los dueños de la casa, pero ambos negaron con la cabeza.

Comieron hasta saciarse enteros, hacía tiempo que no disfrutaban de comida casera, la felicitaron haciéndoles gestos con la mano, levantando el dedo pulgar y riéndose.

–          Lo siento señora pero no nos quedaremos a limpiar la cocina- Le dijeron entre carcajadas.

Nacho indicó a su grupo cómo se organizarían y el plan previsto, primero le tocaría a Roque, y luego suplantaría Mario, no había mucho que vigilar ya que la familia López se estaba portando bien, no estaba causando problemas.

Se relajaron, comenzaron a bostezar, no negaban que estaban cansados, había sido un día largo y necesitaban descansar, el primero en encontrarse mal fue Piti, se sentía mareado e inestable. No entendía lo que le pasaba, tenía la mirada perdida hasta que cayó desplomado en el suelo.

Marcos al verlo caer, lo primero que hizo fue mirar a Cristina, sabía que algo no andaba bien.

Roque se acercó a ver que le pasaba, pero no podía levantarlo, no sentía fuerza, Piti era delgado y alto, no pesaba muchos kilos y más bien su cuerpo era manejable. Roque robusto y grande no podía creer que no sintiera la suficiente fuerza.

Nacho se tensó comenzó a ver la situación y lo primero que hizo fue meterse los dedos en la boca para vomitar.

–          Maldita hija de puta, ¿qué has puesto en la comida?- gritó lleno de furia pero a la vez sintiéndose débil.

Cristina abrió los ojos y negaba con la cabeza, desesperada rogando que haga efecto antes que apuntase con su pistola hacia ellos.

Roque y Marío también habían caído, él se acercó hacía su maletín para agarrar su pistola, esto no iba a terminar así, no se dejaría derrotar por una mujer maliciosa.

Cogió el arma, estaba mareado, se sentía inestable, intentó apuntar mientras Cristina y Marcos gemían incluso ella se puso de pié, ya que no los tenía atados. Tratando de despertar a sus hijos  e intentar protegerlos.

Marcos estaba desesperado, veía el arma, veía a Nacho apuntando y veía el odio en sus ojos, mientras se entrecerraban.

Apuntó como pudo y comenzó a disparar, los niños atemorizados se arrastraban hacia atrás del sofá para protegerse mientras Cristina los empujaba con los pies.

El primer disparo impactó en la pared, siguió intentándolo una y otra vez hasta que se desplomó sin más.

Cristina no lo podía creer, sentía miedo e impotencia pero a la vez se sentía triunfadora, sus hijos estaba bien y eso era lo que más le importaba.

Al girarse para ver a Marcos lo encontró tumbado sobre el sofá, las manos  y los pies atados, y un hilo rojo se desprendía de su cabeza manchando todo de rojo.

Esa noche Marcos se marchó para no volver nunca más, Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

disparo

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

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