ElQueAsesina - Escritura Creativa

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Relato breve.

01/09/2014

Desde la Azotea

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Sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Nunca sabemos apreciar la vida en sí misma, creo que siempre nos estamos  quejando de las cosas, que si no tengo esto, que si no consigo lo otro, que si no viajo ni voy aquí y allí, que si estoy cansado; cuando pasa algo malo en tu vida es cuando reconocemos el poco valor que le dábamos a la que teníamos. Siempre hay gente que puede mejorar y otra que puede empeorar. Nunca aprecié mi vida, lo que realmente tenía, siempre me quejé de todo y deseé la vida de los demás, sólo por ser  diferente que la mía.

Hoy puedo decidir sobre mi propia vida, si me propongo puedo cambiar pero si me estanco puedo empeorar. He cambiado, la realidad a mi alrededor ha cambiado, ahora ya no sólo tengo dudas de mi función  en este mundo, si no, que no se cómo continuar. No quiero continuar.

Ayer comencé a investigar mi pasado, creía que la gente podía guardar secretos, pero nunca pensé que sería tan arrollador desenterrarlos de su tumba, te pasan por encima, te golpean fuerte y cuando reaccionas ya no sabes cómo seguir.

Descubrí un diario personal, se que está mal fisgonear en la vida privada de los demás, pero necesitaba hacerlo, había una fuerza que me atraía hacia aquel cajón cerrado con llave. Allí estaban mis respuestas.

Durante años pregunté por qué no se podía abrir. Todos los muebles de casa eran transparentes, se podía abrir todos los armarios, todas sus puertas, no había cajón que se me resistiese. Me encantaba buscar sorpresas cuando era pequeño, mi madre las escondía y me dejaba un acertijo, si era los suficientemente inteligente y los resolvía entonces daba con mi premio. Una pista me llevaba a otra. Siempre me atrajo el misterio y las cosas ocultas hasta hoy que ya nada me interesa.

Estoy triste, enojado o perturbado, no entiendo a este mundo, me gustaría saber si hay otro mundo para huir, para no ser quién soy, para no tener esta vida, y sobre todo para no venir del vientre del que vengo.

Me llamo Pablo García, vivo en España, nací en Argentina pero cuando era muy pequeño nos mudamos con Isabel, mi madre, a Barcelona. Yo me considero español, porque no recuerdo lo más mínimo de aquel país lejano al otro lado del charco cómo se suele decir. Nunca más volvimos, yo preguntaba en ocasiones por la familia de mi madre pero ella me decía que no estaban vivos sus padres, y había sido hija única.

Me crié en un pueblo de playa en la costa del Maresme, fue divertido, con los amigos practicábamos deporte en la playa, disfrutábamos del San Juan, actividades acuáticas y de las turistas extranjeras que estaban para comérselas. No quiero ser grosero, no es mi estilo, pero mi adolescencia fue un torbellino de hormonas, dudas, preguntas sin respuestas, mucha incertidumbre. Marcaron mi carácter, y cada vez esa parte sociable y feliz se fue apagando, se fue haciendo más pequeña y me fui hundiendo en los pensamientos solitarios, la lectura y quién puede decirlo algún  poema escrito oculto entre mis papeles.

Nunca supe sobrellevar bien los cambios, me costaba adaptarme, lo notaba, y eso me impedía avanzaren este mundo en el que no reaccionamos ante la vida hasta que nos da una bofetada y nos gira la cara.

Isabel intentó darme la mejor educación que pudo, sacrificó su vida por la mía y se dedicó a cuidar de mí todo el tiempo.  Nos teníamos el uno al otro, éramos compañeros, amigos, familia, lo éramos todo. Pero las mentiras y los secretos empañaron el espejo, ya no refleja nada.

Nunca rehízo su vida, nunca tuve una imagen paterna, los hombres no eran buenos para ella y se alejó completamente de ellos,  en más de una ocasión le dije que saliera con alguien, que ya era grande y que podía apañarme solo, pero ella inmersa  en su trabajo no le interesaba.  Isabel es costurera, hace arreglos de ropa para tiendas importantes y encargos personales también. Tiene talento, en casa había montado un pequeño taller de costura, era su lugar favorito de la casa, cuando era pequeño me metía allí a explorar y sacaba los ovillos de hilo y los accesorios de su máquina de coser para jugar a ser modisto, un gran diseñador de alta costura, me paseaba con el centímetro en el cuello, y cogía trozos de tela intentando darle alguna forma, cuando me pillaba me iba corriendo antes de que pudiera alcanzarme.

Eran momentos felices y recuerdos lindos, siempre pensaba cómo sería la vida de otras personas, de mis amigos, de mis compañeros de gimnasio, cuando los veía a la cara trataba de imitarlos, para sentir su forma de vida, a veces se me notaba y no sabía cómo reaccionar.

Mi padre fue la gran incógnita en mi vida, un signo de preguntas abierto, ninguna respuesta ofrecida a cambio. Lo intenté muchas veces, de adolecente sin ningún descaro preguntaba directamente e insistía, a medida que crecí, fui moderando mi vocabulario y mi forma de abordar el tema. Jamás pensé que iba a descubrir esta mancha de sangre. Tal vez preferiría no haberme enterado de la verdad y vivir en la mentira, pero, cómo explico la impotencia, el enfado y la tristeza que siento por no haber  sido informado antes, por dejarme al margen de mis orígenes, de la sangre que corre por mis venas.

Isabel lo asesinó, le disparó un balazo en la espalda mientras dormía, según los medios informativos estuvo agonizando unos minutos antes de morir, tal vez intentando descubrir  el significado de esa herida tan profunda.

¿Cómo continuar ahora?, todas las preguntas que tenía para hacerle, las explicaciones que exigiría y los reproches se han esfumado. Estoy vacío.

El cuaderno se me calló de las manos cuando fui ojeando y leyendo la cruel verdad, ella escucho ruido en el salón y su mirada fue de sorpresa  y miedo a la vez, tenía puesto su vestido blanco, uno que había diseñado junto conmigo una de nuestras tardes juntos.

Mis lágrimas comenzaron a caer al mismo tiempo que las de su cara, la cual se tapó con las manos y se dejó caer en un profundo llanto. No le salían las palabras, yo no intentaba hacerle daño, simplemente quería saber la verdad, quería que el mundo que estaba dando vueltas a mi alrededor parase de una vez.

Ella no sabía por dónde empezar, intentó regañarme por tocar lo prohibido, pero no podía ni mirarme a los ojos.

Siempre había deseado tener un padre, recorrer el parque con él, charlar cosas de hombre, divertirnos tomando una copa, siempre lo había necesitado, deseaba con todas mis fuerzas que conociera alguien y que por fin fuésemos una familia completa, real, pero era un deseo que guardaba en mi corazón, que controlaba para no hacerle daño.

¿Nunca sentiste la curiosidad de buscar tu nombre en internet para ver que aparece, qué hablan de ti?, incluyendo redes sociales. Yo no fui muy social, apenas tenía amigos en la vida real, virtualmente no era muy afortunado, tampoco le prestaba demasiada atención.

Me busqué en internet y descubrí un acertijo más, este sobre mi vida en sí, esa que ahora pende de un hilo. Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé, sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada, aquí uno se relaja,  tiene otra visión, una  perspectiva diferente.

Isabel me robó el sueño de tener un padre, ella alegó una explicación a lo sucedido, me dijo que había sido un accidente y que Jorge no era un buen hombre, se atrevió a decir que estábamos mejor sin él, pero,  ¿qué derecho tiene a decirme a mí lo que es mejor en algo que nunca disfruté, algo que no conocí, que no pude sentir? La sangre me hervía de rabia, no sentía pena alguna al verla derrotada sentada en la punta de la cama.

Tal vez sea un error acabar con mi vida así, pero nunca quise esta vida, siempre quise la vida de otras personas, a mi me faltaba algo, estaba incompleto y ya sé lo que era, este agujero negro en mi corazón se ha endurecido, ya no deja escuchar a la cordura, ni a la conciencia, simplemente está dejando de latir.

Isabel llorando

 

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Relato breve.

02/07/2014

Perdón amor mío…

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¡Carta de perdón!

 

El amor a veces nos engaña, nos hace sufrir, no alegra, nos devuelve a la vida. Superar un desengaño es duro, te sientes abatido, con mil preguntas y ninguna respuesta, con un dolor en el pecho intenso y un sentimiento de amargura y desanimo, pero con el tiempo se va superando, lo vas dejando atrás, tal vez te cueste más o menos, pero nadie muere de amor, repones fuerza, tratas de conectarte en otras cosas, el trabajo, los amigos, la familia.

Todo cambia cuando el amor de tu vida deja este mundo, y te abandona igualmente pero contra su voluntad preso de su destino. El dolor se convierte en intenso y crónico. La impotencia de no poder remediarlo o cambiarlo se apodera de ti y te hunde cada vez más, hasta que tocas fondo.

Iris decidió que no quería provocarle ese dolor al amor de su vida, alejándose de él.  Confiaba en que él se repondría, encontraría un muevo amor y sería feliz, pero en sus últimos días, cuando su corazón comenzaba a pararse, decidió escribir esta carta.

 

 

Hola amor mío:

Soy Iris, si estás leyendo esto ahora es porque estoy muerta, ya no estoy en este mundo. Siempre me dijiste que no le tenías miedo a la muerte, que cuando llegara tú hora te marcharías sin más, pero yo sí, temo por mi muerte hasta el último momento, que es este en el que con gran dificultad estoy escribiendo estas palabras para ti. Eres merecedor de ellas y de muchas más, porque me lo diste todo, el amor, el respeto y la sinceridad absoluta. Fuiste bondadoso con migo, paciente, y a veces gruñón.

No me atreví a que vivieras este dolor tan grande a mi lado, te quise, te quiero y te querré siempre, por eso tuve que irme, para que no me veas desintegrarme poco a poco. Sé que eres un hombre muy inteligente y que sospechabas algo en mi reacción tan apresurada de dejarlo todo y marcharme, no podía afrontar el dolor de verte sufrir, de dejarte solo en este mundo que no  valoré hasta que supe que no tenía tiempo, que debía marcharme.

Cuanto lo siento el haberte hecho a un lado de mi situación, estoy segura que recibiría tu apoyo, pero a la vez te vería derrumbarte ante mí y no lo soportaría.

Preferí que te decepcionaras de mí y te enojaras pensando que me alejaba sin ningún motivo, que me apartaba de ti abandonándote.

Preferí tu rencor y odio antes que el dolor de verte sufrir por mi muerte, por la injusticia de la vida y del destino que trazaron esta línea para mí.

Acá se apaga mi sol, la luz de las mañanas y el calor que sentía mi piel al penetrar sus rayos, aquí se acaba mi respiración, que últimamente es entrecortada y suave, lentamente va desapareciendo, aquí se acaba el latido de este corazón que como un reloj roto ha dejado de funcionar, que pese al gran amor que lo mantenía vivo no pudo resistir.

Perdón, porque te enteres así de que jamás dejó de amarte mi alma, de que nunca te engañé y siempre te tuve en mi mente en cada momento que estaba lejos de ti.

Cuando me enteré de que el tumor en mi cerebro era definitivo, que el tiempo empezaba a contar hacia atrás no me quedó otra opción que empujarte al vacío y alejarte de mí lo más rápido posible.

Perdón amor mío, por hacerte llorar, preguntándote qué habías hecho mal, por dejarte noches sin dormir, por renegar del amor, y por odiarme.

Perdón amor mío por no dejarte elegir, y privarte de la verdad. En estos momentos, mis últimos momentos te los dedico a ti, amor mío, que iluminaste mi camino y me guiaste, me cuidaste y me aconsejaste.

Me gustaría escribirte mil hojas, pero mi aliento se va apagando poco a poco y la debilidad se apodera de mí, dejándome inmóvil, sin poder continuar.

Perdón amor mío…

¡Perdón amor mío!

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