ElQueAsesina - Escritura Creativa

Relato breve.

07/07/2014

¡Mente y corazón!

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A dónde tu vayas yo voy.  Pero te digo una cosa, yo no quiero morir.

A dónde tu vayas yo voy. Pero te digo una cosa, yo no quiero morir.

 

…Y te digo una cosa: Yo no quiero morir…

Su cabeza se nublaba, cada vez que miraba hacia abajo se le revolvía el estómago; era el piso número once, mucha altura, pensó.

No había alternativa, no encontraba solución, toda una vida de sacrificios, trabajo duro, aguantando todo, siendo fuerte, sobreviviendo, para acabar así: en su balcón mirando hacia abajo con un pie afuera y otro dentro. Parecía como si sus piernas se comunicaran entre ellas; la que estaba al borde del abismo insistía que era lo mejor, porque ya no quedaban sueños ni esperanza, éstos habían sido robados, ultrajados y tirados por un precipicio. Tal como Mercedes haría para acabar con esta agonía que la quemaba por dentro. Pero la pierna que se encontraba dentro de su casa, si es que todavía podía llamarlo así, le decía que hay que continuar, empezar de cero si es necesario.

En esos momentos Mercedes pensaba, ¿quién valora lo que es justo y lo que no?, ¿Cómo llegamos a sentirnos así, tan humillados, sin sueños, desmotivados y sin ganas de vivir?

-Me  estoy muriendo, cada día, lentamente. No puedo hacer frente a mi desdicha; estoy tan triste, y tan avergonzada de haber acabado de esta manera- palabras que rondaban su cabeza.

-Luché hasta donde pude, lo di todo de mí. ¿Qué pasó?, no lo entiendo. Tantos valores para terminar así, escuchando a mis piernas debatirse la vida o la muerte, o mejor  dicho la calle o la calle. Porque lo que es mío, ahora no era mío.  No tengo opción a elegir, ya no tengo sueños, ya casi no respiro- Se lamentaba mientras seguía con la mirada hacia la carretera que discurría por debajo de su piso.

Mientras el debate llegaba a su fin, con una conclusión firme, Mercedes escuchó un ruido, comenzó a temblar.

– ¡Oh no! por favor, no lo hagas, encontraremos una solución-

– Ya no hay solución, lo sabemos. Yo ya no tengo fuerzas, para luchar en la calle. Me arrebatan lo único que tengo, ¡un techo! No tengo ni para remedios a veces, pero me sentía segura aquí, por lo menos tenía refugio, un resguardo, un espacio. Ahora ya no me queda nada-

– Sí que te queda, tienes mi apoyo y mi fuerza. Ten fe, que en el fondo de mí sé que se solucionará-

– Faltan minutos para que lleguen, no quiero que nada lo interrumpa, por favor déjame tranquila-

– No puedo irme estoy contigo en esto, sabes que somos inseparables, a dónde tu vayas yo voy.  Pero te digo una cosa, yo no quiero morir. Tú tienes el poder, porque puedes hacer mover a tus piernas, para que se coloquen dentro, así luchamos contra todo, o simplemente para que se dejen caer al vacío y rendirse. Yo simplemente te acompaño. Recuerda que yo soy el que más ha sufrido en todo esto y aún así tengo esperanza y quiero vivir.

– Yo también sufro, qué te crees, cada vez que llegan las facturas, las notificaciones, las amenazas. Pienso, pienso, pienso, ¿cómo lo hago?, ¿cómo salgo de esta situación?-

-Somos uno, sufrimos los dos, estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas contenta yo también.

– Sí,  lo sé, pero claro está, si tomas una decisión así de importante, has de hacerla con la cabeza, no con el corazón, y no es que te quiera dejar afuera-

Tocan la puerta. Se escucha una voz en tono grave y contundente.

-Policía señora, tenemos una orden de desahucio. Deberá abandonar la vivienda en este momento, por favor; abra la puerta-

El estruendo que causó el impacto del cuerpo contra el suelo se escuchó desde la siguiente manzana, la sangre se convertía lentamente en un pequeño río que bajaba hacía la carretera principal.

Era tarde para solucionarlo,  Mercedes ya había decidido. Al asomarse el policía por el balcón, después de haber derribado la puerta, su rostro se descompuso tanto como su cuerpo,  fue una cara de frustración, de pena y remordimiento, sin darse cuenta se sentía culpable de estar en ese momento y de no poder haber hecho algo para salvar a esa mente equivocada y a ese corazón abatido ante la rotunda decisión.

Dedicado a toda la gente que ahora mismo se encuentra en esa situación. Que no sabe qué hacer y ve que la única alternativa es desaparecer de este mundo.

Yo te digo que hagas caso a tu corazón y no a tu cabeza.

 

Estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas feliz yo también.

Estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas feliz yo también.

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