ElQueAsesina - Escritura Creativa

Relato breve.

02/12/2015

Los invisibles

Los invisibles de la Sociedad

Soy Invisible, la gente no puede verme.

Soy Invisible, la gente no puede verme.

Mi vida no ha sido fácil. Soy invisible, nadie puede verme, puedo hacer miles de cosas y la gente ni siquiera se da cuenta de que estoy allí. Algunos les gustaría tener este don, pero a mí, no me convence. No es algo que haya elegido y que no luchara con todas mis fuerzas para revertir este problema, pero a veces las cosas no salen como uno quiere.

Mis ojos abren temprano cada día, muchas veces cubiertos por el rocío de la noche, es gracioso pero la gente invisible también tiene frío, miedo y hambre. Es difícil conseguir  alojamiento, que el hecho de ser invisible no te da derecho para entrar en casa de un desconocido y meterse en su cama, ya me gustaría a mí; creo que la gente no te ve pero te presienten, saben que estas ahí dando vueltas a su alrededor. Incluso se alarman, pero si yo soy inofensivo y tierno. Me parece que nos confunden con fantasmas, con espectros de gente que andan deambulando por ahí.

Mi madre me lo solía decir, la gente que tiene una muerte violenta no encuentra fácilmente el camino, o los que han cometido errores y no se han arrepentido pagan su precio en la tierra. Habladurías de vieja le decía.

Los invisibles también tenemos madres, porqué salimos de algún lado, no surgimos así porque sí. Te sorprenderá saber que en algún momento tenemos familia y sientes hasta que no eres invisible, es como cuando te enamoras, que sientes mariposas en el estómago y no paras de pensar cosas bonitas. Es una etapa que pasamos la mayoría de los invisibles, intentando creer  que sí nos ven.  Luego el destino y las circunstancias te hacen volver a la realidad y te recuerdan cada día tu condición.

Yo no lo comprendía, mi madre antes de partir hacia la luz, como solía decirme, no me lo había explicado, yo, inocente pensando que todos éramos iguales, hasta que me di cuenta solo que yo no era así, yo era invisible. No estoy solo, hay muchos invisibles en el mundo, en la ciudad, en los barrios. No vamos a invadirlos si es eso lo que teméis. Nosotros buscamos lo mismo que ustedes seres visibles, buscamos ser felices.

Al principio creía en la felicidad y el amor sobre todo con Rosa, mi madre, ella me hacía sentir como con una explosión de satisfacción todo el rato, me encantaban los besos, los mimos me que me hacía, sus abrazos y sus historias fantasiosas de Dios y el cielo. Yo me reía, saltaba de alegría, de ilusión por que cada día que pasaba era una aventura. Que poco me duró, a los siete años, Rosa partió para no regresar y yo me fui a un lugar donde llevan a los niños invisibles cuando se quedan sin madre ni padre.

Ahí conocí a muchos chicos como yo, algunos se tomaban la vida de una manera más atrevida, eran revoltosos, agresivos y estaban todo el rato enfadados. Luego había otros como yo que buscaban  la tranquilidad y la intimidad.

Conocí a Juanito, así le llamaban, él era revoltoso pero siempre se me acercaba para hablar conmigo, fue el primero que me explicó las reglas del juego que ahora me tocaba jugar. Me dijo: -Atento que te voy a explicar las normas, aquí se hace lo que dice Carlos, él es el que manda, si quieres hacer algo tienes que preguntárselo primero, segundo punto, nuestra estancia es corta en este lugar, si no viene nadie y te secuestra nos escaparemos a los 14 años- tiempo suficiente para planearlo pensé, aún quedaban como 5 años.

-Espera un momento, ¿cómo es eso del secuestro?, ¿quién nos quiere hacer daño? Pregunté alarmado.

– La gente- me dijo en vos baja.

He de reconocer que sentí miedo, otra de las cosas que podemos tener los invisibles, yo lo siento a menudo, es algo que no se me quita del cuerpo. El miedo te marca y muchas veces te acompaña toda la vida.

Crecí con Juanito, a Carlos el manda más, nunca le hice mucho caso, pero evitaba meterme en problemas, por suerte no me secuestraron, con el tiempo aprendí cosas nuevas y hasta conocí a una chica, Soledad se llamaba. Nos hicimos amigos y luego cuando logramos escaparnos de aquel lugar, estuvimos juntos un tiempo. Éramos una peña, Soledad, Juanito, Carlos y yo.

Nuestros caminos iban siempre juntos, comíamos juntos, dormíamos juntos, alucinábamos juntos y nos desinhibíamos juntos. Éramos un cuarteto, el cuarteto de los invisibles.

En un esqueleto de edificio abandonado por la crisis habíamos montado nuestro hogar, al principio la libertad nos encendió el alma, nos dio un subidón de adrenalina que parecía que nos comeríamos el mundo, pero el paso de los años, el frío y la realidad nos volvía a recordar que no nos comíamos nada, ni siquiera un pedazo de pan.

Hay mi Rosa querida, que se había marchado sin explicarme que el juego es este: luchar y luchar y no ganar nunca.

El primero en abandonar el grupo fue Carlos, salvaje como siempre le gustaba alucinar demasiado con la irrealidad y un día no despertó, yo intenté salvarlo pero fue imposible. Me duele aún de recordarlo.

Juanito no era tan atrevido, le encantaba volar, pero era creativo, tenía ideas y siempre conseguía llevar a cabo sus planes. Un día me propuso un viaje, ciudad nueva, gente nueva, aire nuevo, vida nueva. Le dije que sí, y ahora estoy aquí en donde vives tu. Seguro has pasado por mi lado y como soy invisible no te has dado cuenta.

Yo empecé una vida junto a Soledad, quisimos ser felices a nuestra manera y formar una familia. No había planes, seguíamos nuestro destino. Tuvimos un bebé, se llamó Sofía, era hermosa, lo sorprendente fue que ella no era invisible como nosotros, la podían ver, la sentían, la cuidaban, no le tenían miedo como a nosotros. Soledad con el tiempo se fue transformando también, de repente hablaba con gente, salía, buscaba un destino distinto al nuestro y yo la dejé continuar porque ella era feliz y la amaba. Pero a mí la gente nunca me vio.

Un día preso del pánico ante su abandono, toque puertas y puertas de gente para que me ayudaran, para que me vieran, pero fue imposible. Y lo comprendí, yo era invisible para el mundo y contra eso no podía luchar.

El aire fresco rosa mis mejillas, el cartón y la manta que me cubre me arropan. Entro en un profundo sueño, pienso en Rosa, en Soledad y Sofía las tres princesas de mi vida, las veo las toco y en un suspiro veo el camino, adiós digo con todas mis fuerzas, sonrío y camino hacia él.

Invisible para el mundo

Invisible para el mundo

Cuántos invisibles tenemos a nuestro alrededor y no somos capaces de verlos, le huimos, le ignoramos, le tenemos miedo en vez de compasión. Esto es una llamada a la reflexión, para que miremos a nuestro alrededor y sepamos ver la realidad.

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