ElQueAsesina - Escritura Creativa

Relato breve.

08/09/2014

El Sueño

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He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda.

 

Estaba nerviosa, el Doctor  López me hizo pasar a la consulta  saludándome muy amablemente, su gesto cercano al abrir la puerta y su mirada dulce hizo que me sintiera más cómoda. El despacho era grande, muy amplio, había un escritorio grande de color marrón oscuro,  con un sillón grande que seguramente cubría toda la espalda al sentarse.  Enfrente había dos sillas más pequeñas, no parecían tan cómodas cómo el sillón.

Me hizo señas con la mano hacia un sofá que estaba en el lado derecho del despacho, al sentarme, noté su suavidad, él me miraba de una forma especial. Estaba acostumbrada a estar con hombres y nunca nadie me había mirado así, con ternura y simpleza. Ni mis curvas extravagantes, ni mi gran escote habían provocado nada en él.

Tenía el pelo canoso, un hombre adentrado en cierta edad, era normal que sea prudente con sus pacientes. Podría ser mi padre, tal vez era así como me miraba como un padre.

-Bueno señorita Arantxa, ¿qué es lo que la trae a esta consulta?-, su delicadeza hacía que le mirara embobada en vez de prestar atención a mis verdaderos motivos.

– No sé, por dónde empezar, estoy un poco nerviosa-

– Tranquila, estamos aquí para hablar relajadamente si quiere puede tumbarse y cerrar los ojos si le hace sentir más cómoda. -Prefería observar su rostro y sus gestos, así que desistí de su proposición.

-Últimamente no me encuentro bien, mi vida nunca ha sido fácil, pero estoy teniendo pesadillas todos los días, no puedo descansar bien-

-¿A qué se dedica?

-Soy puta, dicho vulgarmente, ejerzo la prostitución como medio de subsistencia, para mantener a mi hijo y a mi padre- Observé detenidamente su rostro y no se sorprendió de mi oficio. Tenía razón Susana cuando me dio su número, no me siento incómoda.

-¿Sobre qué sueña?

Eso es lo alarmante doctor, son pesadillas muy feas que no paran y estoy empezando a tener miedo. Yo vivo con mi padre ciego, está mayor y enfermo y tengo un hijo de seis años, se llama Lucas, es muy guapo y cariñoso. He soñado reiteradas veces que asesino a mi padre y a mi hijo.

El doctor seguía sin sorprenderse y con tranquilidad me preguntó cuándo habían empezado los sueños, y con qué frecuencia los tenía.

-Hábleme sobre su padre-

Cuando era pequeña mi padre Francisco me decía: – eres una princesa muy bonita y cuando seas mayor serás una hermosa Reina.

–          ¿Reina de qué? Preguntaba con curiosidad

–          Reina de tu propio mundo, de tu vida y tu futuro. Cuando llegue el momento te darás cuenta.

Esas palabras aún están en mí, luché con todas mis fuerzas para llegar a ese reino, para ser la máxima autoridad de mi vida, pero las cosas no salieron como pensaba, la vida es muy difícil, el mundo muy complicado.

Mi padre se quedó ciego a causa de un accidente laboral, la empresa no se hizo responsable, y la subvención  que le asignaron no le alcanzaba para vivir, mi madre huyó cuando yo era muy pequeña, no se adaptó a la vida familiar, y decidió seguir volando  abandonándonos a los dos. Él sufrió mucho pero siguió adelante por mí, para que no me falte de nada, y ahora me toca a mí hacer lo mismo.

-¿Se siente en deuda con Francisco?

-No – Su pregunta me tomó desprevenida y me quedé muda.

-Amo a mi padre, jamás le haría daño, quiero lo mejor para él.

-Yo no he dicho que no le quiera, simplemente pregunto si siente que es su responsabilidad, si siente que le debe algo-

Su tono de voz era sereno, mientras hablaba tomaba nota en una libreta que apoyaba en su regazo, me intrigaba saber qué anotaba, tal vez en un descuido si estiraba mi cuello podría leer algo.

-¿Cuántos años tiene su padre?-

Sesenta y tres, él está bien, sólo que la ceguera lo complica todo, ya se acostumbró a moverse por la casa, pero no puede hacer su vida de antes. Durante el día yo estoy allí. Hasta las nueve de la noche, cuando me voy al club. Vuelvo sobre las siete de la mañana.

-¿Tiene miedo de perder a su padre, Arantxa?-

No sé, supongo que sí, todo el mundo tiene miedo cuando se trata de perder a un ser querido.

-¿Cuénteme el último sueño que tuvo?-

Fue todo muy extraño, me desperté sudada entera y agitada, nunca había pasado tanto miedo. Era de noche, estaba muy oscuro, yo caminaba con prisa, miraba hacia atrás pero nadie me seguía, trotaba cada vez más rápido, de pronto corría con todas mis fuerzas pero no avanzaba, intentaba mover mis piernas más rápido pero ahí seguía en el mismo lugar. Miró mis manos y tenía sangre en ellas, no entendía que había pasado. Aparecía mi casa a lo lejos, caminaba hacia allí, estaba la puerta abierta, los llamaba y no contestaban, y de repente estaban  tumbados en el suelo, miraba mi mano y ya no sólo tenía sangre si no, que tenía unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho, sin parar. En ese momento me desperté. No pude evitar alterarme al recordarlo, un escalofrío en mi cuerpo me hizo tocarme el pecho y desear colocarme una chaqueta encima.

-¿De qué tiene miedo?, ¿Cree que en realidad puede llegar a convertir en realidad sus sueños?

-No lo sé, a veces me siento cansada de todo, trabajar en la noche no es fácil, y cuando llego a casa muchas veces no puedo descansar, me siento sola y agotada-

-Tal vez ahí están sus respuestas, lo que siente es agotamiento y estrés, y su cuerpo lo está manifestando a través de sueños.  Se ha terminado por hoy, la espero el jueves, intente descansar, y relajarse-

Hablar con él me ayudó bastante, si bien ya sé que estoy agotada y cansada de todo, no es necesario pagar sesenta euros para que me lo diga un psicólogo. Me tengo que ir a casa rápido, ya esta anocheciendo, debo hacer la cena y preparar a mi padre para la cama.

Al llegar a casa, vi la  puerta abierta, me extrañó porque le tengo dicho a Francisco que no salga si estoy fuera de casa, al entrar había unas sillas tiradas sobre el suelo, me asusté, comencé a llamarlo a gritos a ambos, mientras recorría la casa, mi corazón latía fuerte, me faltaba el aire.

La cara se me descompuso al sentir un fuerte olor nauseabundo que venía de uno de los cuartos, sentía miedo, tanto como lo había sentido en mis sueños. Me miré las manos, temblaban pero estaban limpias no tenían sangre. Abrí lentamente la puerta, tuve que taparme la nariz porque no se podía respirar del fuerte olor.

Mi cuerpo se desvaneció, cayendo de rodillas, mis ojos brillaban pero no salían lágrimas de ellos, el silencio se apoderó de la situación.

Cuando pude recomponerme cerré la puerta con cuidado, y me dirigí al salón, cogí el teléfono y marque el número de Susana, mi amiga.

– Hola Arantxa, ¿Cómo estás?- contestó en el tercer tono.

– He vuelto a tener el mismo sueño-  dije mientras miraba la caja del costurero abierto sobre la mesa, estaba todo en su sitio, lo único que faltaba eran las tijeras.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

Tenía en mis manos unas tijeras y comenzaba propinar puñaladas por todo su pecho.

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