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Relato breve.

01/09/2014

Desde la Azotea

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Sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé.

Nunca sabemos apreciar la vida en sí misma, creo que siempre nos estamos  quejando de las cosas, que si no tengo esto, que si no consigo lo otro, que si no viajo ni voy aquí y allí, que si estoy cansado; cuando pasa algo malo en tu vida es cuando reconocemos el poco valor que le dábamos a la que teníamos. Siempre hay gente que puede mejorar y otra que puede empeorar. Nunca aprecié mi vida, lo que realmente tenía, siempre me quejé de todo y deseé la vida de los demás, sólo por ser  diferente que la mía.

Hoy puedo decidir sobre mi propia vida, si me propongo puedo cambiar pero si me estanco puedo empeorar. He cambiado, la realidad a mi alrededor ha cambiado, ahora ya no sólo tengo dudas de mi función  en este mundo, si no, que no se cómo continuar. No quiero continuar.

Ayer comencé a investigar mi pasado, creía que la gente podía guardar secretos, pero nunca pensé que sería tan arrollador desenterrarlos de su tumba, te pasan por encima, te golpean fuerte y cuando reaccionas ya no sabes cómo seguir.

Descubrí un diario personal, se que está mal fisgonear en la vida privada de los demás, pero necesitaba hacerlo, había una fuerza que me atraía hacia aquel cajón cerrado con llave. Allí estaban mis respuestas.

Durante años pregunté por qué no se podía abrir. Todos los muebles de casa eran transparentes, se podía abrir todos los armarios, todas sus puertas, no había cajón que se me resistiese. Me encantaba buscar sorpresas cuando era pequeño, mi madre las escondía y me dejaba un acertijo, si era los suficientemente inteligente y los resolvía entonces daba con mi premio. Una pista me llevaba a otra. Siempre me atrajo el misterio y las cosas ocultas hasta hoy que ya nada me interesa.

Estoy triste, enojado o perturbado, no entiendo a este mundo, me gustaría saber si hay otro mundo para huir, para no ser quién soy, para no tener esta vida, y sobre todo para no venir del vientre del que vengo.

Me llamo Pablo García, vivo en España, nací en Argentina pero cuando era muy pequeño nos mudamos con Isabel, mi madre, a Barcelona. Yo me considero español, porque no recuerdo lo más mínimo de aquel país lejano al otro lado del charco cómo se suele decir. Nunca más volvimos, yo preguntaba en ocasiones por la familia de mi madre pero ella me decía que no estaban vivos sus padres, y había sido hija única.

Me crié en un pueblo de playa en la costa del Maresme, fue divertido, con los amigos practicábamos deporte en la playa, disfrutábamos del San Juan, actividades acuáticas y de las turistas extranjeras que estaban para comérselas. No quiero ser grosero, no es mi estilo, pero mi adolescencia fue un torbellino de hormonas, dudas, preguntas sin respuestas, mucha incertidumbre. Marcaron mi carácter, y cada vez esa parte sociable y feliz se fue apagando, se fue haciendo más pequeña y me fui hundiendo en los pensamientos solitarios, la lectura y quién puede decirlo algún  poema escrito oculto entre mis papeles.

Nunca supe sobrellevar bien los cambios, me costaba adaptarme, lo notaba, y eso me impedía avanzaren este mundo en el que no reaccionamos ante la vida hasta que nos da una bofetada y nos gira la cara.

Isabel intentó darme la mejor educación que pudo, sacrificó su vida por la mía y se dedicó a cuidar de mí todo el tiempo.  Nos teníamos el uno al otro, éramos compañeros, amigos, familia, lo éramos todo. Pero las mentiras y los secretos empañaron el espejo, ya no refleja nada.

Nunca rehízo su vida, nunca tuve una imagen paterna, los hombres no eran buenos para ella y se alejó completamente de ellos,  en más de una ocasión le dije que saliera con alguien, que ya era grande y que podía apañarme solo, pero ella inmersa  en su trabajo no le interesaba.  Isabel es costurera, hace arreglos de ropa para tiendas importantes y encargos personales también. Tiene talento, en casa había montado un pequeño taller de costura, era su lugar favorito de la casa, cuando era pequeño me metía allí a explorar y sacaba los ovillos de hilo y los accesorios de su máquina de coser para jugar a ser modisto, un gran diseñador de alta costura, me paseaba con el centímetro en el cuello, y cogía trozos de tela intentando darle alguna forma, cuando me pillaba me iba corriendo antes de que pudiera alcanzarme.

Eran momentos felices y recuerdos lindos, siempre pensaba cómo sería la vida de otras personas, de mis amigos, de mis compañeros de gimnasio, cuando los veía a la cara trataba de imitarlos, para sentir su forma de vida, a veces se me notaba y no sabía cómo reaccionar.

Mi padre fue la gran incógnita en mi vida, un signo de preguntas abierto, ninguna respuesta ofrecida a cambio. Lo intenté muchas veces, de adolecente sin ningún descaro preguntaba directamente e insistía, a medida que crecí, fui moderando mi vocabulario y mi forma de abordar el tema. Jamás pensé que iba a descubrir esta mancha de sangre. Tal vez preferiría no haberme enterado de la verdad y vivir en la mentira, pero, cómo explico la impotencia, el enfado y la tristeza que siento por no haber  sido informado antes, por dejarme al margen de mis orígenes, de la sangre que corre por mis venas.

Isabel lo asesinó, le disparó un balazo en la espalda mientras dormía, según los medios informativos estuvo agonizando unos minutos antes de morir, tal vez intentando descubrir  el significado de esa herida tan profunda.

¿Cómo continuar ahora?, todas las preguntas que tenía para hacerle, las explicaciones que exigiría y los reproches se han esfumado. Estoy vacío.

El cuaderno se me calló de las manos cuando fui ojeando y leyendo la cruel verdad, ella escucho ruido en el salón y su mirada fue de sorpresa  y miedo a la vez, tenía puesto su vestido blanco, uno que había diseñado junto conmigo una de nuestras tardes juntos.

Mis lágrimas comenzaron a caer al mismo tiempo que las de su cara, la cual se tapó con las manos y se dejó caer en un profundo llanto. No le salían las palabras, yo no intentaba hacerle daño, simplemente quería saber la verdad, quería que el mundo que estaba dando vueltas a mi alrededor parase de una vez.

Ella no sabía por dónde empezar, intentó regañarme por tocar lo prohibido, pero no podía ni mirarme a los ojos.

Siempre había deseado tener un padre, recorrer el parque con él, charlar cosas de hombre, divertirnos tomando una copa, siempre lo había necesitado, deseaba con todas mis fuerzas que conociera alguien y que por fin fuésemos una familia completa, real, pero era un deseo que guardaba en mi corazón, que controlaba para no hacerle daño.

¿Nunca sentiste la curiosidad de buscar tu nombre en internet para ver que aparece, qué hablan de ti?, incluyendo redes sociales. Yo no fui muy social, apenas tenía amigos en la vida real, virtualmente no era muy afortunado, tampoco le prestaba demasiada atención.

Me busqué en internet y descubrí un acertijo más, este sobre mi vida en sí, esa que ahora pende de un hilo. Tal vez me tire al vacío o no, aún no lo sé, sólo quería escribir esto desde cierta altura y la azotea de mi edificio en el piso  número catorce es la indicada, aquí uno se relaja,  tiene otra visión, una  perspectiva diferente.

Isabel me robó el sueño de tener un padre, ella alegó una explicación a lo sucedido, me dijo que había sido un accidente y que Jorge no era un buen hombre, se atrevió a decir que estábamos mejor sin él, pero,  ¿qué derecho tiene a decirme a mí lo que es mejor en algo que nunca disfruté, algo que no conocí, que no pude sentir? La sangre me hervía de rabia, no sentía pena alguna al verla derrotada sentada en la punta de la cama.

Tal vez sea un error acabar con mi vida así, pero nunca quise esta vida, siempre quise la vida de otras personas, a mi me faltaba algo, estaba incompleto y ya sé lo que era, este agujero negro en mi corazón se ha endurecido, ya no deja escuchar a la cordura, ni a la conciencia, simplemente está dejando de latir.

Isabel llorando

 

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Relato breve.

25/07/2014

La Sombra Humana

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El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido

 

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara, en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso.

Clara decidió tomarse un café bien cargado esa mañana, iba a ser duro su trabajo. Había decidido estudiar psicología porque le encantaba escuchar y estar en contacto con la gente. De pequeña observaba a las personas y veía en ellas cosas que otros no eran capaz de descubrir.

Había dejado los informes en el despacho de su jefe la noche anterior, y por la mañana más bien entrar vio la lista de los despidos en su mesa.

Clara había trabajado en una consulta propia, pero el alquiler del local era bastante caro para lo que ella ganaba con sus pacientes así que tuvo que dejarlo, en casa no podía llevar gente ya que allí se encontraban sus padres y sus dos hijos pequeños. Estaba separada de su marido, y la crisis la había obligado a acudir a casa de sus padres, la vida estaba siendo dura, pero debía sacar a su familia adelante, sus padres mayores, cobraban una pensión que no les llegaba para mucho.

Muchas veces Clara se encontraba sola y triste, abandonada y acosada por las obligaciones y la responsabilidad.
Consiguió trabajo en una empresa de telecomunicaciones, primero la asignaron en la selección de personal, luego pasó a la administración de expedientes y diferentes formaciones. Más tarde llegó lo que tanto se temía, una reestructuración de la empresa que obligaba a desarrollar un plan de despidos. Le asignaron la tarea de informes de personal con el consecutivo despido. No podía creerlo, decirle a la gente que se quedaba sin trabajo y que pasarían a formar parte de la cola de desempleo era algo muy desagradable y sobre todo cuando no estaba de acuerdo con la política de la empresa.

-¿Susana Liendo?-

– Soy yo- contestó una voz tímida.

-Ven conmigo al despacho, ¿por favor?-

Susana dejó los papeles sobre su box, colgó el teléfono, y se dirigió al despacho de recursos humanos, sabía lo que le esperaba, lo presentía. Al entrar sintió un escalofrío que recorrió su cuerpo, los vellos de su brazo se pusieron de punta.

-Siéntate por favor, hemos estado evaluando tu rendimiento a lo largo de este último semestre y cómo se ha notificado la empresa esta reestructurándose…
Sin dejarla acabar Susana rompió a llorar. Se tapó el rostro con la mano, no quería mirarla a los ojos.

-Soy el único sustento en mi familia sabe. Con mi sueldo comemos cinco personas, y un bebé. ¿Qué voy a hacer ahora?, ¿cómo le explico a mis hijos que no desayunarán o no cenarán porque no puedo alimentarlos?

-Lo siento mucho, sé a lo que se refiere, yo mantengo una familia también, pero no son decisiones mías, es política de la empresa.

-Puedo mejorar, puedo vender más, puedo intentarlo, por favor necesito este trabajo- Rogaba mientras sollozaba.

-Lo siento Susana, no son órdenes mías, es de arriba de dónde me indican el personal con el que debo hablar-

Clara intentaba excusarse, sabía que ella no tenía la culpa pero se sentía mal, porque conocía la situación, lo vivía en carne propia. Ella simplemente era una superviviente más en este mundo.

Susana salió del despacho con un clínex en la mano, estaba triste y abrumada, con la indemnización le alcanzaría para pasar un par de meses, debía encontrar algo rápido. Decidió no contarlo a su familia, no quería preocuparlos. Miró a sus compañeros y al sentarse en su silla, escucho a Clara decir:

-¿Sergio Gómez?, lo buscó con la mirada, tal vez intentando transmitirle compasión y fuerza, él agachó la cabeza y se dirigió al despacho.

La mañana fue muy dura, estaba destrozada, se encontraba descompuesta, inestable, al subir las escaleras hacia el segundo piso tubo que sujetarse de la barandilla porque las piernas le temblaban.

–       Hola mamá, te estábamos esperando, la abuela hizo macarrones con tomate y tengo mucha hambre. Luis era muy cariñosos con su madre, nada más llegar la abrazaba y la llenaba de besos.

–       Bueno, entonces antes de qué mueras de hambre, me refresco y nos sentamos a la mesa.

Clara a penas probó bocado, decidió que se recostaría un rato para intentar descansar, despejarse y olvidar un poco la situación. Más tarde debía ir a realizar los informes para el día siguiente.

Se acostó y mirando hacia el techo pensó en Susana. Cerró los ojos y lentamente fue conciliando el sueño.

Al bajar del coche en el aparcamiento notó que tenía una raya nueva, o al menos ella no se había percatado de ello, le paso la mano intentando borrarla pero fue imposible. Pensó que en algún momento lo habría rozado con algo sin darse cuenta.

Subió al despacho y buscó los expedientes que le habían asignado desde recursos humanos para ese día, debía analizarlos y realizar un informe con los parámetros de ventas anuales, antigüedad, rendimiento, entre otros. No se sentía concentrada, el primer día de notificación al personal la había dejado en shock, ella sabía controlar sus sentimientos, pero estaba conmocionada, en el fondo se sentía culpable.

Miró el reloj de pared en la oficina, marcaba las nueve, le faltaba cerrar unos últimos datos e imprimir los informes.

El personal ya había abandonado la central, su despacho era el único con luz encendida. Dejó los informes a su jefe y bajó las escaleras con prisa. Se había hecho demasiado tarde. El parking apenas tenía luz, caminando con paso ligero hacia su coche sintió un ruido, miró hacia los lados y no había nadie, con cada paso giraba su cabeza tratando de abarcar el máximo de espacio posible, no se veía nada ni a nadie.

Cuando de repente sintió un fuerte golpe en la cabeza, cayó desplomada al suelo, su cabeza vibraba y su vista era borrosa. Alcanzó a notar una figura humana frente a ella, tenía la cara cubierta, iba vestido de negro.

-¿Qué es lo que quiere? No tengo dinero.

– Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya.

– No sé de lo que me habla- Clara intentaba recomponerse sentándose. El miedo y la incertidumbre se habían apoderado de ella.

– La sombra humana sacó un arma y dispuesto a disparar le dijo: -lo siento-

Clara se desplomó en el suelo, pensó en Luis y Tamara,  en sus padres, en su vida, fue todo muy rápido, abrió los ojos y aquella sombra humana había desaparecido igual que su bolso, podía moverse lentamente, se tocó el hombro y vio cómo brotaba sangre, intentó taparlo presionando, el dolor la hizo gemir.

Necesitaba ayuda, estaba asustada pero a la vez viva, ahora lo entendía, ¿era una venganza o una advertencia?

Pudo caminar débilmente hacia la salida, la ayuda no tardó en venir.

La bala se introdujo en el hombro, no afectó ningún órgano vital, cuando se recuperó presentó su dimisión y fundó una asociación para ayudar a víctimas de la reestructuración laboral. Conoció el amor y se volcó en su trabajo como psicóloga de manera voluntaria en zonas precarias.

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

Si usted arruina mi vida, yo arruinaré la suya

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Relato breve.

23/07/2014

El Viaje

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La noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar.

 

Desesperada porque el teléfono no sonaba, miró otra vez si tenía señal, la llamada no llegaba y los nervios le estaban estallando la cabeza en mil pedazos, un nudo en el estómago no le dejaba comer; pequeñas gotas de sudor caían por su frente.

Miriam caminaba de un lado a otro, en el pasillo que unía el comedor con su cocina, era una casa pequeña pero reconfortante, podía ver los platos por fregar encima de la encimera y los restos de un bocadillo que no pudo terminar de comer.

Con el teléfono en la mano decidió sentarse para ver si se tranquilizaba un poco, esa llamada era importante, era lo que había estado esperando durante años, era el pasaporte hacia la felicidad, visto desde su punto de vista.

El sueño de Miriam fue estudiar  fotografía, le gustaba plasmar verdades en las fotos, así lo llamaba ella.

Las imágenes que tomaba con su cámara la transportaban a otro mundo; al mundo de la perfección, donde queda congelado el momento y nada lo estropea.

Ese día era especial, la oportunidad de que tanto anhelaba estaba muy cerca, y de repente sonó el teléfono, de los nervios se resbaló de sus manos y gracias a sus reflejos lo sostuvo en el aire.

-Hola- contestó.

-¿Con la Señora Miriam Livens por favor? Pregunto una vos de hombre, que sonaba seria y a la vez agradable.

-Sí, ella habla, dígame por favor-  Soltó con vos temblorosa a punto de estallar de los nervios.

-Llamamos de la embajada norteamericana, hemos aceptado su visado, puede ingresar al país, y mantenerse en él por el período de 12 meses, en calidad de becaria para la empresa Mycs Fhotos, si está de acuerdo le rogamos, se ponga en contacto con el departamento  administrativo para realizar el resto de los trámites.

-Sí, perfecto ¿con quién debo comunicarme?

-Primero debe llamar a Brian Lotter , sección visados becas, interno 04, él le informará cómo proceder. Muchas gracias por su atención, buenas tardes-

-Buenas tardes, muchas gracias- Dijo sin  parar de temblar, y con lágrimas en los ojos.

Por  fin había llegado su oportunidad, lo que tanto había anhelado, poder trabajar en el extranjero, desarrollar su potencial  y su talento.

Lo más difícil todavía no había llegado, cómo le diría a Lucas que se marcharía, qué estaría fuera un año. ¿Me esperará?, se preguntaba mientras caminaba en su salón sin parar presa de los nervios y la alegría.

Pensó que la manera más fácil de decírselo era preparando una cena romántica y simular que había algo que festejar, sabía que Lucas no se lo tomaría muy bien, no lo habían hablado con detalle porque era una posibilidad remota, pero había llegado el día y estaba feliz .  Recogió la casa, fregó los platos, se alistó y salió a comprar algo especial, le cocinaría su comida preferida.

Lucas trabajaba en una fábrica de cemento, era un trabajo duro y agotador pero cuando llegaba a casa le confortaba que Miriam lo esperara sonriente y dinámica, llena de energía, ella lo transportaba a otro mundo.

Su aspecto físico era fuerte y grande, al lado de Miriam se veía como un grandullón, ella era tan delgada y pequeña, que hasta le daba miedo abrazarla con demasiada fuerza. Estaba enamorado de ella hasta los huesos, en más de una ocasión había dicho que daría la vida por ella, que siempre la protegería y cuidaría. En su trabajo presumía de novia y de amor, cada vez que sacaba su vianda de comida explicaba lo que el amor de su vida había cocinado para él.

No se le daba mal la cocina, tal vez por ello Miriam quería suavizar la noticia con una velada romántica entrando por el estómago.  Amaba a Lucas, más que a nadie, y no quería dejarlo, pero era la oportunidad de desarrollarse laboralmente, lo que había estado esperando durante mucho tiempo.

La cena ya estaba en marcha, unas patatas cortadas, rehogarlas un poco, un pimiento salteado y huevo, le encantaba esa combinación. El primer plato listo. Había comprado chuletón de buey, a Lucas le encantaba la carne.

La mesa estaba lista, había colocado velas y un mantel rojo, el vino a su temperatura ideal,  y el tono de luz era tenue, era algo especial, quería que todo saliera perfecto, nunca imaginó que las cosas terminarían así.

-¿Y esto? ¿Qué festejamos? – Lucas estaba  sorprendido pero encantado con la preparación, se refrescó  y se sentó en la mesa.

-Quiero contarte algo muy importante para mí-

-Pensé que ibas a pedir mi mano- Lucas se reía, estaba relajado.

Miriam estaba nerviosa,  empezó hablando de la comida y los preparativos de la cena, y lo que había hecho durante el día.

Miriam levantó la copa y dijo –quiero hacer un brindis- lo miró a los ojos. Lucas asintiendo levantó su copa.

-Porque me han aceptado en Estados Unidos, para trabajar un año en la empresa Mycs Fhotos.

La sonrisa de Lucas se transformó en una expresión triste y desoladora, fue como un baldazo de agua fría, no se lo esperaba.

-¿Qué?, ¿Cómo que te vas?-

-Es una oportunidad muy importante para mí, quiero demostrar mi talento, sé que soy capaz de hacer algo grande, algo diferente. Quería darte una sorpresa, pensé que te alegrarías por mí.

-¿Y qué pasa con lo nuestro?, me alegro por ti, sabíamos que esto pasaría en algún momento, sólo que no lo esperaba ahora.  Lucas estaba en shock, el estómago se había cerrado, sentía puntadas en la tripa.

-Todavía no está todo gestionado pero me gustaría que me esperases, un año pasa rápido, yo te amo, no quiero que esto acabe. Mirian intentaba salvar la situación.

-Necesito pensar, dar una vuelta, estar un rato solo- Recogió la chaqueta y salió a dar un paseo, la noche era fresca, el cielo despejado dejaba ver las estrellas brillar y a la luna partida por la mitad, como su corazón.

-No entendía cómo en el mejor momento de su relación, iban a separarse, cómo aguantaría sin ella por las noches, por el día, a todas horas. La necesitaba, la amaba y no podía apoyarla; se reprochaba su egoísmo, estaba pensando en su corazón y no en el bien de ella, pero no lo podía evitar.

Caminó varias manzanas hasta que se sentó en un banco, la cabeza le daba vueltas.

Miriam, preocupada no paraba de llamar al móvil de Lucas, le aparecía el contestador en todo momento. Recogió la mesa, tiró las velas a la basura, abatida sin saber qué hacer, se sentó en el sofá, a esperar y a pensar cómo afrontar la situación.

Las lágrimas caían por sus mejillas a medida que miraba la hora en el reloj, estaba preocupada y triste, lo que iba a ser un festejo terminó en tristeza y en huída.

Sonó el teléfono, lo cogió corriendo.

-¿Dónde estás?, estoy muy preocupada.

-Estoy bien, de camino a casa, lo siento mucho, fui un egoísta, pensé sólo en mí y dejé de lado tu sueño, te quiero y te voy a poyar en esto,  te esperaré.

-Vuelve pronto que estoy deseando abrazarte-

La comunicación se cortó antes de que Miriam terminara la última palabra. Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control, el móvil cayó al suelo quedando destrozado y Lucas viajó lejos, intentando no avanzar, quería quedarse, quería luchar…

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

Las ruedas rechinaron del frenazo, el camión perdió el control.

móvil roto

 

 

 

 

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17/07/2014

El Huésped

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Los sentimientos afloraron sin pedir permiso

 

Paseaban por el jardín de las flores, tomaban el té, miraban el cielo y buscaban formas a las nubes, leían poemas juntos.

Paseaban por el jardín de las flores, tomaban el té, miraban el cielo y buscaban formas a las nubes, leían poemas juntos.

 

Llovía con intensidad; el cielo estaba gris, el rugir del viento junto con las gotas al caer al suelo, producía un sonido espectacular, sentir la lluvia, el olor del cemento mojado, del césped húmedo y el estallido de los truenos le fascinaban.

Ana había pensado en escribir miles de cosas pero las ideas volaban en su mente y no llegaba a concretar nada. De repente los rastros de aquella tormenta desaparecieron y comenzaba a despejarse. A salir el Sol.

Sentada en un sillón color granate con rayas negras, espacioso y acogedor no paraba de revolver papeles y notas que había realizado.

Decidió parar un rato para tomar algo, despejarse un poco, se pasó la mano por la cara oprimió sus ojos y se busco un refresco. Era partidaria de beber agua pero en algunas ocasiones le apetecía alguna bebida con gas como coca cola.

Entre todos los documentos que tenía, había mucha información sobre una  enfermedad en particular, la  esquizofrenia, estaba investigando sobre el tema, pero no sabía cómo enfocarlo, que estructura le daría al artículo.

Tenía que hacer algo más que simplemente buscar información en google, tenía que conocer a alguien con esa enfermedad, hablar con un testimonio, saber lo qué piensan , cómo se trata y cómo llevan el día a día esas personas, de una forma u otra iba cogiendo forma su idea, pero sentía que faltaba algo.

Cuando se ponía con algo siempre se distraía y cambiaba de tema, ahí era cuando comenzaba a mezclar las cosas.

Tenía bastante información, ahora tenía que utilizarla,  Ana quería contar una historia real, quería convencer  a su público de que valía la pena leer ese artículo, entre otras cosas debía venderlo, porque esto tenía un fin lucrativo para ella.

Se había refrescado y bebido su coca cola bien fría, estaba de nuevo con las pilas puestas su mente comenzó a trabajar otra vez.

Se sentó en el salón junto a una mesa grande y espaciosa, para desparramar todos los papeles allí.

Sostuvo uno en la mano una hoja en la que el título destacaba “esquizofrenia paranoide”, como era una enfermedad bastante amplia, ella debía especializarse en un enfoque llamativo y original. Comenzó a leer y se abrumó un poco.

-Necesito algo más interactivo que esto.- Se dijo así misma. Esto tiene que estar relacionado con algo interesante, con una noticia, algo impactante. Encendió su portátil una vez más y se dirigió a google, pensó tres opciones y comenzó a escribir.

“Asesinatos relacionados con la esquizofrenia paranoide” presionó la tecla buscar y se abrieron automáticamente cuatro mil resultados en 23 segundos.

Impresionada por las declaraciones que estaba leyendo sobre diferentes asesinos que habían matado a sangre fría sin remordimientos, incluso beber su sangre y hasta comer trozos de carne humana por seguir órdenes imaginarias, la estaban estremeciendo, pero eso era lo que ella buscaba, debía recortar su búsqueda a una población más cercana, a una región donde ella pudiera averiguar más cosas.

Buscó con la misma frase pero seleccionó la ciudad de Barcelona…

Ana era especial, una chica atractiva pero sumamente sencilla, quién la veía muchas veces podía pensar que no se sacaba partido, pero en realidad no le interesaba.

Cansada  se fregó los ojos los tenía enrojecidos a causa de la pantalla del portátil, miró su reloj.

-las 20:00 – dijo de manera brusca.

Había quedado para cenar con Derek un amigo de la infancia, al cual estaba muy unida. Corrió rápido a la ducha.

El baño le sentó de maravilla, relajó sus músculos, suavizó el estrés de su cuello y la dejó como nueva, cogió unos pantalones tejanos y una camiseta  blanca, unos zapatos y ya estaba lista,  sin secarse el cabello espolvoreó un poco de maquillaje en sus mejillas y un poco de rímel en los ojos.

En ese momento suena el timbre.

-Enseguida voy-  gritó- Se  dirigió hacia la puerta.

Al abrir se encontró con Derek mirando la suela de su zapato.

–    Hola ¿cómo estás?-

–   ¿Qué haces? – Dijo Ana mientras lo observaba reñir a sus pies.

–    Se me ha pegado algo en el zapato- dijo Derek con cara de risa- creo he pisado un chicle- comenzó  a reír.

–    Entonces quítate el zapato para entrar, voy a limpiártelo con un poco de agua, a ti siempre te pasan cosas raras.

–   No sé cómo lo hago pero siempre me meto en problemas-

–   Había pensado que tal vez en vez de salir  te apetecería quedarnos en casa y te cuento sobre mi nuevo artículo-

–   Claro, ¿qué comemos? , podemos pedir una pizza, y unas cervecitas-

–   Me estas convenciendo muy rápido- Dijo Derek poniéndose cómodo en el sofá, quitándose la chaqueta, se sentía como en casa.

 

Desde que eran pequeños había compartido muchos momentos junto a Ana, se habían criado juntos y se consideraban más que amigos, casi hermanos, cuando estaba en su casa se sentía liberado y tranquilo, podía hablar con ella de cualquier tema, sin avergonzarse, ni preocuparse de nada, a parte Ana era muy discreta  y Derek tenía muchos secretos que sólo le confiaría a ella.

–  Te cuento lo que había pensado para mi artículo-  dijo terminando el último bocado de pizza.

Derek asintió con la cabeza.

–  He hablado con una clínica especializada en tratamientos sobre esquizofrenia paranoide para entrevistar a uno de sus pacientes, sobre su día a día,  como se inserta en la sociedad y su adaptación al medio, el artículo trata sobre este tipo de enfermedad, de momento tengo sólo este hilo del ovillo, tengo que desarrollarlo un poco más- Miró a Derek a los ojos, le interesaba su opinión y su crítica también.

Derek tomó un trago de cerveza y de la forma más natural que encontró dijo- Me parece interesante pero muy global creo que lo puedes hacer mejor-

–  ¿Qué se te ocurre?-

–  Estaba pensando en que tú tienes contactos en la policía, necesitarías información sobre crímenes relacionados con esta enfermedad  y desarrollar el artículo en base a una experiencia diferente, algo que conmueva-

–   Me encanta , es lo que necesito-  los ojos de Ana de repente comenzaron a brillar y a intensificar su color, en su mente surgieron un montón de ideas, que quería explayar en papel, así que corrió a buscar apuntes y dijo- prepárate para esta noche, hoy nos toca lluvia de ideas-

Derek soltó una carcajada y cómo conocía tan bien a Ana sabía que le esperaba una noche muy larga.

Una vez recogieron la mesa y acabaron con la segunda cerveza optaron por sentarse relajadamente en el sofá con un café,  con la mente abierta y el bolígrafo en la mano para no dejar escapar nada.

La entrevista sería en el psiquiátrico Salud y Vida, una prestigiosa clínica especializada en esquizofrenia.  Ana se había preparado toda la semana con información y documentación sobre la enfermedad.

Antonio Blas,  el director de la clínica la recibió muy amablemente, la hizo pasar a su despacho y le ofreció un café,  ella aceptó encantada. Observaba todo, cada detalle. El lugar parecía acogedor, nada de paredes blancas y pasillos con puertas con rejas. Ana se imaginaba algo muy diferente a lo que se encontró.

Los espacios eran amplios, el salón acogedor, con una chimenea, sillones,  incluso una biblioteca en la zona de lectura.

Las habitaciones estaban en la planta de arriba, Antonio le había prometido que se lo enseñaría al finalizar la reunión.

Había un amplio jardín lleno de árboles y flores.

–  Ellos se encargan de conservar el jardín-

–  Qué plantas más bonitas, hacen buen trabajo- dijo sorprendida.

–  Luego si le apetece damos un paseo y le enseño las maravillas que hacen los huéspedes-  Así le gustaba a Antonio llamar a los internos de la clínica.

–  Me encantaría-

Dando unas indicaciones Antonio solicitó al personal de enfermería y auxiliares que acercaran al huésped Leo, y lo invitaran a tomar un té con ellos.

–  Leo es una persona maravillosa, muy educado, respetuoso, y cordial,  está reaccionando muy bien al tratamiento, no se preocupe que estará encantado de conversar con usted-

Leo tiene 28 años, alto con los ojos color café, y pelo castaño claro, es atractivo, y simpático. Hace dos años que está en la clínica, tenía una hermana que se había encargado de él cuando sucedió su máxima alteración. Leo había matado a su padre, estaba seguro que nunca lo había querido y pensaba que junto a una mafia iban a deshacerse de él. Nadie lo visita, su hermana se encargó del ingreso pero nunca más volvió.

–  Hola, soy  Ana,  encantada- dijo estirando el brazo ofreciéndole su mano. Desde un primer momento sus ojos le impactaron, inspiraban confianza y serenidad, no entendía cómo había podido hacer lo que hizo, no parecía violento.

–  Me llamo Leo, ¿querías hablar conmigo?, ¿espero que sea para conquistarme?, no tengo muchas visitas últimamente- Se reía mientras le guiñaba el ojo.

–  Bueno yo estaré aquí al lado para cualquier consulta, pueden sentarse en el sofá para estar más cómodos- Dijo Antonio sentándose en su escritorio.

Ana no podía creerlo,  se sentía tan cómoda y relajada hablando con él, definitivamente no es lo que me esperaba, pensó.

Hablaron mucho, las preguntas de Ana fueron directas pero respetuosas, la cuestión no era entrometerse en su vida personal, si no ver algo más profundo de él.

Había acordado con Antonio que las preguntas sobre el asesinato las contestaría él mismo en privado, no era recomendable revivir ciertos momentos del pasado en la vida de Leo. Ana estuvo de acuerdo. Era lo que más le interesaba, pero a la vez se había quedado encantada con Leo así que quería repetir, pero tenía que inventarse algo para poder hacerlo.

–   Aquí se termina la entrevista, gracias por tu colaboración, me gustó hablar contigo- Ana y Leo habían mantenido una comunicación informal y habían decidido tutearse.

–  Gracias a ti por hacerme pasar un buen rato, cuando quieras puedes volver, y seguimos charlando, me gustaría leer tu artículo cuando esté terminado, para saber que has escrito de mí- Riéndose no paraba de mirarla a los ojos con complicidad.

–  Claro, lo repetiremos,  te traeré un ejemplar de la revista dónde trabajo-

Se saludaron y Leo volvió a la sala de estar, le gustaba leer, siempre estaba en la biblioteca.

– Ahora sólo me gustaría saber ¿qué es lo que hizo que Leo decidiera matar a su padre?-

–  Los casos de este tipo son complicados, las patologías como la esquizofrenia no presenta los mismos síntomas en todas las personas que padecen este trastorno, en su caso tuvo un ataque en dónde se sintió acorralado por su padre, escuchaba conversaciones que decían que lo iban a matar, que su padre conspiraba para hacerlo. Leo viene de una familia desestructurada, su madre los abandonó cuando eran pequeños y su padre no supo encargarse de ellos. No prestó mucha atención a Leo, es una situación difícil-

Ana estaba conmocionada con lo que estaba escuchando, le parecía una historia triste y con mucha realidad, eso era lo que reflejaría en su artículo, la realidad de la vida tal cual es.

Satisfecha caminó hacia la puerta, afuera la estaba esperando  Derek, en el coche.

–     ¿Cómo te fue? ¿Qué tal el loco?-

–    No le  llames así, dijo levantando su dedo- Es una persona encantadora, amable y simpática, no parece  que fuera a matar ni una mosca-

–          Creo que te ha gustado demasiado, se te nota en la cara, y deja ya de sonreír- dijo Derek mientras arrancaba el coche en dirección norte, hacia el trabajo de Ana.

–    Me invitó a que vuelva a mostrarle el artículo, cuando esté publicado-

–   ¿No estarás pensando volver?,  ese tío es peligroso, es un asesino, por más que digas lo que digas, mató a alguien- Dijo en tono protector.

Ana suspiró- No te conviertas en mi padre ahora por favor-

Los días pasaban y Ana no paraba de pensar en Leo, había buscado información sobre él , sobre lo sucedido.

Sentada en el sofá de casa cogió el teléfono y marcó un número.

–  Clínica psiquiátrica Salud y vida ¿en qué puedo ayudarle?-

–  Hola, ¿podría hablar con Antonio por favor?, de parte de Ana Sullivan, gracias.

No podía creer lo que estaba haciendo pero tenía ganas de saber más de él y de volverlo a ver, era algo fuerte que sentía y no sabía cómo controlarlo. Era una locura, sin seguir los consejos de Derek, se presentó una y otra vez en la clínica para visitar a Leo. Paseaban por el jardín de las flores, tomaban el té, miraban el cielo y buscaban formas a las nubes, leían poemas juntos.

Ana se enamoró perdidamente de Leo, los sentimientos afloraron sin pedir permiso, sin buscar excusas. Se dejó llevar, y pese a que la situación o el contexto no eran del todo normales, ella estaba segura que el amor lo transforma todo. El tratamiento y la medicación ayudarían a que Leo mejore cada día más, y si era con una persona a su lado aún mejor.

Su artículo fue un éxito, a la editorial le gustó mucho y decidieron ampliar su espacio en la revista. Estaba  feliz.

Leo cumplió una condena de cuatro años por homicidio involuntario, y siguió su tratamiento de por vida. Son muy felices,  se casaron y están pensando en aumentar la familia.

Los sentimientos afloraron sin pedir permiso, sin buscar excusas.

Los sentimientos afloraron sin pedir permiso, sin buscar excusas.

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Relato breve.

15/07/2014

Secreto de Fuego

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La intriga pudo más que el respeto

 

No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto.

No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto.

 

Una vez más los chismes de la gente habían llenado de incógnitas su cabeza.

Julia provenía de una familia trabajadora, su padre había sido panadero y su madre realizaba arreglos de ropa. Siempre había sido feliz hasta que descubrió un pasado que cambió su vida.

Marta era joven y atractiva, aquella noche volvía de trabajar de la fábrica a la que asistía planchando  todo tipo de jersey, cuando una persona se acercó a ella, lentamente fueron subiendo el tono de voz, empezaron los forcejeos y Marta cayó al suelo.

Todo ocurrió muy rápido, casi no pudo defenderse, la vergüenza se apoderó de ella, deseaba morir, desaparecer del mundo. Apenas con dieciséis años Marta afrontó su embarazo, sus padres decidieron mandarla al pueblo en donde había crecido a cargo de una tía, que se ocuparía de ella. La alejaron de la ciudad, la alejaron de ellos, la alejaron de todo tipo de justicia que quisiera reclamar.

En el pueblo conoció a Francisco un hombre que a sus 35 años no se había casado o bien no había encontrado el amor, no era agraciado por su físico ni por la fisionomía de su cara, pero era bueno y solidario. Su tía la obligó a casarse con él, para intentar borrar la vergüenza de la familia. Juntos criaron a Julia.

Nunca le dijeron la verdad, en el pueblo se rumoreaban cosas pero Julia nunca había hecho caso a habladurías del pueblo, hasta que se hizo mayor y sus dudas empezaron a emerger en busca de respuestas.

Una mañana encontró un baúl en el armario de su madre, estaba cerrado con llave y era pequeño, su madre no escondía nada, ¿por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro? La intriga pudo más que el respeto, buscó una llave pequeña que tenía de un diario íntimo e intentó abrirlo, sin conseguirlo siguió intentando con varios objetos hasta que consiguió el objetivo, al abrir la caja lo primero que vio fue una foto de sus abuelos, nunca los había conocido, y cuando había preguntado a su madre por ello, ella había esquivado el tema, decía simplemente que estaban muertos.

También encontró una carta, su papel estaba amarillento y desgastado. Sintió un ruido y pensó en guardar todo aquello, en que no debía hacerlo, pero algo dentro de su corazón le decía lo contrario.

 

1997  Madrid.

Hola hija, no sé cómo empezar a escribir esta carta, no es correcto que lo haga sin el consentimiento de tu padre, pero no puedo más con este dolor. Sé que no hicimos bien enviándote lejos de nosotros, ya es tarde para enmendar errores. Yo intenté creerte, quise aceptarlo pero tenía los ojos vendados, nunca me lo perdoné.

Ahora son mis últimos días, y no me quiero ir sin pedirte perdón. Se me desgarra el corazón con tu recuerdo, me gustaría tanto verte. Intentamos hacer lo que era mejor para nosotros sin pensar en ti.

Tu desdicha esa noche nos marcó la vida, nos hirió el alma, hija mía cuanto lo siento, nunca más volví a sentir felicidad después de tu partida, mis días se amargaron y la luz se apagó, solo quedó oscuridad y llanto silencioso oculto por las noches.

Espero que algún día puedas perdonarnos, o al menos que sepas que nunca te olvidé y siempre estás presente en mi corazón.

Te quiero hija.

Isabel  Torrevieja.

Al terminar de leerlo Julia se quedó pensativa, tu desdicha ¿a qué se refería?, ¿entonces ellos la echaron de casa?

Siguió buscando en la caja y encontró un colgante, parecía de oro, era una cadena muy fina con una virgen pequeña, estaba rota.

Al ver a Julia con el baúl  en sus manos,  el vaso que llevaba cayó al suelo partiéndose en mil pedazos, Julia no supo cómo reaccionar y se quedó inmóvil frente a su madre.

–          Lo siento madre-

–          ¿Qué haces fisgoneando mis cosas? ¿dónde está el respeto a tu madre?, yo no te crié así- Marta estaba enfurecida y alterada.

–          Quiero saber la verdad madre-

El bofetón resonó en su cara dando un enorme giro, la palma de la mano de Marta quedó enrojecida mientras empezaban a brotar lágrimas por sus ojos.

Julia aturdida y conmocionada no podía creer que su madre le hubiese pegado, lo que le hizo suponer que escondía algo mucho más grave de lo que ella se había imaginado.

Bajó la mirada y pidió perdón, sentía que debía preguntar, y no excusarse. Pero tal vez no era el momento. Julia salió corriendo y se encerró en su habitación.

Tenía muchas preguntas, sentía dudas de todo y en ese momento recordó las habladurías del pueblo que habían puesto en duda la paternidad de Francisco. ¿Y si no es mi padre?

Golpeó la puerta de la habitación de su madre, allí estaba con la carta en la mano, hecha un mar lágrimas, derrotada, hundida.

–          ¿Puedo pasar?, de veras que lo siento mucho, no quería hacerte daño, simplemente tenía curiosidad, la gente habla…

–          La gente habla lo que quiere, porque están aburridos de sus vidas y buscan cosas en la vida de los demás para entretenerse- dijo muy seria interrumpiendo a Julia.

–          Ya soy grande, sé que lo que hice no está bien, pero tengo derecho a saber la verdad-

–          ¿Qué verdad? ¿La que la gente se inventa? , guardó la carta en el sobre y cerro el baúl.

–          ¿Quiero saber porqué los abuelos te alejaron de ellos?, ¿Francisco es mi padre?- lo soltó sin más, se merecía otra bofetada y si la recibía no se quejaría.

Marta rompió a llorar, se tapó la cara con las manos, no le salían las palabras.

–          Voy a buscar un vaso de agua, dijo Julia levantándose de la punta de la cama en donde se había sentado.

–          Intentando tranquilizarse, Marta miró a los ojos a su hija, la abrazó y le dijo: -Te quiero como nunca he querido a nadie, eres lo más importante en mi vida desde que naciste.-

Julia esperaba confirmar la verdad, se sentía triste, enojada, engañada y fría.

-Quiero saberlo todo- dijo alejándose de su madre.

Marta no podía contener las lágrimas, el dolor en su pecho era cada vez más intenso. No podía decírselo, el miedo y la vergüenza habían vuelto. Se tocó el pecho con la mano y entre sollozos y quejidos empezó a tener dificultad para respirar, sus ojos se transformaron.

Julia desesperada empezó a pedir ayuda, gritando, tratando de acostar a su madre  no sabía cómo ayudar, llamó a emergencias, salió a la calle y no dejaba de pedir auxilio.

La ambulancia llegó en 15 minutos, al entrar encontraron al Julia abrazada a su madre en la cama, sostenía su mano. Su cuerpo aún estaba caliente, ya no respiraba.

 

¿Por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro?

¿Por qué iba a tener un baúl cerrado con llave, qué había allí dentro?

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Relato breve.

11/07/2014

La Cucaracha

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La reventó con fuerza y odio, con asco y repugnancia como sentía por su marido.

No podía hacer nada para evitarlo, hundida en la resignación intentaba satisfacerlo para que terminara rápido.

No podía hacer nada para evitarlo, hundida en la resignación intentaba satisfacerlo para que terminara rápido.

 

Esa noche volvió cansado y borracho como siempre, muchas veces no le apetecía ni acostarse con ella, lo cual Sara lo agradecía y daba gracias a Dios. Esa noche fue diferente, estaba excitado y quería tener sexo.

Sara estaba ya acostada en la cama, se hacía la dormida, si se resistía sabía que iba a ser peor, aparte de ser obligada a hacerlo recibiría unos cuantos golpes, mientras más rápido lo hagamos más rápido se acabará pensaba.

Carlos se acostó a su lado y la abrazó intensamente, lo sintió extraño hasta casi cariñoso, y de repente sintió la dureza de su miembro queriendo entrar en su ano. Sara no quería hacerlo, sabía que la lastimaría siendo rudo. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, era un llanto  silencioso, lleno de dolor. No podía hacer nada para evitarlo, hundida en la resignación intentaba satisfacerlo para que terminara rápido.

Al cabo de un rato cuando ya estaba satisfecho Carlos se acomodó en el lado derecho de la cama y dijo

-apaga la luz, y no empieces a dar vuelta yendo al baño, que te conozco bien- sus palabras eran serias, estrictas y oscuras.

Perdida en la oscuridad de la habitación y con los ojos llenos de lágrimas que caían por sus mejillas, se quedó inmóvil, casi sin pestañar, con ganas por dentro de gritar fuertemente, de pedir ayuda, socorro.  Sus pensamientos la llevaban a un mar tenebroso lleno de ira, quería matarlo, quería deshacerse de él, quería que sufriera y mucho, lo odiaba, le tenía asco. Y también se odiaba a sí misma porque estaba allí compartiendo cama con ese monstruo, aguantándolo.

Pero esto algún día  tiene que acabar, entre malos pensamientos logró dormirse para dar fin a un día horrible y empezar uno nuevo que tal vez sería peor.

Carlos no siempre había sido así con ella, en algún momento de su historia la llegó a amar, Clara sintió que su mundo era perfecto cuando se conocieron, era detallista, amable y muy cariñoso, la protegía todo el tiempo, la cuidaba y demostraba que su cuento de hadas iba a terminar con un final feliz.

Los años pasaban y el amor se fue gastando, Carlos se convirtió en alguien oscuro, frío, y tenebroso, el miedo se apoderó de Clara.

A Carlos no le gustaba que se relacionase con nadie, él siempre le decía que no valía para tener amigas, si ni siquiera sabía cuidar a su marido.  Las amigas que tuvo en la infancia las fue perdiendo con el tiempo, tal vez por su propio aislamiento, y las discusiones que había tenido al decidir casarse con Carlos, en más de una ocasión ellas le habían dicho que no era hombre para ella, que escondía algo. Clara nunca quiso hacer caso, ella veía a un Carlos enamorado y perfecto. Ahora pensaba que tonta había sido, que ciega había estado.

De vez en cuando hablaba con una tía que se había ocupado de ella cuando era niña, la relación se había  roto cuando ella decidió  casarse con Carlos, decidida y enamorada se enfrentó a la poca familia que tenía  y ahora ya no podía volver el tiempo atrás.

Tenía una vecina más mayor que ella que de vez en cuando tocaba su puerta para preguntarle si estaba bien, ella  apreciaba tanto a ese gesto, pero siempre intentaba que  la conversación fuera corta de tiempo por miedo que venga su marido y la encontrara con doña Amelia.

En ocasiones la había amenazado y le había dicho que  mataría a la vieja si la veía allí.  Recuerda exactamente sus palabras:

– cuando la vea por aquí la mato y a ti también- no dudaba de que algún día llegaría ese momento, por eso debía impedirlo mientras pudiera y pensar como librarse de él antes de que él lo hiciera con ella.  Clara sabía que si lo mataba ella primero, en la cárcel no estaría tan mal como en su propia casa, igualmente estaría encerrada como lo estaba ahora.

Esa mañana se levantó triste y amargada, las huellas del sufrimiento continuo marcaban su rostro, lleno de moretones, rojeces y cicatrices. No le gustaba verse al espejo, ni salir a la calle, se veía y se sentía fea.

Limpiando la cocina encontró una cucaracha – ¡Oh santo dios que asco!, cómo ha entrado hasta aquí, eso es lo que trae el verano, pensó,  que los bichos empiezan a salir e invaden todo.

De un zapatazo la mató, la cucaracha tal vez ni siquiera sintió el golpe, la reventó con fuerza  y odio, con asco y repugnancia como sentía por su marido. Dejó el zapato en el suelo,  se sentó en una silla y mirando hacia la puerta vinieron las ideas a su cabeza. Si su marido era una cucaracha, debía aplastarlo y  reventarlo así.

Esa noche cuando Carlos regresó de trabajar  lo esperaba con una cena suculenta, tal vez una cena romántica.

–       ¿Qué chorrada es esto de velas y mantel? ¿no habrás gastado dinero en esto verdad?- dijo despreciando la decoración que había sobre la mesa.

–       No, esto lo tenía guardado, quería darte una sorpresa.- Sentía rencor, impotencia, pero quería que comiera y que comiera mucho.

–       Estas tonterías no me gustan, tú sabes lo que me gusta nena- dijo riéndose. -Quiero una cerveza.-

Se sentaron a cenar, la comida olía bien, Carlos se estiró en la mesa apagó las velas y cuando su mujer le sirvió la comida, aprovechó para meterle mano en su nalga, la apretó y le dio un golpe.

–       Te quedaste contenta anoche ¿verdad?, ¿eso es, quieres repetir?, dijo riéndose mientras empinaba la lata de cerveza hasta dejarla vacía.

Cenaron, Clara a penas probaba bocado, sólo lo miraba, miraba sus gestos, su forma de comer desesperadamente y de beber sin parar, si esa noche no sucedía lo que ella esperaba, sabía que la sorpresa terminaría en golpes.

Se sentaron en el sofá, Carlos después de seis cervezas comenzaba a tener sueño, a incomodarse y ponerse inquieto.

Un calambre en su estómago lo hizo tirarse al suelo, se agarraba la barriga con las dos manos, gritaba de dolor  hasta casi llorar, se retorcía en el suelo dando arcadas, y teniendo convulsiones, su cuerpo no paraba de moverse, como una víbora pensaba Clara, se retorcía en el suelo como lo que era.

Su boca empezó a largar espuma, pedía auxilio, suplicaba.

Clara se levantó y después de observarlo unos minutos le dijo

–       No te preocupes mi amor voy a buscar ayuda-

Salió hacia el lavadero, buscó un martillo que escondía en una caja vieja llena de polvo. Era de hierro, grande y pesado.

Al entrar al salón veía como Carlos se arrastraba hacia la puerta, débil con los ojos entreabiertos. Golpeó tantas veces su miembro como dolor había sentido en cada violación.

Carlos gritó de dolor, sudaba y tiritaba. Ya casi no podía moverse, un último golpe en su cabeza acabó con su agonía. La sangre corría por su ropa.

Su cabeza estaba, hundida y aplastada, como la cucaracha en la cocina.

 

Golpeó tantas veces su miembro como dolor había sentido en cada violación.

Golpeó tantas veces su miembro como dolor había sentido en cada violación.

 

 

 

 

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Relato breve.

10/07/2014

Tormenta de Nieve

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Abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

 

La familia López siempre iban unidos a todos los sitios, era parte de su rutina para los fines de semanas, a Marcos lo habían criado así, y él había hecho lo mismo con sus hijos. Adoraba cuando estaban todos juntos cenando, comentando que tal había ido el día, ¿cómo se habían levantado, Trini y Lucas?, ¿qué habían hecho en el  colegio? y si necesitaban ayuda con algún ejercicio de matemáticas. Siempre pendiente de sus hijos y de su mujer, Marcos, dedicaba su vida a trabajar y a buscar la forma de hacer una vida divertida y feliz en familia.

Todo iba bien hasta que sonó el timbre de la casa.

-¿Esperamos a alguien y no me has dicho nada Cristina?- dijo Marcos al levantarse y caminar hacia la puerta.

-Yo no espero a nadie- pregunta quién es antes de abrir-

Trini y Lucas entre miradas cómplices, se reían y hasta en un descuido de Cristina se arrojaban migas de pan a la cara.

-¿Quién es? – Con vozarrón grave, preguntó Marcos, tratando de mostrar su hombría a través del sonido cerrado que emitían sus cuerdas vocales que hacían imaginar un hombre fuerte, musculoso, con espalda ancha, manos grandes y pecho bien formado debido al ejercicio diario, pero esa era una realidad que él mismo creaba en su mente, su cuerpo era más bien, delgado, con ojos hundidos, algo encorvado, piernas largas y delgadas, nariz recta y poco pelo, pese a sus tratamientos contra la alopecia en su cabello las entradas de su frente y la calvicie asomaban sin remedio.

-La policía Señor López, abra la puerta, necesitamos hablar con usted un momento- se escuchó del otro lado de la puerta, su voz en la imaginación de Marcos hizo pensar en alguien gordo, bajito, arrogante y de esas personas que llegan a la hora de la cena sin avisar y se sientan a comer así sin más.

La cara de incógnita de Marcos se reflejaba en las arrugas de su frente y la mueca que hacía con sus labios.

– Dice que es la policía- le explicó a su mujer, mientras giraba la llave que cerraba la puerta, sin pensar por un solo segundo que el abrir esa puerta sería la peor decisión de su vida.

A los dos segundos de desbloquear la puerta sin apenas haber girado el manillar, marcos cayó al suelo del empujón que le dieron al entrar, alcanzó a perder el conocimiento unos segundos, no entendía que estaba pasando quiénes eran, qué querían, se llenó de preguntas que no salían de su boca, solo estaban en su cabeza, y ni si quiera se había dado cuenta. Miró a Cristina rápidamente, los ojos de ella pedían auxilio a la vez de que trataba de observar todo para maniobrar.

Cristina siempre había sido muy inteligente, y si bien no era su mayor virtud, era manipuladora, sabía dar vuelta la tortilla para salir beneficiada y que la culpa siempre cayera en el otro, era su forma de ser, hasta en ocasiones lo hacía sin darse cuenta.

-Todos quietos y callados y no les pasará nada- dijo una voz grave, este cuerpo si era como se imaginaba Marcos a sí mismo, fuerte y corpulento.

-No tenemos dinero, no tenemos nada – Dijo Marcos disgustado y temeroso de que ocurriera lo peor.

-Por favor señor haremos lo que usted nos diga pero por favor deje ir a los niños, que ellos no vean esto por favor se lo pido- casi suplicando y con gestos de amabilidad decía Cristina, que en la situación en la que se encontraban era la más sensata, la que estaba pensando.

Trini y Lucas estaban inmóviles, aturdidos por todo lo que estaba pasando se desprendían de sus ojos lagrimas que rozaban su piel. Sin quejidos porque les habían hecho seña con el dedo índice sobre la boca para que permanezcan callados estaban paralizados. No dudaron en hacerlo, tenían miedo, nunca habían hablado de cómo reaccionar en un caso de este tipo, así que estaban desorientados.

No habían pasado ni cinco minutos desde que sonó el timbre y ya estaban todos sentados en el sofá, con las manos hacia atrás, una cinta color gris enroscada en sus manos evitaba que se movieran, Lucas y Trini fueron  encerrados en el baño.

La agonía del corazón de Marcos en el momento que se llevaban a sus hijos le provocó varias puntadas en el pecho y un fuerte calambre en el estomago.

-¿Qué van a hacer con ellos?, por favor no les hagan daño- alcanzó a decir hasta que un golpe en su cabeza lo hizo callar al instante.

Cristina se retorcía de la impotencia, y se quejaba zarandeándose de un lado a otro.

Nacho había sido precavido y la había atado de manos y pies, y había colocado un pañuelo sobre su boca para que no hablara.

-Las mujeres siempre dan problemas, así que va a ser mejor así, que la señora de la casa esté tranquilita en el sofá ¿verdad Marcos?- preguntó con tono irónico.

Marcos asintió con la cabeza, por miedo a que le zurraran en la cabeza de nuevo, de alguna manera compartía ese pensamiento, sabía que Cristina intentaría hacer algo y tal vez sin darse cuenta los pondría en peligro.

–          Te voy a explicar un par de cosas Marquito, Si haces lo que te ordene, no pones  resistencia y colaboras con Nacho nada pasará a tu familia, ¿lo entiendes?-

–          Sí, lo que usted me diga, yo hago lo que usted necesite pero por favor no le haga nada a mis hijos- dijo Marcos casi al borde del llanto.

Los ojos de Nacho eran grandes y redondos, de color negro intenso, profundos, al mirarlos demostraban maldad y seguridad a la vez, se nota que no es la primera vez que lo hace, pensó Marcos entre sí, sorprendido por el frío de sus ojos, el vacío que proyectaban.

–          Yo y mi equipo estamos necesitando asilo momentáneo, serán sólo una noche hasta que pase la tormenta y las aguas se calmen, necesitamos comida y descansar, como si estas fuesen unas vacaciones, y tú nos invitas a pasarlas en tu casa, ¿qué dices?, ¿me invitas a tu casa a vacacionar unos días, todos juntitos como en familia? -Rompió a reír Nacho, su ironía era característico de él.

Marcos bajó la mirada, esquivaba los ojos de Nacho, lo intimidaban, y dijo:

–          Podéis usar  todo lo que quieran de la casa, ropa, comida, cobijo, lo que necesiten, pero a cambio deja ir a los niños, por favor- casi suplicando dijo Marcos.

–          Deja ya de decirme eso tío, ya es la quinta vez que lo dices y estas poniéndome nervioso, no le haré nada a tus hijos, ni a tu mujer si colaboran todos, por eso hablo contigo porque eres el jefe de la casa ¿o no?, o ¿en tu casa manda tu mujer?- el tono arrogante y a la vez sincero de la pregunta dejó casi blanco a Marcos.

No podía reconocerlo ahí a la vista, pero en su casa mandaba Cristina, o era como ella quería y decía o el ambiente se podía transformar en un infierno; Marcos era pasivo, calmado, siempre trataba de llegar a un acuerdo y terminaba cediendo, ya estaba acostumbrado y los 15 años que llevaban juntos lo demostraba.

Nacho mediante señas con la mirada y un gesto con la cabeza, dio a entender a su compañero que le ate un pañuelo alrededor de la boca a Marcos.

–          Bueno, señor Marcos nos vamos a poner cómodos y a organizarnos, los dejaré aquí tumbados en el sofá tan ricamente, al lado de la hoguera, no quiero problemas señor López, ¿entendido?- preguntó mirando fijamente a Marcos y a la vez desviando la mirada hacia Cristina.

–          Marcos asintió con la cabeza porque con el pañuelo ya no podía hablar, las manos continuaban atadas, y sus pies también.

Nacho no fue muy lejos, se dirigió a la cocina que estaba pegada al salón, y desde allí observaba a Marcos y a su mujer.

Reunió a su equipo para organizarse y planear bien la noche, había dejado claro que no quería problemas, y que debían seguir las instrucciones y todo saldría bien.

Nacho siempre había tenido instinto de líder, sabía dirigir, sabía mandar, y sobre todo sabía hacer que se le respete. Las ordenes que daba debían cumplirse a rajatabla, sin fallos y a conciencia, a la vez que dirigía a su equipo lo formaba, lo capacitaba según las necesidades, los hacía consecuentes, y responsables. No era un malhechor de segunda calaña, él era respetado, admirado por su prolijidad y sobre todo porque no dejaba víctimas, se hacía con el control de la situación y terminaban colaborando todos para que nadie resultase herido, y él sin problemas extras.

–          Bueno chicos este es el plan, vamos a pasar la noche aquí, a ver si la nevada cesa y podemos llegar a las montañas, a la familia Simpsons  si la tratamos bien, y dejamos todo claro no serán un problema, necesito que estén vigilados pero a la vez que nosotros descansemos tranquilamente, vamos a necesitar fuerzas para mañana.

–          Piti dame información sobre la casa.

Piti desplegando un trozo de papel sobre la mesa, y señalando el esquema que había hecho dijo, son cuatro habitaciones la de la derecha es la matrimonial, al lado sobre el pasillo la de los críos, que duermen juntos, un baño grande sobre la izquierda, siguiendo el pasillo desembocamos en otra habitación, parece como de invitados, esto da a un lavadero cerrado, pero con una pequeña ventana de vidrio, no cabe ningún cuerpo por allí. Volvemos al eje central el salón, al lado la cocina, sobre el otro extremo otra habitación, parece como el cuarto de la plancha, o trastero, está llena de cosas de por medio, al lado otro baño pequeño.

–          Muy bien, amplio me gusta, dijo Nacho con sarcasmo.

–          ¿Cuántas ventanas hay  en toda la casa?

–          Siete ventanas, una en cada habitación, otra en la cocina, el lavadero y el ventanal del comedor que deriva en un patio, este es compartido con la ventana de la habitación de matrimonio.

–          Roque, dime indumentaria y mobiliario cocina.

–          Sí señor, he quitado todos los cuchillos y tijeras, he revisado la casa aparentemente no hay armas, ni caja fuerte, ni dinero escondido. Herramientas, jarrones, móviles, y aparatos electrónicos están fuera.

–          ¿Hay alarma de seguridad?, ¿vecinos cerca?

–          No, sin alarmas. Los vecinos están a 1 kilómetro el más próximo, probablemente no estén en casa; este pueblo la mayoría de las casas son segunda residencia, sólo las utilizan para el verano.

–          Pasaremos la noche aquí, mañana estaremos atentos a las noticias y decidiremos como continuar.

–          Atentos, distribución y turnos, Roque estarás de guardia hasta las 3 luego te suplantará Mario hasta las siete, pueden comer y tomar lo que quieran, respetando un orden. A la familia Simpson los acomodaremos en el salón, si es necesario traeremos un colchón de las habitaciones y los pondremos sobre el suelo, los quiero a los 4 aquí. ¿Entendido?

–          Sí, señor, contestaron Roque y Mario. Eran un equipo, sabían acatar órdenes y sabían ejecutar un buen plan.

Afuera había comenzado a nevar con más intensidad, y eso complicaba el viaje, habían quedado parados en Montag, un pueblo perdido entre las montañas de los Pirineos, justo al límite entre Francia y España.

Nacho miraba de reojo hacia al salón observando los movimientos de Marcos y Cristina, por si tenía que realizarles alguna advertencia, pero no veía motivo alguno, aparentemente se estaban portando bien.

Encendió el televisor para ver las noticias, evaluar el estado del tiempo y tantear la situación, en el canal local del pueblo no paraban de repetir las malas condiciones del tiempo que azotaba la región, y lo peor de todo es que anunciaban que el pueblo estaba incomunicado debido a la acumulación de nieve que sobrepasa el metro y medio de altura. Haciendo zapping y dando un recorrido general quedó inmutado al escuchar:  “La policía ha sido alertada de un importante robo en el banco caixa city, las identidades de los fugitivos están en poder de las autoridades pero no han sido reveladas a la prensa, se busca en la zona de Pirineos como posible lugar de refugio de la banda”.

–          Pero quién ha sido el chivato, es imposible que tengan esa información- pensaba mientras buscaba respuestas y trataba de elaborar un plan rápidamente.

La banda de Nacho se dedicaba al robo de bancos, lo hacían de una manera muy cuidadosa en los detalles y nunca les habían seguido la pista. Los primeros motines sirvieron para la compra de indumentaria tecnológica, para la realización del trabajo, este motín era bastante bueno, los retiraría un tiempo, para eso debían llegar a la cabaña en dónde se ocultarían un par de semanas para luego cruzar la frontera hacia Francia. Todo estaba planificado y bien calculado, la tormenta de nieve lo había complicado pero lo que él se preguntaba es cómo habían descubierto sus identidades y el destino al que se dirigían.

Cristina no aguantaba más, le dolían los brazos y las muñecas, estaba atemorizada pero a la vez rabiosa, quería liberar a su familia, proteger a sus hijos de estos vándalos. Había pensado formas de escapar pero todas eran riesgosas, por lo menos para sus hijos, tenía que ser cauta y elaborar un plan.

Comenzó a moverse y a balancearse sobre el sofá gimiendo lo más que pudo ya que llevaba un pañuelo en la boca. Su marido la miró fulminantemente, temía por ella, por sus hijos y por él, sabía que Cristina tenía agallas para dar guerra.

Nacho se acercó al salón.

–          ¿Qué pasa con usted señora?, ¿quiere tener problemas tan pronto?- le explicó haciendo un gesto con la mano para que deje de balancearse.

–          Le desató el pañuelo y con una mirada fija le dijo- No ponga en peligro a su familia-

–          Necesito ir al baño por favor, es que me voy a hacer encima aquí mismo, por favor necesito ir, sus ojos demostraban súplica.

–          Muy bien, pero iremos juntos, ¿espero no le importe que la ayude?, dijo con sarcasmo.

No era parte del plan que fuera con ella, pero ya había pensado en ello.

–          Necesito ir urgente, no importa con quién sea.

La levantó del brazo y fueron los dos al baño, Marcos estaba nervioso les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

Cristina era una mujer atractiva, a penas rondaba los cuarenta años y físicamente se mantenía en forma, con carácter fuerte, siempre tomaba las decisiones en casa, y prácticamente se hacía lo que ella decía.

En el baño tenía guardado sedante en capsulas, lo tenía escondidos, porque Marcos no lo sabía, pero de vez en cuando necesitaba ayuda para dormir y para relajarse. Otra de las cosas que le ocultaba a su marido era la asistencia a ayuda psicológica, había comenzado a asistir porque no se encontraba bien, sentía ansiedad y necesitaba hablar con alguien y descargarse bajo la percepción de una mirada objetiva.

Una vez en el baño Nacho pensó en desatarla y dejarla que se refresque un poco, no creía que fuera a causar problemas estando sus hijos en peligro, le dijo que la desataría pero que dejarían la puerta entre abierta y el estaría esperándola.

–          Tiene cinco minutos, así que dese prisa-

Ella asintió con la cabeza y entró en el baño.

Al salir, Nacho le sujeto las manos de nuevo y se dirigieron al salón, en el camino intentando ser tímida dijo:

–          Hace frío, no para de nevar, si queréis os hago algo caliente de cenar- bajó la mirada en espera de la respuesta o incluso de algún golpe por entrometerse.

–          No me parece mala idea, siempre y cuando tenga cuchillos de plástico, porque nos hemos desecho de ellos- sonrió.

–          Bueno hay ingredientes que no debo cortarlo, puedo hacer un puchero caliente, puedo apañarme. Quiero agradecer que me hayas dejado venir al baño y que no hayas tocado a mis hijos, sólo eso.

Al verlos aparecer por el pasillo Marcos se tranquilizó, pensaba que volvería a sentarse a su lado y esperarían que pase esa amarga noche. Pero no fue así, se dirigieron a la cocina, él no hacía otra cosa más que mirar, no podía hablar incluso temía moverse, sus hijos estaban a la derecha, se habían quedado dormidos.

Sin dejar de echar ojo a Cristina y después de varias advertencias de muerte, la dejó con las mano libres para que cocinara algo caliente y rico, le apetecía recuperar fuerzas. Reunió a su equipo y les dijo que aparte de cenar algo caliente, estaban en apuros, les contó lo que había escuchado en las noticias.

Se relajó un instante mientras bebía una cerveza y observaba a Cristina cocinar, le parecía guapa. Tal vez sentía envidia de Marcos, por tener una familia casi de cuento. Él no tenía a nadie que lo esperara para cenar, alguien que se preocupara por su salud, por su estado de ánimo, o simplemente alguien que lo amara.

Muchas veces se encontraba vacío y solo. Alejó de sí esos pensamientos y se concentró en el nuevo plan, si lo estaban buscando muy cerca sería bueno que emprendieran viaje pronto.

Cristina se puso manos a la obra, en una cacerola comenzó a echar los ingredientes, para algunas verduras sacó un pelador el cuál antes de usarlo le solicitó autorización a Nacho, quién no vio peligro y asintió. Comenzaba a confiar en ella, o al menos eso deseaba.

-En una hora estará listo- dijo.

Los potajes como ella le llamaba le salían muy bien, sobre todo los de garbanzos con chorizo y verduras, no tardó mucho en comenzar a salir olor agradable de la cocina.

Nacho la sentó nuevamente en el sofá, casi pidiéndole disculpas la ató de nuevo las manos y tapó su boca con un pañuelo.

Ya tenía decidido el plan, reunió al grupo y les comentó que pasarían la noche, descansarían, cogerían provisiones y partirían por la mañana pese a la tormenta, era arriesgado quedarse allí más tiempo.

El grupo lo escuchaba con atención mientras sus tripas se revolvían del hambre presos del aroma que desprendía la cacerola.

Se sentaron los cuatro en la mesa, Nacho antes de empezar se acercó al sofá ofreciéndoles a los dueños de la casa, pero ambos negaron con la cabeza.

Comieron hasta saciarse enteros, hacía tiempo que no disfrutaban de comida casera, la felicitaron haciéndoles gestos con la mano, levantando el dedo pulgar y riéndose.

–          Lo siento señora pero no nos quedaremos a limpiar la cocina- Le dijeron entre carcajadas.

Nacho indicó a su grupo cómo se organizarían y el plan previsto, primero le tocaría a Roque, y luego suplantaría Mario, no había mucho que vigilar ya que la familia López se estaba portando bien, no estaba causando problemas.

Se relajaron, comenzaron a bostezar, no negaban que estaban cansados, había sido un día largo y necesitaban descansar, el primero en encontrarse mal fue Piti, se sentía mareado e inestable. No entendía lo que le pasaba, tenía la mirada perdida hasta que cayó desplomado en el suelo.

Marcos al verlo caer, lo primero que hizo fue mirar a Cristina, sabía que algo no andaba bien.

Roque se acercó a ver que le pasaba, pero no podía levantarlo, no sentía fuerza, Piti era delgado y alto, no pesaba muchos kilos y más bien su cuerpo era manejable. Roque robusto y grande no podía creer que no sintiera la suficiente fuerza.

Nacho se tensó comenzó a ver la situación y lo primero que hizo fue meterse los dedos en la boca para vomitar.

–          Maldita hija de puta, ¿qué has puesto en la comida?- gritó lleno de furia pero a la vez sintiéndose débil.

Cristina abrió los ojos y negaba con la cabeza, desesperada rogando que haga efecto antes que apuntase con su pistola hacia ellos.

Roque y Marío también habían caído, él se acercó hacía su maletín para agarrar su pistola, esto no iba a terminar así, no se dejaría derrotar por una mujer maliciosa.

Cogió el arma, estaba mareado, se sentía inestable, intentó apuntar mientras Cristina y Marcos gemían incluso ella se puso de pié, ya que no los tenía atados. Tratando de despertar a sus hijos  e intentar protegerlos.

Marcos estaba desesperado, veía el arma, veía a Nacho apuntando y veía el odio en sus ojos, mientras se entrecerraban.

Apuntó como pudo y comenzó a disparar, los niños atemorizados se arrastraban hacia atrás del sofá para protegerse mientras Cristina los empujaba con los pies.

El primer disparo impactó en la pared, siguió intentándolo una y otra vez hasta que se desplomó sin más.

Cristina no lo podía creer, sentía miedo e impotencia pero a la vez se sentía triunfadora, sus hijos estaba bien y eso era lo que más le importaba.

Al girarse para ver a Marcos lo encontró tumbado sobre el sofá, las manos  y los pies atados, y un hilo rojo se desprendía de su cabeza manchando todo de rojo.

Esa noche Marcos se marchó para no volver nunca más, Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

disparo

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

Cristina fue una héroe para sus hijos y para la policía, fue la pesadilla de una banda roba bancos, pero para ella misma era la asesina de Marcos.

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Relato breve.

08/07/2014

Cielo Azul

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Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

Yo no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío.

 

Desamparada no sabía que hacer, no sabía a dónde dirigir la mirada, aquellos ojos verdes que brillaban al sol, casi lagrimosos de tan solo recordar que su amor no estaba, que nunca volvería, que la había abandonado para siempre.

Cómo duele amar pensó, como cuesta olvidar y sanar las lastimaduras de un amor perjudicial y dañino. Cómo no me dí cuenta antes, se reprochaba a sí misma, había tantas señales que intentaban abrirme los ojos, y yo estaba ciega.

Nancy  entraba y salía de su terraza sin parar, se sentía en una mezcla de tristeza y ansiedad, tenía miedo de estar sola, de quedarse inmersa en la soledad eterna, no se veía capaz de volverse a enamorar ni de querer tan profundamente a alguien. Tal vez lo que más temía era que nadie la quisiera nunca, estaba convencida que Jesús nunca la había amado verdaderamente, y ya era tarde para estar buscando amores, pensaba que era mayor para tonterías de enamoramientos y menos con un corazón roto.

El salón de la casa era grande, tenía un sofá color crema y unos sillones individuales haciendo juego, ella era muy ordenada, le gustaba tenerlo todo conjuntado y combinando colores,  había una estantería pegada a la pared  llena de libros, le encantaba leer.

Se desplomó en el sofá dejando caer su cuerpo, meditando sobre su vida, sobre el engaño y las mentiras. Ella sabía que tenía algo dentro que le costaba expresarlo, que no lo podía definir pero que la inquietaba, reconocía que estaba dolida, pero aquello iba más allá del dolor. Se pasó la mano por la frente secando gotas de sudor frío, estaba nerviosa, se encontraba inestable, intentó cerrar los ojos, relajarse y olvidar.

Aparecieron las imágenes de aquella mujer morena, alta y más joven que ella, con un cuerpo de modelo a juzgar por el criterio de Nancy, a esa imagen se le acercaba una sombra en un principio era pequeña pero a medida que avanzaba se iba haciendo más y más grande, hasta que aparecía físicamente la imagen de un hombre, era Jesús  que abrazaba esa cintura delgada, acercando su rostro al de ella, penetrando sus labios en aquellos labios color rojo, tan llamativos como lo era ella entera.

Abrió sus ojos de repente intentando borrar lo que había visto esa tarde, pero sentía que era imposible. La rabia se mezclaba con el dolor y con la impotencia de no poder hacer nada.  Nancy tenía cincuenta años, trabajaba en una panadería haciendo pan, para ella era el mejor pan de la ciudad. Toda la vida había trabajado en la misma panadería era como de la familia, pero ella se sentía sola, no tenía hermanos y sus padres habían fallecido hacía bastantes años.

Su cuerpo era dentro de lo que ella denominaba normal, era más bien baja de estatura y con algunos kilos de más, era imposible resistirse a comer bocados y pastas en el trabajo. Había dedicado su vida a amar, cuidar y complacer a Jesús, incluso en la decisión de no tener hijos, para tenerse siempre el uno al otro. Saltaron lágrimas de sus ojos y sus puños se encogieron con fuerza demostrando indignación.

Después de secar su rostro y adoptar una conducta más tranquila pensó que no tenía nada que perder, porque lo único que había tenido en su vida, ya no era de ella. Se levantó,  retocó su maquillaje y salió de casa.

No iba a volver a enamorarme, era demasiado daño el que sentía, pero tampoco me voy a hundir sola, voy a caer muy bajo pero dos personas caerán conmigo, fue el pensamiento en su mente que despertó el odio que había acumulado, eran señales que había evitado pero que todo el tiempo le habían indicado que acabara con todo de una vez, que las personas cometen errores y que se arrepentirán de ello.

No quería conducir así que tomó un taxi.

– Al centro por favor- dijo subiendo al coche  sin mirar al chófer.

Al bajarse se dirigió a la calle central, dónde se alojaban la mayoría de las tiendas,  buscaba una en particular, cielo azul era su nombre, era una tienda de accesorios y ropa de bebé.

Al entrar por la puerta,  los ojos de la dependienta demostraron sorpresa, justo lo que Nancy  buscaba.

– Hola Soy Nancy- dijo con un tono seguro y con los ojos mirando fijamente a Diana, la dependienta.

El establecimiento estaba vacío, era la oportunidad perfecta de completar el plan.

– Sé quién eres, ¿qué buscas?-

Nancy se acercó lentamente sin dejar de mirarla y cuando la tubo tan cerca, como cuando su marido la abrazaba, le  introdujo un cuchillo en el abdomen derecho, con más fuerza se desquitó y propició otro cerca del hígado, y así hasta cerca de veinte puñaladas, desatando una furia incontrolable, una fuerza que no sabía de dónde salía pero que le daba la energía suficiente para seguir y seguir.  Estaba fuera de sí, no pensaba en nada, no veía nada. Las imágenes que aquella tarde la acechaban habían desaparecido.

Nancy salió del local número tres, Cielo Azul, teñida de rojo. Se sentó en la puerta, estiró su brazo y a la altura del codo realizó un corte profundo desangrándose en pocos minutos.  En su bolsillo había una nota que decía:

Yo ya no tengo nada que perder, porque lo único que tuve en la vida ya no era mío, Jesús eres un asesino. 

 

cropped-images9.jpg           20 puñaladas

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Relato breve.

07/07/2014

¡Mente y corazón!

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A dónde tu vayas yo voy.  Pero te digo una cosa, yo no quiero morir.

A dónde tu vayas yo voy. Pero te digo una cosa, yo no quiero morir.

 

…Y te digo una cosa: Yo no quiero morir…

Su cabeza se nublaba, cada vez que miraba hacia abajo se le revolvía el estómago; era el piso número once, mucha altura, pensó.

No había alternativa, no encontraba solución, toda una vida de sacrificios, trabajo duro, aguantando todo, siendo fuerte, sobreviviendo, para acabar así: en su balcón mirando hacia abajo con un pie afuera y otro dentro. Parecía como si sus piernas se comunicaran entre ellas; la que estaba al borde del abismo insistía que era lo mejor, porque ya no quedaban sueños ni esperanza, éstos habían sido robados, ultrajados y tirados por un precipicio. Tal como Mercedes haría para acabar con esta agonía que la quemaba por dentro. Pero la pierna que se encontraba dentro de su casa, si es que todavía podía llamarlo así, le decía que hay que continuar, empezar de cero si es necesario.

En esos momentos Mercedes pensaba, ¿quién valora lo que es justo y lo que no?, ¿Cómo llegamos a sentirnos así, tan humillados, sin sueños, desmotivados y sin ganas de vivir?

-Me  estoy muriendo, cada día, lentamente. No puedo hacer frente a mi desdicha; estoy tan triste, y tan avergonzada de haber acabado de esta manera- palabras que rondaban su cabeza.

-Luché hasta donde pude, lo di todo de mí. ¿Qué pasó?, no lo entiendo. Tantos valores para terminar así, escuchando a mis piernas debatirse la vida o la muerte, o mejor  dicho la calle o la calle. Porque lo que es mío, ahora no era mío.  No tengo opción a elegir, ya no tengo sueños, ya casi no respiro- Se lamentaba mientras seguía con la mirada hacia la carretera que discurría por debajo de su piso.

Mientras el debate llegaba a su fin, con una conclusión firme, Mercedes escuchó un ruido, comenzó a temblar.

– ¡Oh no! por favor, no lo hagas, encontraremos una solución-

– Ya no hay solución, lo sabemos. Yo ya no tengo fuerzas, para luchar en la calle. Me arrebatan lo único que tengo, ¡un techo! No tengo ni para remedios a veces, pero me sentía segura aquí, por lo menos tenía refugio, un resguardo, un espacio. Ahora ya no me queda nada-

– Sí que te queda, tienes mi apoyo y mi fuerza. Ten fe, que en el fondo de mí sé que se solucionará-

– Faltan minutos para que lleguen, no quiero que nada lo interrumpa, por favor déjame tranquila-

– No puedo irme estoy contigo en esto, sabes que somos inseparables, a dónde tu vayas yo voy.  Pero te digo una cosa, yo no quiero morir. Tú tienes el poder, porque puedes hacer mover a tus piernas, para que se coloquen dentro, así luchamos contra todo, o simplemente para que se dejen caer al vacío y rendirse. Yo simplemente te acompaño. Recuerda que yo soy el que más ha sufrido en todo esto y aún así tengo esperanza y quiero vivir.

– Yo también sufro, qué te crees, cada vez que llegan las facturas, las notificaciones, las amenazas. Pienso, pienso, pienso, ¿cómo lo hago?, ¿cómo salgo de esta situación?-

-Somos uno, sufrimos los dos, estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas contenta yo también.

– Sí,  lo sé, pero claro está, si tomas una decisión así de importante, has de hacerla con la cabeza, no con el corazón, y no es que te quiera dejar afuera-

Tocan la puerta. Se escucha una voz en tono grave y contundente.

-Policía señora, tenemos una orden de desahucio. Deberá abandonar la vivienda en este momento, por favor; abra la puerta-

El estruendo que causó el impacto del cuerpo contra el suelo se escuchó desde la siguiente manzana, la sangre se convertía lentamente en un pequeño río que bajaba hacía la carretera principal.

Era tarde para solucionarlo,  Mercedes ya había decidido. Al asomarse el policía por el balcón, después de haber derribado la puerta, su rostro se descompuso tanto como su cuerpo,  fue una cara de frustración, de pena y remordimiento, sin darse cuenta se sentía culpable de estar en ese momento y de no poder haber hecho algo para salvar a esa mente equivocada y a ese corazón abatido ante la rotunda decisión.

Dedicado a toda la gente que ahora mismo se encuentra en esa situación. Que no sabe qué hacer y ve que la única alternativa es desaparecer de este mundo.

Yo te digo que hagas caso a tu corazón y no a tu cabeza.

 

Estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas feliz yo también.

Estamos conectados, si tienes miedo yo también, si estas feliz yo también.

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Relato breve.

04/07/2014

Secuestradas

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No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas ni noches, es como estar en tiempo muerto.

 

No entendía a donde estaba, me encontraba aturdida, perdida, me sentía inestable, las piernas me temblaban, el corazón me latía muy rápido.

Mire a mi alrededor y estaba todo casi oscuro, podía distinguir unas  vigas de madera que eran como columnas, tenían aspecto viejo y antiguo. Tardé varios segundos en reaccionar y darme cuenta que estaba con las manos y los pies atados, lo que recorrían mis muñecas eran trozos de cuerda de tendederos de ropa.

¡Oh dios!, ¿qué hago aquí?, ¿qué me pasó?- me pregunté una y otra vez.

Me dolía mucho la cabeza, sentía miedo de gritar, hasta de preguntar algo en voz baja por si se encontraba alguien allí,  observándome.

No había mucho por reconocer a mi alrededor, estaba sentada en una cama pequeña, sobre una manta que olía a humedad y a guardado, más bien todo el lugar olía a rancio.

Por lo menos estoy vestida, quiere decir que no me han violado, o al menos eso intento creer.

Vamos , trata de  recordar ¿qué estabas haciendo, cómo has terminado aquí?, me lo ordenaba a mi cerebro pero estaba tan confundida que no había respuesta, los ojos se me llenaron de lágrimas ante la impotencia, sentía miedo, y aunque en ese momento no lo hubiese reconocido estaba intrigada.

Traté de tranquilizarme y observar el máximo de cosas que pudiera, lo que sea, guardarlo en mi memoria y luego usarlo en contra del enfermo que me ha hecho esto, esto puede ayudarme a sobrevivir, esta historia ya la conozco, la he visto millones de veces en programas de televisión, leído en periódicos, y  novelas detectivescas, de secuestros y muertes. Claro, que no es lo mismo vivirlo en persona, en las películas siempre atrapan al malo y salvan a la chica. Ojalá fuera un mal sueño, hasta lo dejaría pasar si fuese  una broma.  Pero es real, tan real como la agonía de la incertidumbre y el miedo de saber más.

A mi lado hay una mesilla, parece de madera, en ella, hay un vaso grande  de plástico apoyado, es de CoKa Cola, alcanzo a ver sus letras blancas  grandes.

El silencio de la habitación me desespera, me pone nerviosa, me deja aún mas muda, mis cuerdas vocales están tensas casi que ni puedo tragar saliva.

 

-Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir-

Me quedé helada del pánico, el corazón me latía a mil por horas, y un calambre en mi estómago se desparramó por todo mi cuerpo. Ví una sombra acercarse, escuche unos pasos delicados, lentos, tenebrosos.

-¿Qué quieres de mí, qué me vas a hacer?- Alcancé a decir con un hilo de voz.

Soy Lina, me recuerdas a mí el día que llegué, estaba tan confundida y asustada.

-Déjame ir por favor, haré lo que me pidas-

-Yo no te traje aquí, hace tanto que no hablo con nadie-

¿A ti también te tienen secuestrada? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Quién nos tiene encerradas?

Tranquila, te desataré así estas más cómoda, ¿puedo?- me preguntó mientras se acercaba a mí.

Me tomó las manos con suavidad y comenzó a desatar el nudo que las rodeaba, las tenía doloridas, de tanto forcejear con ellas para desatarme sola.

No sé, si confiar en lo que me dice, ¿y si es ella quién me tiene encerrada? Al fin y al cabo no recuerdo nada de cómo llegué aquí, me siento como en una de esas noches de borrachera, que bebes sin parar y ni recuerdas cómo llegaste a casa al otro día, presa del malestar estomacal y anímico.

Me desató los pies con la misma suavidad, tenía un aspecto gélido, estaba delgada, desarreglada, más bien olía a sudor, su cabello era rubio y lleno de risos, entremezclados con suciedad, se notaba que esa melena llevaba tiempo sin pasar por una limpieza.

 

-No tengo noción del tiempo, ya no cuento ni días, ni horas, ni mañanas,  ni noches, es como estar en tiempo muerto, sólo sé, que me llamo Lina, ¿y tú?-

-Me llamo Pandora, estoy muy mareada-

Los ojos se me cerraban de a ratos y todo me daba vueltas.

-Será mejor que descanses ya tendremos tiempo de hablar, si aquí lo que sobra es tiempo-

Sus brazos me taparon con la manta que había en la cama y su mano me acarició la cara, me sentía incómoda pero no podía reaccionar, estaba débil, sin fuerza, tal vez drogada porque no podía ni pestañar, caí en un sueño profundo con la esperanza de despertar en casa, en mi sofá color rojo…

 

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

Al principio es duro, pero ya te acostumbraras, pierdes el interés en la vida y tú único objetivo luego será morir.

 

 

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